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1. INTRODUCCIÓN:
Argentina
(república) (nombre oficial República Argentina), república federal situada en
el Cono Sur de Sudamérica, limita al norte con Bolivia, Paraguay y Brasil; al
este con Brasil, Uruguay y el océano Atlántico; al sur con Chile y el océano
Atlántico, y al oeste con Chile. El país ocupa la mayor parte de la porción
meridional del continente sudamericano y tiene una forma aproximadamente
triangular, con la base en el norte y el vértice en cabo Vírgenes, el punto
suroriental más extremo del continente sudamericano. De norte a sur, Argentina
tiene una longitud aproximada de 3.300 km, con una anchura máxima de unos 1.385
kilómetros.
Argentina
engloba parte del territorio de Tierra del Fuego, que comprende la mitad
oriental de la Isla Grande y una serie de islas adyacentes situadas al este,
entre ellas la isla de los Estados. El país tiene una superficie de 2.780.400
km² contando las islas Malvinas, otras islas dispersas por el Atlántico sur y
una parte de la Antártida. La costa argentina tiene 4.990 km de longitud. La
capital y mayor ciudad es Buenos Aires (capital federal), con una población de
2.965.403 habitantes en 1991. Si a ella le sumamos el área metropolitana, la
población ese mismo año era de 11.900.000 habitantes.
2.
TERRITORIO Y
RECURSOS
Argentina
abarca un territorio muy diversificado de montañas, mesetas y llanuras. Los
límites occidentales del país corren en gran parte por los Andes, el gran
sistema montañoso del continente sudamericano que, en numerosos tramos,
establece frontera con Chile. Los Andes patagónicos, que forman una frontera
natural entre ambos países, forman el sector más bajo de la cadena. Desde el
norte de esta sección hasta la frontera con Bolivia, la parte occidental de
Argentina está ocupada por la cordillera Principal andina, con una serie de
picos de altura superior a los 6.400 m. El mayor de todos, el Aconcagua (6.960
m), es el más alto del mundo fuera del sistema del Himalaya. Otros picos dignos
de mención son el nevado Ojos del Salado (6.880 m), el Tupungato (6.800 m) y el
Mercedario (6.770 m). Al este de los Andes se encuentran varios grupos
montañosos, como la cordillera Oriental y las sierras Subandinas al norte, las
sierras Pampeanas al norte y centro desde el Aconquija hasta las sierras de
Córdoba y San Luis, y sistemas serranos bonaerenses como el de Tandilia y el de
Ventania. Merecen especial atención las sierras de Córdoba, en el centro del
país; su pico más alto es el Champaquí (2.880 m).
Partiendo del sistema andino, hacia el este, el territorio de Argentina está
formado casi en su totalidad por una llanura plana o con suaves ondulaciones que
desciende gradualmente desde los 610 m hasta el nivel del mar. En el norte, las
llanuras argentinas ocupan la parte meridional de la región sudamericana
denominada el Chaco. La Pampa, vasta llanura sin zonas arbóreas autóctonas
(salvo los bosquecillos del anillo periférico), aunque forestada por el hombre,
engloba las regiones agrícolas más productivas del país y se extiende unos 1.600
km hacia el sur desde el Chaco. La Patagonia, al sur de la Pampa, está formada
por mesetas escalonadas, valles fluviales bajos, sierras y cañadones con
vegetación esteparia y población dispersa.
2.1.
Ríos y lagos Los
principales ríos de Argentina son el Paraná, que atraviesa la región
centro-septentrional del país; el Uruguay, que forma una parte de la frontera
con el país homónimo; el Paraguay, principal afluente del Paraná, y el Río
de la Plata, formado por la confluencia del Paraná con el Uruguay. El sistema
Paraná-Uruguay es navegable a lo largo de unos 3.200 kilómetros. Las
cataratas del Iguazú, uno de los más afamados puntos turísticos, se
encuentran en el río homónimo, el Iguazú, tributario del Paraná.
Otros ríos importantes son: el río Negro, con sus afluentes el
Limay y el Neuquén; el río Santa Cruz; el río Colorado; los ríos del oeste
cuyano (Mendoza, Tunuyán, Atuel, Diamante y San Juan) y, al norte, los ríos
Pilcomayo, Bermejo, Dulce y Salado. Entre el Salado y el Colorado, por el sur, y
la región del Chaco, por el norte, grandes ríos desembocan en salitrales y
pantanos, o desaparecen por infiltración. Argentina tiene, además, numerosos
lagos, especialmente en las estribaciones de los Andes patagónicos, como el
lago Argentino y el lago Viedma.
2.2.
Clima En
la mayor parte de Argentina prevalece el clima templado, salvo una pequeña zona
tropical en el Noreste, la región subtropical del Chaco en el norte y las zonas
frías del oeste andino y el sur patagónico. En los alrededores de Buenos Aires
la temperatura anual alcanza un promedio de 16,1 °C. Las temperaturas de
enero y julio en esta región tienen un promedio de 23,3 °C y 10 °C,
respectivamente. En San Miguel de Tucumán, la temperatura media de enero es de
26,1 °C y la de julio de 13,3 °C. En las cercanías del trópico de
Capricornio, al norte, las temperaturas son considerablemente superiores,
alcanzándose en ocasiones máximas de hasta 45 °C. Por lo general, el
clima es frío en las partes más altas de los Andes, en la Patagonia y en
Tierra del Fuego. En la parte oriental de la Patagonia, las temperaturas
invernales alcanzan un promedio de 0 °C. No obstante, en la mayoría de
las zonas costeras el mar ejerce una influencia moderadora sobre las
temperaturas.
