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Por
Jorge Valdano*. Más allá del talento El triunfo más importante es el que está
por venir y no el que se acaba de conseguir.
Una cortesía de

*Jorge Valdano es presidente y fundador de Makeateam, consultora
especializada en liderazgo y trabajo en equipo. Como disertante, brinda
conferencias aplicando su experiencia deportiva al ámbito empresarial. Valdano
fue jugador de fútbol de Newell’s Old Boys, Alavés, Zaragoza y Real Madrid.
También integró la Selección Argentina que ganó la Copa del Mundo en México 86.
Como entrenador, dirigió al Tenerife, al Real Madrid y al Valencia. Valdano ha
sido colaborador de diversos medios como El País, Marca, Cadena Ser y Telemadrid.
Además, es autor de varios libros entre los que se destacan “Sueños de fútbol”,
junto a Carmelo Martín, y “Liderazgo”, junto a Juan Mateo.
Así como en la empresa no basta ocupar el puesto de director para ser un
genuino líder –en todo caso, la mera jerarquía sólo le da a uno el status de
jefe-, en el deporte no basta ser una superestrella para ser el líder del
equipo. Acaso, el mejor ejemplo de una persona que haya conjuntado el papel de
superestrella y líder sea el de Michael Jordan. Es muy difícil encontrar a lo
largo del siglo pasado un hombre que le haya dado tanto al deporte como Jordan;
hizo hazañas para el baloncesto, e hizo hazañas para su equipo. También creo
firmemente que este tipo de individuos hacen mejor a la humanidad, hacen mejor
al hombre. Tener como compañero a Michael Jordan en un equipo es contar con una
ventaja competitiva indiscutible; cuando el equipo más lo necesita, esta clase
de persona es capaz de asumir toda la responsabilidad. Los adversarios se
convierten en seres inferiores; los compañeros del equipo parecen desaparecer de
la cancha, y es ahí, en la cancha, donde estos “cracks” desdoblan su gran
protagonismo. El lado negativo es que los personajes de estas características
terminan teniendo tanto relieve en un equipo que terminan bloqueando el
desarrollo de los demás actores. A la larga, sus ausencias provocan una
sensación de desamparo indiscutible en el equipo. Yo siempre digo que he jugado
con Jordan. Lo que pasa es que el mío era bajito, gordo, de acento ridículo y se
hace llamar Diego Maradona. Diego producía un efecto parecido al que producía
Jordan; uno dormía la noche anterior mucho más tranquilo sabiendo que tenía a
Diego de su lado. El problema es que contar con personas como Maradona todo el
tiempo resulta imposible. Es necesario estructurar soluciones colectivas que
lleven a una organización hacia la excelencia sin necesitar de un genio capaz de
solucionar todos los problemas. ¿Dónde buscar estas soluciones? En el “antes”,
en la cultura corporativa; en el “durante”, en el estado de ánimo, y en el
“después”, en la visión, o para ponerlo de una manera más romántica, en los
sueños.
Ganar es una obligación La cultura corporativa es el conjunto de valores que
caracteriza a una empresa y que le da una ventaja competitiva que la hace
diferente. Yo llegué al Real Madrid cuando tenía prácticamente 30 años. Llegaba
a un equipo mítico, al que yo había idealizado y, sin embargo, no había nada a
mi llegada que me hiciera sentir que estaba en un club especial. Poco a poco, a
medida que yo iba conviviendo con mis compañeros iba entendiendo que aquellos
mensajes no se parecían en nada a los que yo había oído en otros vestidores a lo
largo de mi carrera deportiva. Ahí estaba la resistencia a la derrota, la
búsqueda de la excelencia, la necesidad de alcanzar siempre el liderazgo y, por
supuesto, estaba la ética ganadora que ha caracterizado al Real Madrid. Y no era
nada elaborado, eran comentarios casuales que uno recogía en el vestuario y que
llevaba la exigencia hasta distancia superiores. Recuerdo que el primer año me
tocó ganar la copa de la UEFA, era el primer gran título que yo ganaba en el
Real Madrid. Cuando terminó el partido, el capitán del equipo, José Antonio
Camacho, levantó una copa de champagne y dijo: “por el campeonato que vamos a
ganar el año que viene, porque este año ya se terminó.” Me quedé estupefacto.
Era el primer año que yo ganaba algo y no lo podía festejar porque así es en el
Real Madrid: ganar es obligatorio, y por tanto, conviene entender que el triunfo
más importante es el que está por venir, y no el que acabamos de conseguir.
La cultura corporativa depende de personajes esenciales. En el Real Madrid
por ejemplo, Santiago Bernabeu lo fue en lo institucional, y Alfredo Di Stefano
lo fue en lo deportivo. En una época donde España estaba en decadencia y el
futbol era un fenómeno social emergente, a Santiago Bernabeu se le ocurrió hacer
un estadio para 120,000 personas; lo que parecía un delirio en ese entonces.
Luego tuvo la brillante idea de traer a Di Stefano y el estadio se llenó. Como
era un negocio rentable, el Real Madrid alcanzó un nivel empresarial que le
permitió posicionarse como el mejor club del siglo XX. Estas visiones no deben
durar toda la vida. Ahora hay un nuevo presidente del club que tiene la
capacidad de ver las cosas antes de los demás, y así como Santiago Bernabeu
entendió que el estadio (que ahora lleva su nombre) era la solución a los
problemas económicos del club, Florentino Pérez, actual presidente, comprende
que ahora el estadio es el mundo entero. La capacidad de seducir ya no se limita
a las gradas ni a España; ahora hay que fascinar a los espectadores de todo el
orbe. Por ello, la estrategia es contratar a grandísimos jugadores que
posicionen al real Madrid como una empresa de contenido, por decirlo de algún
modo. El futbol es ya parte importante de la industria del ocio y en
consecuencia es vital que el Real Madrid de posicione empresarialmente como uno
de los mayores equipos de futbol. La manera: atraer espectadores que decidan
prender la televisión para ver jugar al Real, semana a semana. Quizá algún día
podamos ver un canal de televisión por cable dedicado exclusivamente a la
cobertura del Real Madrid. Eso permite tener un nivel económico que supera en
eficacia a cualquier otro equipo del mundo.
