Saul Mendoza Hernández.
Ejemplo para los deportistas de la UAEM
UAEM-Revista Futuro Septiembre de 2005. Pág. 39.
Saúl Mendoza Hernández, una de las personalidades destacadas del deporte
mexicano, nació el 6 de enero de 1967 en el Distrito Federal. Su carrera como
atleta comenzó a los 13 años en el Club Unión Independiente del Estado de
México. Estudió Ciencias Industriales en la Universidad Autónoma Metropolitana,
conocimientos que aplica en el diseño y mejoramiento de sillas de ruedas que
utilizan los atletas paralímpicos.
Tras haber participado en las competencias de Seúl 88, Barcelona 92, Atlanta
96 y Sidney 2000, Atenas 2004 fue su quinta participación en Juegos Paralímpicos.
Fue medallista en todos, excepto en Barcelona. Además, es becario de la CONADE,
por el Gobierno del Estado de México y es especialista en 800m, 1500m, 5000m,
4x400m y maratón. Actualmente vive en Texas, Estados Unidos, pero siempre
representa al Estado de México.
Debido a todo ello y a su gran calidad humana, la Universidad Autónoma del
Estado de México invitó a Saúl Mendoza para inaugurar la rampa de acceso
especial al edificio administrativo de la Facultad de Arquitectura y Diseño, el
pasado 8 de junio, donde reconoció que estas adecuaciones expresan el cambio
social buscado por las personas con inhabilidad física. Asimismo, ofreció una
conferencia titulada “La discapacidad no nos limita”, de la cual presentamos los
temas centrales.
Una rampa significa mucho para una persona sobre silla de ruedas, pareciera
que fuera la puerta hacia el cielo, la independencia; la salida o entrada que
todo mundo busca encontrar, el camino a la excelencia y la superación; un
sendero arduo, solitario, de sacrificio diario, de entrenamiento, como lo hace
un atleta de alto nivel y un estudiante universitario, con el fin de llegar a lo
más alto de la montaña: el éxito. Con este tipo de acciones nada es imposible en
la actualidad, porque padecer una deshabilidad física en el siglo XXI se reduce
con la posibilidad de contar con varias alternativas, sobre todo de tipo
científico, que permiten desarrollar con normalidad las diversas actividades
cotidianas. Por ejemplo: las sillas de ruedas han evolucionado tanto gracias a
la tecnología; tengo una especial con la que puedo practicar otros deportes como
esquiar en nieve, en agua; jugar tenis, básquetbol; pasear en las montañas, y
nada me impide hacerlo.
Por otro lado, la accesibilidad se refleja en ese mismo sentido, es decir,
ser independiente es la mejor medalla de oro que pude haber ganado en mi vida,
transportarme en mi coche, con el apoyo de adaptaciones tecnológica, llegar a un
edificio público sin necesidad de esperar a que alguien me ayude; en fin,
valerme con mis propios medios es un triunfo.
No debemos olvidar que en tanto los arquitectos contribuyan a ganar estas
medallas, también creceremos en nuestro entorno social. Al respecto, las
instituciones educativas tiene la gran tarea de educar y generar una conciencia
ética y de inclusión.
En resumen, la idea que tengan para desarrollarse, realícenla, porque es más
barato ayudar a una persona con una diferencia física a integrarse a una
sociedad, que llevarle a su casa todas las cosas. Necesitamos aceptar nuestras
limitaciones y en esa medida crearemos una mejor humanidad.