Las precipitaciones en forma de lluvia se caracterizan por las
amplias variaciones regionales. En el extremo noreste se registran más de
1.520 mm, aunque las condiciones se van haciendo gradualmente semiáridas
hacia el sur y el oeste. En las cercanías de Buenos Aires, las precipitaciones
anuales alcanzan unos 950 mm. En San Miguel de Tucumán llegan
aproximadamente a los 970 mm; en cambio, al sur del río Colorado, y por
influencia de los vientos del oeste, las precipitaciones varían bruscamente de
los 4.000 o 3.000 mm en el este de los Andes patagónicos, a los 300 y
200 mm de las mesetas patagónicas.
2.3.
Recursos naturales
La
riqueza tradicional de la Argentina reside en los suelos de la Pampa húmeda y
de los valles y oasis en el oeste. Además, posee recursos energéticos
significativos: hidrocarburos, gas, uranio y recursos hidráulicos. También son
importantes los recursos oceánicos, mineros y forestales.
2.4.
Flora y fauna La
vegetación natural de Argentina varía enormemente en función de los
diferentes climas y regiones topográficas del país. En la cálida y húmeda
región del Noreste abunda la vegetación tropical, con árboles como la palmera,
el palo de rosa, el palosanto, la jacarandá, el quebracho colorado y el ceibo.
En la Pampa, las hierbas son la principal variedad de flora autóctona; en esta
región y en la mayor parte de la Patagonia prácticamente no existen árboles,
a excepción de variedades importadas resistentes a la sequía, como el
eucalipto, el sicomoro, el álamo y la acacia. En los Andes patagónicos existen
densos bosques de Nothofagus (coihués, lengas, ñires), coníferas (alerces,
araucarias y cipreses) y otros árboles como los arrayanes, maitenes, lapachos y
radales. En las estribaciones andinas de la Patagonia y en algunas zonas de
Tierra del Fuego existen también densos bosques de coníferas, en especial de
abetos, cipreses, pinos y cedros, y bosques de arrayanes (véase Parque
nacional Los Arrayanes). Los cactus (véase Cactáceas) y otras plantas
espinosas predominan en las áridas regiones andinas del noroeste.
En el norte, la fauna es de lo más diversa y abundante. Entre
los mamíferos de estas zonas pueden destacarse el mono (varias especies), el
jaguar, el puma, el felino americano conocido como león breñero, el ocelote,
la corzuela parda (véase Venado matacán), el oso hormiguero, el oso
melero, el tapir, el tapetí, el pecarí, el coipú y el zorrino (véase
Mofeta). Entre las aves autóctonas se cuentan el flamenco, la cariama y el
pirincho, y varias especies de colibrí y loro. De la Pampa son originarios el
armadillo, el zorro, la marta, la liebre (véase Mara), el ciervo, el
ñandú o avestruz americano, el águila, el halcón, la garza y el chorlito.
Las frías regiones andinas son el hábitat de la llama, el guanaco, la vicuña,
la alpaca y el cóndor. Los peces abundan en las costas, lagos y cursos
fluviales.
2.5.
Suelos Los
suelos de Argentina varían enormemente en cuanto a fertilidad y viabilidad para
la agricultura. El agua escasea en muchas regiones a excepción del Noreste y de
la Pampa húmeda. La Pampa, cuyo suelo está constituido fundamentalmente por
humus (con arena fina, arcilla y cieno o lodo), totalmente libre de rocas y
cantos rodados, es ideal para el cultivo de cereales; por el contrario, el suelo
guijarroso de la mayor parte de la Patagonia no es apto para la agricultura y
los pastizales naturales de la región se aprovechan sobre todo como forraje
para el ganado ovino. La mayor parte de la región al norte de los Andes es
inadecuada para los cultivos, aunque, en algunos valles crezcan frutales,
hortalizas y tabaco. En la región del Chaco se cree que su suelo, inusualmente
salino, es el responsable de la abundancia del quebracho, un árbol rico en
tanino; también hay en esta región muchos campos de algodón.
3.
DEMOGRAFÍA
Aproximadamente el
85% de la población es descendiente de europeos. A diferencia de la mayoría de
los países latinoamericanos, Argentina cuenta con escasa población mestiza.
Oficialmente, el país sigue promoviendo la inmigración europea. Entre 1850 y
1940 llegaron a Argentina unos 6.608.700 europeos, predominantemente de origen
español e italiano, con importantes cifras de franceses, británicos, alemanes,
rusos, polacos, sirios y de otros países sudamericanos. Más de una tercera
parte de la población vive en Buenos Aires y en sus alrededores. El 85% de la
población reside en áreas urbanas.
3.1.
Características
demográficas En
1998 la población estimada de Argentina era de 36.265.463 habitantes, con una
densidad de 13 hab/km² aproximadamente.
3.2.
Divisiones
administrativas El
país está formado por 23 provincias, la Capital Federal autónoma (cuyos
límites coinciden con los de la ciudad de Buenos Aires), el sector antártico
reclamado por Argentina y varias islas del Atlántico sur. Tierra del Fuego, que
hasta 1993 era territorio nacional, es en la actualidad una provincia.