Si me piden hacer una definición de la palabra equipo, yo diría que es
fundamentalmente un estado de animo. El estado de ánimo proyectado en una
persona puede convertir a la misma en mediocre o en excelente. Si una persona es
insegura, si no tiene respaldo, si no se siente eficaz en el desarrollo de su
trabajo, muy probablemente su rendimiento no pase de la mediocridad. La manera
de llegar a la excelencia es que la persona tenga la confianza de sus
superiores, despierte confianza en las personas que trabajan con él, y sienta
que su trabajo resulta eficaz. Esto en el futbol se ejemplifica mejor que en
cualquier otra situación. En esta temporada 2004, el Real Madrid fue excelente
mientras le duró la confianza; cuando la perdió, el equipo se volvió mediocre, a
pesar de contar con los mejores jugadores del mundo. Existen muchos elementos
que influyen en el estado de ánimo de la gente. El sentirse importante es uno de
ellos; saber por qué se hacen las cosas es sin duda otro de los elementos que
tienen peso día a día. Pero hay otro elemento de suma importancia: la búsqueda
de talento es algo que resulta esencial para el desarrollo de un equipo. Si
elegimos a la persona justa para ocupar la posición justa, muchísimos de los
problemas diarios que afligen a un equipo quedan resueltos de raíz. El talento
necesita confianza. El talento necesita de libertad (aunque no todos necesitamos
la misma libertad). El talento necesita de otros talentos. El talento crece con
las dificultades que se va encontrando. Todos nacemos con la predisposición para
una determinada función dentro de una organización y conocerla es la obligación
de un líder. Por lo tanto, seleccionar perfectamente a nuestra gente es el
primer paso para que una organización funcione a la perfección. El último
escalón que le da el sentido a un equipo son los sueños: el gran motor de la
motivación. Yo era uno de esos jugadores de futbol que en los entrenamientos
llegaba una hora antes y se iba una hora después, e intentaba generar la
voluntad para tratar de superar las carencias naturales que tenía. A lo largo de
mi vida jugué en segunda división y después jugué una promoción para no bajar a
tercera. Con el paso del tiempo tuve el honor de estar en el Real Madrid y de
vestir la camiseta de la selección de Argentina. Siempre soñé con jugar en la
selección de mi país, meter un gol importante para mi selección y ser
protagonista de la maravillosa historia del futbol. Ahora, cuando uno piensa que
los sueños están cerca, a veces surgen situaciones salvajes que te pueden quitar
la ilusión. Cuando fallé en la semifinal del mundial México 86, ninguna, de
todas las personas que estaban en el vestidor me dio ánimos. Cómo me hubiera
gustado que una de esas personas me hubiera dado la confianza que en ese momento
tanto necesitaba para salir de la frustración, por eso la importancia de darle
la confianza a la persona que la necesita.
Necesidades terapeúticas Un líder efectivo debe ser un terapeuta, alguien que
indica el tratamiento adecuado para suavizar resolver los males que nos aquejan.
Alguien que diagnostica, pronostica, propone un tratamiento y controla el
proceso de curación hasta su finalización. El gran problema es que hay líderes
que en vez de “regenerar” las situaciones hacen que las cosas se compliquen cada
vez más y, de esa forma, no sólo son generadores de conflictos o problemas, sino
“degeneradores” de los que ya existen. Hay jugadores que le han pedido a su
entrenador que no compartiera con ellos el vestuario antes del partido porque
les traslada su ansiedad. También está el entrenador que, conociéndose a sí
mismo, evita tener con los jugadores una relación que no sea estrictamente
profesional, para evitar malos entendidos, roces y compromisos personales que
faciliten las injusticias. Es que un conflicto se parece siempre a las personas
que lo encarnan. Juanito, jugador excepcional y hombre entrañable, tenía
reacciones incontrolables que, en momentos de gran tensión, provocaban un
descalabro emocional. Todo esto a pesar de su permanente propósito de cambio. La
suma de todos los conflictos de los que fue protagonista a lo largo de su
carrera es posible que no sumara más de un minuto, pero sus efectos marcaron su
vida como futbolista. Maradona pasó del Nápoles al Sevilla al final de su vida
profesional. Lo hizo, entre otras cosas, para lograr un poco más de
tranquilidad. No había entendido todavía que la “intranquilidad” no dependía de
la ciudad que eligiera para vivir, sino de su presencia en esa ciudad. Las
trayectorias de Juanito y Maradona, dos hombres de alto perfil que tuvieron,
muchas veces, la osadía de desafiar al poder establecido, nos deja una
evidencia: por muy lejos que pretendamos escapar nos van ocurriendo cosas que se
parecen a nosotros. Concluyo con tres elogios a lo que nos lleva a ser un gran
equipo, una gran organización: Primero. Un elogio al sueño, por ser el motor de
la motivación. Segundo. Un elogio al error, ya que éste nos da tiempo para
pensar y poder corregir lo que está mal. Tercero. Un elogio al afecto, ya que
este te da la confianza que necesitas en momentos importantes.

Valdano Jorge, "Más allá del Talento", (texto resumido del evento
Expomanagement 2004), 2004
http://www.intermanagers.com.mx/ver/notascab.jsp?id=2044
6 de agosto de 2004
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