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México según Krugman La globalización es injusta por naturaleza, y México ha sido una víctima clara de esta dinámica. Por Paul Krugman* Durante más de un año, entre 1982 y 1983, trabajé en el gobierno norteamericano a manera de asesor. La primera pregunta que mi jefe me hizo fue la siguiente: ¿qué posibilidades hay de que la crisis de México lleve a una crisis financiera mundial? México estaba precisamente en el centro de los eventos. Una semana más tarde leí mi primer reporte clasificado secreto, que era un documento de la CIA relacionado con México. Se trataba de una serie de advertencias donde se estipulaba que el país pasaba por una crisis económica y que esto podría llevar a levantamientos e inestabilidad política. El riesgo mayor, claro, era que el país pudiera de alguna manera darle la espalda a la economía global. Todo esto, obvio, no pasó de ser mera especulación. En gran medida, la historia de México dentro de una economía global es una historia de estabilidad a largo plazo, así como de una gran cantidad de reformas. A partir de 1982, México se abrió realmente a la economía mundial. Se presentó la liberalización del comercio, la privatización, la liberalización de la propiedad extranjera, y una apertura a la economía mundial que culminaría, años más tarde, con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. En el camino se presentó otra crisis financiera. México rebotó de ésta rápidamente y logró una recuperación rápida y efectiva. Ahora bien, ¿cuáles fueron los resultados de todo esto? ¿Dónde nos encontramos actualmente? La pregunta que realmente tenemos que hacernos es por qué no han sido mejores los resultados. Yo no quiero decir que México presente un mal resultado, porque esta postura sería incorrecta. La frase correcta sería la que recientemente vi en un análisis económico: “México tiene un diseño que dista de ser estelar, o sea, la economía no se ha comportado como todos hubiésemos esperado y precisamente esto constituye una decepción.” México ha logrado participar dentro de la globalización. Es sorprendente ver cómo ha cambiado la economía, de un modelo cerrado a uno abierto. México ha podido recuperarse de dos crisis financieras muy serias, con una mejor democracia y con una economía operando razonablemente bien. Sin embargo, las promesas de que México iba a experimentar un avance sustancial y un progreso deslumbrante, pues sencillamente no se han cumplido. Peor aún, no hay muchas señales que permitan anticipar que México vaya a despegar y obtener buenas cifras de crecimiento. Así que la pregunta es: ¿qué es lo que ha sucedido en México y en la economía global que nos ha llevado a esta decepción? Y por supuesto: ¿qué es lo que podemos hacer al respecto? Muchos analistas en la prensa señalan que una de las razones por las que México no ha despegado es China. Y hay cierta verdad en ello, pero no tanta verdad como la gente quiere creer. Por decirlo de alguna manera, China y México no están en el mismo negocio. La ventaja de México no es la mano de obra barata. Quizá lo fue hace algunos años, pero ya no lo es ni lo podrá volver a ser. Uno debe concebir a México como un país de ingreso medio con una gran ventaja: su situación geográfica. México es el único país de bajo ingreso que es frontera con Estados Unidos y cuenta con transporte terrestre a ese país; se trata precisamente de un sitio natural para producir, que se beneficia de un costo bajo de mano de obra, pero que a la vez necesita estar cerca del nivel productivo de los Estados Unidos. Esa es la ventaja que México debe aprovechar. Causas estructurales Ahora bien, hay otras razones más estructurales que impiden que México experimente un despegue económico formal. La educación, por ejemplo. La infraestructura educativa es muy desigual y es un lastre importante en el crecimiento. Otro factor son las instituciones políticas; casi todos comparten la opinión de que la incapacidad de las instituciones políticas para crear un estado de derecho sólido es un obstáculo para México. ¿Cómo confiar en un país donde la ley a veces no vale, donde los contratos no son respetados ni hay certezas jurídicas? Las partes más pobres de México siguen siendo pobres precisamente porque no tienen la misma calidad en las instituciones que otras regiones más acaudaladas. México no es la única decepción. Hay varios ejemplos de países que no han tenido los resultados esperados, en términos de haber generado unas expectativas muy altas que nunca se cumplieron. Argentina, ciertamente, sería un ejemplo extremo. ¿Qué le pasó a estos países latinoamericanos que abrieron sus mercados valientemente? La respuesta es que la globalización es, por naturaleza, injusta. Todavía estoy a favor de la globalización. Me parece que sería una tragedia si nosotros le diéramos la espalda a la posibilidad de un mercado global, pero todavía tenemos que aprender una lección difícil: el mercado global crea oportunidades para un buen desempeño económico, pero no se las ofrece a cualquier país que esté dispuesto a ser parte de este mercado. De muy poco sirve que un país se abra al exterior si sus instituciones y políticas no le permiten realmente aprovechar todas las posibilidades. Cuando analizamos las grandes historias de éxito de la globalización, pocas veces reparamos en todo lo que se ha hecho en términos de política interna. Y es esa fortaleza institucional lo que hace la diferencia, no tanto el modelo liberal. El dilema de privatizar Otro de los factores que impiden el desarrollo en México es la carencia de una infraestructura eficiente. Y eso es un problema que va a resolverse en varias décadas. No se trata de creer que una privatización desmesurada de los servicios públicos es suficiente para resolver el problema. Si analizamos, por ejemplo, el curso que han seguido las privatizaciones de la energía eléctrica en el mundo, podemos deducir que los particulares no necesariamente se desempeñan bien en sectores donde la competencia es difícil de equilibrar, como el sector eléctrico. Del fiasco argentino al triste papel de Enron en la crisis energética de California, es evidente que la privatización puede dar lugar a muchos abusos y riesgos. Por tanto, a contracorriente de lo que muchos sostienen, yo no creo que México deba lanzarse a privatizar la energía eléctrica. El camino, eso sí, pasa por apuntar programas sociales que resguarden a la gente, que garanticen mínimos de salud y educación. Para finalizar, quisiera reflexionar sobre cómo ven a México desde Estados Unidos. Actualmente, en Estados Unidos existe un debate en torno a la creciente importancia demográfica y cultural que están alcanzando en regiones como California, donde su predominancia ya es indiscutible. Existe una corriente de pensamiento, marcada por el pensamiento de personas como Samuel Huntington, que ven a los mexicanos como un peligro sociocultural que amenaza la cultura estadounidense. Me parece que estos grupos están equivocados y rayan en lo racista. Estados Unidos es un país de inmigrantes. Todas las camadas de inmigrantes han batallado, en un inicio, por ser aceptadas; una vez que lo logran, contribuyen enormemente a Estados Unidos. Estoy seguro que los mexicanos no serán la excepción. PRÍNCIPE DE ASTURIAS *Paul Krugman es uno de los más respetados economistas de la actualidad. Actualmente es profesor de Economía en el MIT. En 1991 recibió su mayor logro profesional, el John Bates Clark Medal, premio otorgado cada dos años por la American Economic Association al mejor economista americano de menos de 40 años. Escribió y editó más de 18 libros y cientos de artículos en los principales medios de comunicación del mundo. La mayoría de ellos son acerca de tendencias económicas y finanzas internacionales. Más allá del reconocimiento de sus colegas, Paul Krugman es conocido fuera del ámbito de los economistas por la publicación de su libro The Age of Diminished Expectations. Recientemente fue galardonado con el premio Príncipe de Asturias 2004.
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