En la Argentina no existen regiones institucionalizadas. Sin
embargo, el INDEC —Instituto Nacional de Estadística y Censos— establece
ciertas regiones para procesar sus datos, que son: el Noroeste, el Noreste, Cuyo,
Pampa, Patagonia y Metropolitana. Desde el punto de vista geográfico, existen
otras divisiones regionales: el Litoral, que comprende Buenos Aires (a
excepción de la ciudad homónima y del saliente situado al sur del río
Colorado), Chaco, Formosa, Santa Fe, Misiones, Corrientes y Entre Ríos (estas
tres últimas conforman la Mesopotamia argentina); las provincias del norte, que
engloban a Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca y La Rioja; las provincias
centrales, Santiago del Estero, Córdoba y La Pampa; la región de Cuyo, formada
por San Juan, San Luis y Mendoza, y las provincias patagónicas, que son Chubut,
Santa Cruz, Tierra del Fuego, Neuquén y Río Negro (estas dos últimas, junto
con el saliente sur de Buenos Aires, forman la región del Comahue).
La Argentina tiene presencia permanente en la Antártida desde
1904. Es una de las principales naciones firmantes del Tratado Antártico, que
congela los reclamos de soberanía. A su vez, mantiene una disputa con el Reino
Unido por la soberanía de las islas Malvinas y otras islas del Atlántico sur.
Son varias las naciones que no reconocen las pretensiones argentinas sobre un
vasto sector de la Antártida, situado entre los 25° y los 74° de longitud O,
ni su reclamación de una serie de islas del Atlántico sur.
3.3.
Principales
ciudades
Las ciudades más
importantes, además de la mencionada Buenos Aires, son: Córdoba (con una
población según el censo de 1991, de 1.157.507 habitantes), importante centro
fabril y ciudad universitaria; el puerto fluvial de Rosario (1.157.372
habitantes); La Plata (676.128 habitantes), la capital de la provincia de Buenos
Aires; San Miguel de Tucumán (470.809), un diversificado centro industrial; Mar
del Plata (512.880 habitantes), el principal centro de turismo veraniego; Salta
(367.550 habitantes), famosa por su arquitectura colonial; y Mendoza (67.113
habitantes), eje de una importante región frutícola, vitivinícola y petrolera.
3.4.
Organización del
territorio argentino. Regionalización Una
visión del funcionamiento, morfología y jerarquía del sistema de ciudades, de
la localización de actividades y de la población, del trazado de las redes de
infraestructura, de los movimientos y flujos en el espacio y del uso de los
recursos naturales muestran una estructura espacial con escasa o débil
articulación entre las partes y, en consecuencia, entre las regiones, pero con
una fuerte dependencia de Buenos Aires y su área metropolitana.
Todo esto es el resultado de una ocupación espontánea del
espacio, el cual muestra el impacto sucesivo de las diferentes etapas de la
economía argentina y de las decisiones políticas. Este esquema de
organización territorial se denomina "modelo tendencial", ya que
refleja las tendencias socioeconómicas, políticas y geográficas en una larga
relación tiempo-espacio. Hacia finales de la década de 1980, distintos
procesos rompieron con muchas tendencias históricas e hicieron surgir otras.
Este modelo encontró bases muy sólidas en la valoración de la
posición geográfica mundial de Argentina, de "aislamiento geográfico",
que la llevó a ser considerada un "país isla" —como la definió el
almirante Storni— y, en consecuencia, a modificar su organización espacial en
función del puerto. El concepto de la "Argentina insular" comienza a
cobrar fuerza con la economía agro-portuaria y con los inicios de la
industrialización (sustitución de importaciones).
Así, Argentina se estructuró sobre los puertos, con amplio
predominio del de Buenos Aires. La cohesión interior, la centralización de la
baja cuenca del Plata, el "desprendimiento" fronterizo y las
condiciones de sequedad que imperan en gran parte del territorio, contribuyeron
a consolidar la "Argentina insular" y a organizar su espacio interno
en función de dicho sistema, dando lugar al "país abanico" definido
por el filósofo argentino Mario Bunge.
Este esquema tendencial llevó a la valoración de la región
pampeana, a la cual se le confirió el rol de región nuclear del país. Por
otro lado, el modelo se extendió a los espacios significativos de las otras
regiones, coincidiendo la mayoría de las veces con los núcleos geohistóricos
y con la producción de bienes complementarios de la Pampa húmeda. Mientras
tanto, con el paso del tiempo, fue tomando cuerpo el lugar de mayor capitalidad
del territorio argentino, concentrando la población, las actividades, los
servicios y, por ende, el poder. El área metropolitana de Buenos Aires y, más
tarde, el eje urbano industrial San Lorenzo-Rosario-La Plata se impusieron así
por su privilegiada posición geográfica, determinando la configuración y
funcionamiento del espacio nacional.
En este escenario, la posición de las regiones y de sus
sistemas urbanos resultaba periférico, más aún por el escaso contacto entre
ellas y los países colindantes. Este proceso se vio reforzado por la presencia
de conflictos, lo que llevó a consolidar el "desprendimiento fronterizo",
sobre todo con Chile y Brasil. En la actualidad, se ha dado por agotado dicho
modelo y Argentina ha encontrado otras dos vertientes hasta ahora no valoradas:
su posición céntrica en el Cono Sur (posición subcontinental) y su posición
aguas abajo de la cuenca del Plata (posición regional). Esto lleva al país a
ocupar una nueva posición en el mundo, dentro de un ámbito de integración
regional: Mercosur, que ha de volver a poner en movimiento sus sistemas de
relaciones.
