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A.                 La Administración en la Edad Moderna

En el tiempo comprendido entre la Antigüedad y el inicio de la Edad Moderna, la filosofía se dirigió hacia una variedad de preocupaciones que nada tenían que ver con los problemas administrativos.

1.                  Los filósofos modernos

Sólo a partir de Francis Bacon  (1561-1626), filósofo y estadista inglés, considerado el fundador de la lógica moderna, basada en el método experimental e inductivo, vamos a encontrar alguna preocupación práctica por separar, experimentalmente, lo esencial de lo accidental o accesorio. Bacon se anticipó al principio conocido en administración como principio de la prevalencia de lo principal sobre lo accesorio.

No obstante, el mayor exponente de la época fue René Descartes  (1596-1650), filósofo, matemático y físico francés, considerado el fundador de la filosofía moderna. Fue el creador de las famosas coordenadas cartesianas y le dio un impulso muy valioso a las matemáticas y a la geometría de la época. En filosofía se hizo celebre por su libro El discurso del método, donde describe los principales conceptos de su método filosófico, hoy denominado método cartesiano, cuyos principios son:

1.     principio de la duda metódica o de la certeza: consiste en no aceptar como verdadera cosa alguna, mientras no se sepa con certeza –o sea clara y nítidamente- aquello que es realmente verdadero. Con esta duda metódica se evita el prejuicio y la superficialidad, aceptándose sólo como cierto aquello que sea evidente;

2.     principio del análisis por descomposición: Consiste en dividir y descomponer cada dificultad o problema en tantas partes como sea posible y necesario para su mejor adecuación y solución y resolverlas cada una independientemente;

3.     principio de la síntesis por composición: se fundamenta en el hecho de conducir ordenadamente nuestros pensamientos y nuestro raciocinio, comenzando por los objetivos y asuntos más fáciles y simples de conocer, para encaminarnos gradualmente a los más difíciles;

4.     principio de la enumeración (revisión general) o de la verificación: consiste en hacer, en todo, recuentos, verificaciones y revisiones tan generales, de manera que nos quede la seguridad de que nada se ha omitido o dejado de lado.

Tomas Hobbes  (1588-1679) desarrolló una teoría del origen contractualista del Estado, según la cual el hombre primitivo que vivía en estado salvaje, pasó lentamente a la vida social mediante un pacto entre todos. Más aún “el hombre es un lobo para el hombre”, o sea que el hombre primitivo era un ser antisocial por definición, y vivía en guerra permanentemente con sus vecinos. El Estado vendría a ser, por tanto, la resultante inevitable de dicha situación, para imponer el orden y la organización en la vida social, a la manera de un Levitán. El Estado, a medida que crece, presenta las dimensiones de un dinosaurio, amenazando la libertad de todos los individuos.

Jean-Jacques Rousseau  (1712-1778) desarrolló la teoría del contrato social: el Estado surge de un acuerdo de voluntades. Rousseau imagina una convivencia individualista, en la cual los hombres comparten cordial y pacíficamente, sin fricciones con sus semejantes. Sin embargo, si el hombre es por naturaleza bueno y afable, la vida en sociedad lo corrompe[1].

Karl Marx (1818-1883) y su socio Friedrich Engels (1820-1895) proponen una teoría del origen económico del Estado. El surgimiento del poder político y del Estado no es más que el fruto de la dominación económica del hombre por el hombre. El Estado se convierte en un orden coercitivo, impuesto por una clase social explotadora. En el Manifiesto comunista, afirman que la historia de la humanidad fue siempre la historia de la lucha de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, nobles y siervos, maestros y artesanos, en una palabra explotadores y explotados, siempre mantuvieron una lucha, a veces oculta, a veces patente. Marx sostiene que todos los fenómenos históricos son el producto de las relaciones económicas entre los hombres. El marxismo fue la primera ideología en preconizar el estudio de las leyes objetivas del desarrollo económico de la sociedad, en oposición a los ideales metafísicos.

Con el surgimiento de la filosofía moderna, la administración deja de recibir contribuciones e influencias de tipo filosófico puesto que el objeto de estudio de la filosofía se aleja enormemente de los problemas organizacionales[2].