La integración de Argentina en el espacio comunitario del
Mercosur implica complementar la concepción insular del país con la
peninsular; esto encierra una proyección marítima y otra proyección
continental, que conlleva la estructuración de un nuevo sistema de relaciones
con el espacio exterior e interior. Esta situación modificará, sin duda, la
función de las diferentes regiones y conducirá a su reconversión productiva
por haber variado su posición con respecto a los mercados y la accesibilidad
general. El concebir a Argentina en este escenario de futuro implica potenciar
cuatro aspectos sobresalientes: la complementación e integración territorial
interna y con otros países de la región, y la accesibilidad de ciudades y
regiones hacia el Atlántico y Pacífico, modificando su posición actual.
Todos estos cambios conllevan el establecimiento de un nuevo
sistema de relaciones, lo que supondrá, en principio, una reestructuración
estratégica de las redes de transporte, comunicaciones, flujos y energía, así
como la valoración de los grandes espacios constitutivos del territorio
nacional que se extiendan más allá de las fronteras, pero que han de encontrar
su articulación y unidad. Las fronteras, que antes separaban espacios llamados
a funcionar en común, serán ahora franjas de dinamismo e integración.
Los espacios noroccidental, nororiental, patagónico austral,
pampeano y metropolitano han de conjugar los grandes ámbitos geográficos para
un desarrollo más equilibrado en lo interno y más proclive a la proyección e
integración en lo externo. La correcta percepción de esta realidad geográfica
llevará a valorizar, dentro de los espacios mencionados, los sistemas
regionales individualizados; éstos, a su vez, se encontrarán con mejores
posibilidades y capacidades para desarrollar sus potencialidades, complementarse
e integrarse con las regiones de los países vecinos y articularse entre sí.
La reestructuración del territorio, impulsada por el proceso de
integración regional, es una nueva oportunidad, un hito más, un umbral de
mayor complejidad en la organización territorial; también habrá desigualdades.
Problemas y nuevas oportunidades son una dicotomía permanente en la vida de los
pueblos y ese devenir se refleja en la organización del territorio. El nuevo
modelo que se vislumbra no elimina el anterior: lo complementa y lo supera. Los
hechos históricos son acumulativos espacialmente.
Así como en la anatomía territorial los espacios y regiones se
reubican y se reconvierten, en la fisiología territorial el sistema urbano y
las redes se modifican en sus funciones. Las transformaciones globales del mundo
actual —desde la economía integrada hasta el cambio tecno-productivo y la
revolución en los transportes y las comunicaciones— han de impulsar el
proceso señalado. En esto consiste la nueva lógica territorial.
3.5.
Lenguas oficiales
y habladas El
castellano es el idioma oficial y lo habla la mayoría de los argentinos. En
algunos lugares siguen en uso varias lenguas indígenas. Véase Lenguas
aborígenes de Hispanoamérica; Español de América.
3.6.
Religión Más
del 92% de la población es católica. Se practican también el judaísmo, el
protestantismo y otras religiones cristianas y no cristianas, aunque muchas
sectas y confesiones están prohibidas por ser "lesivas al orden público".
Hasta la reforma constitucional de 1994, era requisito indispensable que el
presidente y el vicepresidente fueran católicos.
4.
EDUCACIÓN Y
CULTURA
Argentina es un
país con un rico legado cultural español, fuertemente influido desde el siglo
XIX por la inmigración europea, fundamentalmente por la italiana. Se mantiene
un vivo interés por la historia del país, simbolizada especialmente en el
cultivo de sus tradiciones. En el ámbito artístico, la influencia más
importante ha sido la europea, especialmente la de Francia. Sólo en el arte
popular se ha registrado una importante influencia de las culturas indígenas.
4.1.
Educación La
educación primaria es gratuita y obligatoria entre los 6 y los 14 años. En
1996, 5.250.329 alumnos asistieron a las escuelas primarias y 2.594.329 a las de
secundaria y de formación profesional. La tasa de escolarización en
enseñanzas superior es del 41,8% y la de alfabetización del 96,2%, una de las
más altas de América Latina.
Argentina tiene 24 universidades nacionales, y varias
provinciales y privadas. La principal institución es la Universidad Nacional de
Buenos Aires (1821). Entre las más importantes merecen mencionarse la
Universidad Católica Argentina (1958), la Universidad del Salvador (1958), la
Universidad de Belgrano, la Universidad Tecnológica Nacional (1959) y la
Universidad Nacional de Córdoba (1613), además de las situadas en Bahía
Blanca (1956), La Plata (1905), Mendoza (1939), San Miguel de Tucumán (1914) y
Rosario (1968). Véase Educación en Argentina.
4.2.
Bibliotecas y
museos La
biblioteca más importante de Argentina es la Biblioteca Nacional (1810),
ubicada en Buenos Aires, que dispone de un fondo de más de 1,9 millones de
volúmenes. Entre los numerosos museos de Buenos Aires merecen destacarse el
Museo Argentino de Ciencias Naturales, el Museo Nacional de Bellas Artes y
varias colecciones privadas. El Museo de Ciencias Naturales de La Plata es
famoso por su colección de fósiles de dinosaurios.
4.3.
Literatura La
literatura argentina adquirió un marcado matiz nacionalista en el siglo XIX. El
poema Fausto (1866) de Estanislao del Campo, está basado en la ópera Fausto
de Charles Gounod; Martín Fierro (1872), un poema narrativo de la vida
de un gaucho, obra de José Hernández, está considerada la epopeya nacional.
Finalmente, el ensayo sociológico Facundo, civilización y barbarie
(1845), de Domingo Faustino Sarmiento, es un estudio que analiza cómo la vida
rural en la Pampa argentina contribuyó a modelar el carácter nacional.
La literatura argentina del siglo XX ha producido obras como la
celebrada Don Segundo Sombra (1926), novela de Ricardo Güiraldes; Rayuela
(1963), de Julio Cortázar; El beso de la mujer araña (1976), de Manuel
Puig; La bahía del silencio, de Eduardo Mallea (novelista que escribió
sobre temas existencialistas), y la obra de Jorge Luis Borges, cuyas historias
han alcanzado el reconocimiento internacional. El poeta más conocido es
Leopoldo Lugones, quien cultivó el simbolismo y el naturalismo. En la
actualidad, y junto a Ernesto Sábato, debe destacarse a Adolfo Bioy Casares
como uno de los escritores argentinos más representativos.
4.4.
Arte La
pintura del siglo XIX estuvo dominada por temas gauchescos y escenas de la vida
urbana. En este periodo destacó Prilidiano Pueyrredón. Entre los artistas del
siglo XX merecen mencionarse a Lucio Fontana, Pablo Curatella Manes o Raquel
Forner, además de Benito Quinquela Martín, el cubista Emilio Pettoruti, el
cinético Julio LeParc y Raúl Soldi. Son muy conocidas las obras del escultor
Rogelio Yrurtia.
4.5.
Música La
música tradicional argentina se inspira principalmente en las canciones y
bailes gauchescos, la música nativa de las provincias del norte, las
influencias europeas y, en menor medida, la música africana. El tango, cuyo
intérprete más famoso es Carlos Gardel, se desarrolló en Buenos Aires y se
convirtió en el baile de salón favorito de gran parte del mundo. También hay
que destacar la milonga y el gato. Ástor Piazzola, prolífico compositor,
director e intérprete de tangos, incorporó a sus obras influencias clásicas y
del jazz.
La ópera y la música sinfónica son elementos importantes de
la actividad cultural. La Orquesta Sinfónica Nacional tiene su sede en Buenos
Aires y la compañía de ópera de esta ciudad en el Teatro Colón, inaugurado
en 1908; esta compañía de ópera ha obtenido una merecida fama mundial por su
excelencia. En el terreno de la música clásica destacan Roberto Caamaño,
Mauricio Kagel y Gilardo Gilardi. El más conocido de los compositores
argentinos fue Alberto Williams, fundador del Conservatorio de Buenos Aires.
Alberto Ginastera es conocido por su música sinfónica para ballet, ópera y
piano, muy popular en todo el mundo. En el ballet son muy notorias las figuras
de Julio Bocca y Maximiliano Guerra, cuyas virtudes han trascendido las
fronteras del país.
5.
ECONOMÍA
La economía
argentina se basa tradicionalmente en la producción agrícola y ganadera,
aunque los sectores industrial, minero, pesquero y de servicios han registrado
un marcado crecimiento en las últimas décadas. Es una de las principales
naciones productoras de carne, cereales y aceite del mundo. En la actividad
fabril, las principales empresas son las productoras de alimentos y bebidas, las
metalúrgicas, automotrices, de refino de petróleo, textiles y cemento. El
producto interior bruto (PIB) para 1997 fue de 325.012 millones de dólares, con
una renta per cápita de 9.110 dólares (cifras del Banco Mundial).
5.1.
Agricultura y
ganadería Argentina
cosecha suficientes productos agrícolas no sólo para satisfacer la demanda
interna, sino también para exportar los excedentes. Del total de la superficie
del país (unos 280 millones de ha), poco más del 50% se utiliza para el
pastoreo y el 9,9% está cultivado; los bosques ocupan un 12,4% del territorio
nacional. La Pampa es la principal zona agrícola del país, con una importante
producción de trigo y otros cereales. Regiones como Río Negro, Neuquén,
Mendoza, San Juan y las provincias del Noroeste son ricas en explotaciones
frutícolas y vitivinícolas. En la producción de caña de azúcar destacan
Tucumán, Salta y Jujuy.
La producción ganadera es un sector importantísimo en la
economía argentina, así como la refrigeración y procesamiento de carne y
subproductos. La producción anual supera los 3,4 millones de toneladas. En 1998
el país contaba con 50,3 millones cabezas de ganado vacuno, 16,4 millones de
ganado ovino y 3,20 millones de porcino; además, existían unos 3,30 millones
de caballos, con gran fama internacional en el mundo de la hípica y del polo.
A pesar del retroceso sufrido durante la década de 1980, la
exportación de ganado sigue jugando un importante papel en el comercio
internacional. En 1994 los ingresos en concepto de carne y pieles (véase
Cuero) ascendieron a 1.700 millones de dólares; las exportaciones de alimentos
suponen en torno al 51,9% del total exportado. Desde hace mucho tiempo,
Argentina es líder mundial en la exportación de carne cruda, aunque cada vez
es más importante la exportación de la carne procesada y envasada.