2.                  Los cameralistas germanos y austríacos

Estudios realizados por grupos de profesores y administradores públicos germanos y austríacos (1550-1760) que concluyeron con la escuela cameralista (coincidieron con el Estado centralizado de Federico Guillermo de Prusia (1713-1740) y de Ma. Teresa de Austria (1740-1789) y se interesaron en asuntos económicos muy vinculados en pensamiento con el mercantilismo británico y con los fisiócratas franceses, que auspiciaban a un Estado rico, pero los cuales proponían reformas; también apoyaron la sistematización de la administración pública.

Como dijo Ludewing en 1727, el cameralismo  era una tecnología administrativa sobre aspectos de administración financiera y agrícola.

Johann Vin Justi apunta: La gran administración estatal descansa virtualmente en las mismas reglas que otras administraciones deben observar. En ambas empresas el propósito último es obtener los medios para asegurar lo que se le ha logrado, y usar razonablemente esos bienes poseídos. La administración interna del Estado es de mayor importancia y exclusión que aquella de una persona privada.

La labor de los cameralistas tuvo gran importancia por lo que se logró mejorar los sistemas administrativos, aunque su doctrina tuvo aplicación sólo en Rusia y en Austria.

3.                  Teoría de Montesquieu

Carlos Sécondat Montesquieu (1689-1755), con sus teorías del pensamiento administrativo, tuvo gran influencia en la administración pública moderna para la división de los órganos del Estado y en grado menor para la separación funcional de actividades en las empresas privadas.

Montesquieu inspiró su Teoría en las experiencias del Imperio Romano y en la Construcción de Inglaterra. Estableció que el estado tiene tres clases de organismos: Legislativo, Ejecutivo y Judicial (que llama el "poder ejecutivo de las cosas que dependen del derecho civil").

El poder Legislativo es el que hace las Leyes o deroga las existentes, el Ejecutivo tiene la responsabilidad de aplicará y el Judicial castiga los delitos y tiene a su cargo la interpretación de las diferencias entre las personas.

La importancia de separar los órganos del Estado, la sintetiza: La libertad de un ciudadano es la tranquilidad de espíritu que proviene de la confianza que tiene cada uno en su seguridad; para que esta libertad exista es necesario un gobierno tal, que ningún ciudadano pueda temer de otro. Cuando el poder legislativo o el poder Ejecutivo se reúne en la misma persona o en el mismo cuerpo, no hay libertad; falta confianza por el temor de que el monarca o el Senado hagan leyes tiránicas y las ejecutan ellos mismos tiránicamente. No hay libertad si el poder de juzgar no está separado del poder Legislativo se podría disponer arbitrariamente de la libertad y de la vida del ciudadano; si el juez fuera el poder Ejecutivo tendría la fuerza de un opresor. Todo se habría perdido si el mismo hombre o la misma cooperación de próceres o la misma asamblea ejerciera los tres poderes.

Montequieu considero convenientemente que los miembros del poder Judicial fueran transitorios y salidos de lo "más popular" en tanto para los Poderes Legislativo y Ejecutivo podrían ser permanentes "porque no ejercen particularmente contra persona alguna". A pesar de ello lo fundamental de su Teoría de la separación funcional se mantiene actualmente, sin embargo, lo más importante es, no la separación sino la coherencia de sus funciones para que el Estado actúe con unidad.

La teoría funcionalista ha influido también para que en la empresa privada de ciertas características, como las sociedades anónimas, las de responsabilidad limitada etc., haya un cierto deslinde de funciones. Así las determinativas o legislativas, por delegación de la asamblea general de accionistas se conceden a la junta directiva; las ejecutivas aplicativas, o administrativas a la gerencia y las interpretativas o judiciales internas son ejercidas por órganos especiales o en parte por los otros dos ya que en el sector privado no hay esta división relativa de esas funciones como en el sector público.

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Fuentes:


[1]     Chiavenato Idalberto, op. cit., pp. 29-31.

[2]     Chiavenato Idalberto, op. cit. p. 32.

 

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Revisado: Thursday, 24 de July de 2014 03:32 AM