El país produce y exporta ingentes cantidades de lana. En 1998
se produjeron 64.000 toneladas de lana en bruto. Aproximadamente el 40% de las
ovejas se crían en la Patagonia.
El trigo es el cultivo más importante y Argentina se cuenta
entre los principales productores mundiales de este cereal. La producción anual
es de 11,7 millones de toneladas; otros cereales destacados son el maíz, la
avena y la cebada.
Otros productos agrícolas de importancia son la soja, el sorgo,
el lino, el girasol, el algodón, las patatas (papas), el arroz, la yerba mate,
el cacahuete (maní) y el tabaco, así como uvas, manzanas y cítricos.
5.2.
Silvicultura y
pesca Situadas
fundamentalmente en las áreas montañosas distantes de los centros poblados, la
mayoría de las 33.942.000 ha de bosque no está muy aprovechada. Las maderas
más explotadas son las de álamo y sauce para la producción de celulosa, el
quebracho blanco para combustible, el quebracho colorado para el tanino (que se
utiliza en el curtido del cuero y piel) y el cedro para la fabricación de
mobiliario; otras maderas de aprovechadas son las de la araucaria, el pino y el
ciprés. La producción total de madera en 1997 fue de 10,7 millones de m³.
Los caladeros argentinos, potencialmente muy productivos, no se
explotan en su totalidad, aunque la productividad se incrementó de forma
constante en las décadas de 1960 y 1970. En 1996 las capturas, principalmente
de merluza, calamar, langostino y anchoa o boquerón, alcanzaron los 1,15
millones de toneladas.
5.3.
Minería Aunque
el país cuenta con una gran variedad de reservas minerales —sobre todo
petróleo, carbón y diversos metales— la minería ha sido relativamente poco
importante en la actividad económica. A pesar de ello, en las últimas décadas
se ha incrementado significativamente la producción de petróleo y carbón. En
términos de valor, el principal producto mineral es el petróleo. En 1997 la
producción de petróleo era de 305 millones de barriles anuales, suficiente
para cubrir la demanda interna y permitir la exportación. Con este fin se ha
construido un oleoducto hacia Chile, a través de la cordillera de los Andes. Se
espera que, con las licencias otorgadas para la exploración de nuevas zonas del
país y de las áreas marítimas, se incremente significativamente la
producción.
El país cuenta también con una importante producción de gas
natural (véase Combustible gaseoso), que en 1997 alcanzaba los 27.380
millones de m³. Por otra parte, existe una modesta explotación de oro, plata,
cobre, plomo, cinc, hierro, estaño, tungsteno, mica, uranio y piedra caliza. Al
amparo de la nueva Ley de Minería, los planes de exploración y explotación se
incrementaron a base de cuantiosas inversiones extranjeras que potenciarán el
surgimiento de la gran minería.
5.4.
Industria El
grueso de la industria argentina se centra en Buenos Aires. El 32% de la
población activa está empleada en las empresas industriales. La industria más
importante y antigua del país es el procesamiento y envasado de productos
alimenticios, seguida por el sector textil. Otras importantes industrias
producen artículos de goma (natural y sintética), cemento, productos químicos,
papel, plásticos y derivados del petróleo. La industria siderúrgica (véase
Siderurgia) ha alcanzado una gran expansión; en 1994 la producción de hierro
primario, acero crudo y laminado llegó —en conjunto— a los 10,4 millones de
toneladas. El sector automotriz produjo 408.000 vehículos.
5.5.
Energía El
sistema energético de Argentina está compuesto por las redes de conductos y de
energía eléctrica. Entre las redes de conductos se distinguen los gasoductos,
los oleoductos y los poliductos, que conectan las áreas productivas de la
Patagonia, Cuyo y Noroeste con los grandes centros de consumo o de
industrialización derivada. Las redes de energía eléctrica se integran en el
sistema interconectado nacional, los sistemas regionales y las estaciones de
transformación, y ponen igualmente en contacto las centrales eléctricas con
las grandes áreas de consumo. Están compuestas por líneas de transmisión,
equipamientos de generación y subestaciones de transformación. Las principales
líneas conectan el sistema hidroeléctrico del río Limay (Neuquén-Río Negro)
con Buenos Aires, Bahía Blanca y La Plata. También destacan las líneas de
Yaciretá (Argentina-Paraguay) y de Salto Grande (Argentina-Uruguay) con Rosario
y el Gran Buenos Aires. La energía eléctrica instalada es estimada en 14.000
megavatios.
El país cuenta con abundantes recursos energéticos y sobre
todo con una gran diversidad de fuentes, entre las que destacan la
hidroeléctrica y el gas, además del petróleo, carbón y uranio. También
revisten especial importancia las fuentes no convencionales de energía:
geotérmica, eólica, mareomotriz, solar y biomasa. En el contexto del Mercosur
se están realizando obras significativas, como los gasoductos a Chile, Uruguay
y Brasil, y las interconexiones eléctricas del litoral. Los sistemas
energéticos de Argentina han sido privatizados, salvo Yaciretá, Salto Grande y
las centrales nucleares que están en proceso de concesión al capital privado.
Las principales cuencas de hidrocarburos son la Austral (golfo
de San Jorge), la Neuquina, la Cuyana y la del Noroeste. Existen otras cuencas
de exploración como la del Chaco-Paranaense y varias en la plataforma submarina.
La cuenca más importante en producción de gas es Loma de la Lata (Neuquén),
además de Santa Cruz y Puesto Hernández.
En el campo hidroeléctrico hay que señalar que la mayoría de
los ríos y saltos con potencial para producir energía están muy alejados de
los centros industriales, aunque, a pesar de estas limitaciones técnicas, los
recursos hidroeléctricos se desarrollan a pasos acelerados. Los proyectos más
importantes, iniciados en las décadas de 1970 y 1980, están situados en el
norte de la Patagonia sobre los ríos Limay (El Chocón, Alicurá, Piedra del
Águila y Pichi-Picún-Leufú) y Neuquén (Cerros Colorados), sobre el río
Paraná (Yaciretá, explotado en colaboración con la República del Paraguay) y
sobre el río Uruguay (Salto Grande, en colaboración con Uruguay). También
merecen atención las centrales de Garabí (con Brasil), Corpus (con Paraguay),
Los Blancos (Mendoza) y Río Santa Cruz-La Leona.
En 1997 Argentina producía un total de 65.045 millones de KWh,
de los cuales el 42,76% se generaba en instalaciones hidroeléctricas, el 11,45%
mediante energía nuclear y el 45,79% en centrales termoeléctricas
convencionales. Hay que destacar las centrales nucleares de Atucha I y II,
localizadas en la provincia de Buenos Aires.
5.6.
Moneda y banca Originariamente,
el sistema monetario argentino se basaba en el peso oro, aunque en realidad no
circulaban monedas de ese metal. La moneda en uso era el peso moneda nacional,
dividido en 100 centavos. La crisis generada por la Gran Depresión, en la
década de 1930, terminó con el régimen monetario oro y en 1935 se fundó el
Banco Central de la República Argentina —de sociedad mixta—, responsable de
controlar la emisión de moneda, sin perjuicio de otras funciones de
supervisión de los bancos. En 1946 el Banco Central quedó bajo el control del
gobierno, siendo cabeza del sistema bancario nacional.
En materia monetaria, a principios de la década de 1970 se
instauró el peso ley 18.188, equivalente a 100 de los antiguos. En junio de
1985 se creó el austral, equivalente a 1.000 pesos ley. Después de
experiencias hiperinflacionarias, a principios de 1992 se implantó el nuevo
peso argentino, equivalente a 10.000 australes. En 1997, 1 peso argentino
equivalía a 1 dólar estadounidense.
En diciembre de 1994 había 168 bancos, de los cuales 33 eran
públicos y 135 privados. El 60% de los depósitos estaba en los bancos privados.
5.7.
Comercio e
intercambio Desde
1992 la balanza comercial es desfavorable para Argentina, tendencia que se ha
ido corrigiendo en los últimos años. En 1996 las exportaciones totalizaron
23.811 millones de dólares y las importaciones 23.762 millones de dólares. El
principal socio comercial, tanto en exportaciones como en importaciones, es la
República Federal de Alemania; otros socios importantes son: Brasil, Estados
Unidos, Bélgica y Países Bajos. Véase Comercio internacional.
El comercio regional con otros países latinoamericanos se
enmarca en la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), a la que
pertenece Argentina. En 1994 se exportaron a esta asociación 6.907 millones de
dólares y se importaron 6.600 millones de dólares, correspondiendo a Brasil el
52% de las exportaciones y el 65% de las importaciones.
En 1991 se firmó el Tratado de Asunción, por el que quedaba
creado el Mercosur (Mercado Común del Sur). Este bloque subregional ha
dinamizado notablemente el comercio en esta zona y se encuentra en pleno proceso
de integración. En 1995 se fijó el arancel externo común a aplicar en el
futuro. En 1994 sus exportaciones al Mercosur alcanzaron el valor de unos 4.800
dólares y sus importaciones unos 5.147 dólares. De este movimiento, el 80%
correspondió a Brasil.
5.8.
Trabajo En
1997 la población activa sumaba unos 14,3 millones de trabajadores. La mayoría
de los 1.100 sindicatos argentinos están afiliados a la Confederación General
del Trabajo (CGT). El derecho de asociación sindical, suspendido en 1976, fue
restablecido en 1982. A principios de la década de 1990, el movimiento sindical
contaba con unos 3 millones de afiliados; en esa época, los programas de
privatización del presidente Carlos Saúl Menem habían provocado la pérdida
de varios centenares de miles de puestos de trabajo. En 1996 la tasa de
desempleo era del 16,3 por ciento.
6.
TRANSPORTES
6.1. Red
ferroviaria La
red ferroviaria argentina comenzó a tenderse en la segunda mitad del siglo
XVIII. En 1870 ya había 722 km de vías. El ferrocarril del Oeste fue el
primero en entrar en funcionamiento para cubrir la distancia entre plaza Lavalle
y Floresta, en Buenos Aires. El trazado no parte radialmente desde la capital,
sino desde ésta, Buenos Aires, y desde Rosario. El Ferrocarril del Sud (construido
con capital inglés) llegó primero a Chascomús y, más tarde, a Las Flores,
Bahía Blanca, Neuquén, Zapala y Mar del Plata, además de contar con varios
ramales secundarios. El ferrocarril Central tuvo sus inicios en Rosario, se
extendió a Córdoba y después a Santa Fe y Tucumán; posteriormente, enlazó
con Buenos Aires. Otra línea se extendía desde Río Cuarto hasta Mendoza. El
ferrocarril que comunicaba Buenos Aires con el Pacífico y el ferrocarril del
Oeste llegaron al pie de los Andes: San Rafael, Mendoza y San Juan.
Una verdadera "fiebre ferroviaria" se preparaba a
comienzos de la década de 1870. Entre 1870 y 1914 se construyó la mayor parte
de la red ferroviaria argentina con capital inglés, francés y argentino. Esta
red llegó a ocupar el décimo puesto en el mundo, con cerca de 47.000 kilómetros.
El ferrocarril fue palanca del desarrollo y poblamiento del territorio del país.
A partir de 1946 la extensa red ferroviaria pasa a depender en
su totalidad del Estado. En 1958 comienza un periodo que puede llamarse de
"regresión". En efecto, políticas a favor del desarrollo de la red
caminera (transporte por carretera) desarrollaron planes de clausura y
levantamiento de vías; así, en 1980, la red ferroviaria era de 34.113 km,
mientras que en 1976 contaba con 41.463 kilómetros. En 1989 se inicia un nuevo
proceso de concesiones al capital privado de la red ferroviaria de carga, de
pasajeros del área metropolitana de Buenos Aires y de pasajeros interurbanos.
En la actualidad, la red ferroviaria argentina posee una
extensión de 34.059 km, con tres anchos de vía. Dos líneas que cruzan los
Andes permiten la comunicación con Chile; los ferrocarriles argentinos también
conectan el país con Bolivia, Paraguay, Uruguay y Brasil. Como resultado de la
privatización de la red, en algunas regiones del país se ha interrumpido el
servicio. Las líneas nacionales que la integran son: el ferrocarril Nuevo
Central Argentino (4.512 km), que conecta Buenos Aires con Rosario, Santa
Fe, Córdoba, Tucumán, Río IV y Santiago del Estero (La Banda); el ferrocarril
de Buenos Aires al Pacífico (5.254 km), que enlaza Buenos Aires con Junín,
Rufino, San Luis, Mendoza, San Juan, San Rafael y accede al puerto de Rosario;
el ferrocarril Ferrosur Roca (3.343 km), que comunica Buenos Aires con
Necochea-Quequén, Tandil, Olavarría, Bahía Blanca, Neuquén y Zapala; el
ferrocarril Ferroexpreso Pampeano (4.953 km), que conecta a los puertos del
complejo San Martín-Rosario con Bahía Blanca por medio de dos líneas
troncales y varios ramales; el Ferrocarril Mesopotámico, S.A. (2.739 km),
que enlaza Buenos Aires con Rojas, Concordia, Paraná, Paso de los Libres, Monte
Caseros, Corrientes y Posadas, y el ferrocarril General Belgrano, S.A.
(10.841 km), que comunica Buenos Aires con Rosario, Santa Fe, Córdoba,
Resistencia, Salta, Jujuy, Tucumán, Catamarca, San Juan y Mendoza, y la
localidad de Salta con Formosa.
La red ferroviaria argentina se conecta con la de los países
colindantes: con Bolivia, a través de la línea F.C. Belgrano S.A., por La
Quiaca y Yacuiba hasta La Paz y Santa Cruz de la Sierra; con Chile, también por
la línea ferroviaria de Belgrano S.A., desde Socompa a Antofagasta y por Las
Cuevas a Valparaíso (este ramal está desactivado pero con miras de ser
rehabilitado); con Uruguay, por la línea F.C. Mesopotámico S.A., entre Salta y
Salto Grande; con Brasil, a través de la línea de F.C. Mesopotámico S.A., por
Paso de los Libres a Uruguaiana, y con Paraguay, por otra línea del F.C.
Mesopotámico S.A., entre Posadas y Encarnación.
A su vez, existen líneas provinciales extensas como Viedma–San
Carlos de Bariloche, en la provincia de Río Negro (817 km), o más
pequeñas como Córdoba–Cruz del Eje (150 km) o Jacobacci-Esquel (Río
Negro-Chubut) de 402 km. La línea de pasajeros más importante es la del
corredor Buenos Aires-Mar del Plata-Miramar y su derivación General Guido-Pinamar
(536 km), operado por Ferrobaires; esta empresa, de carácter provincial,
cubre todo el sistema interurbano de pasajeros de las provincias de Buenos Aires
y La Pampa. Los ferrocarriles metropolitanos de Buenos Aires son operados por
varias empresas privadas (línea Urquiza, Sarmiento, Mitre, San Martín,
Belgrano Sur, Belgrano Norte y Roca). Existe además una línea de carácter
turístico (18 km) que se denomina Tren de la Costa.
6.2.
Red caminera Hasta
la tercera década del siglo XX la red caminera fue considerada complementaria
de los ferrocarriles, ya que los caminos locales de las zonas rurales conducían
a las estaciones del ferrocarril. Primero los carruajes y luego los automotores
se convirtieron en alimentadores de la red ferroviaria, en cuanto a tráfico se
refiere. En 1952 se crea la Dirección Nacional de Vialidad, estableciéndose
una cuota sobre la nafta y un porcentaje sobre los lubricantes, destinados ambos
a la construcción de caminos (véase Carretera). A partir de ese momento
comienza a desarrollarse la red caminera nacional que, en líneas generales,
siguió el trazado de las vías férreas. En las décadas de 1950 y 1960 se
produce una importante expansión de la red y del transporte automotor, tanto de
carga como de pasajeros.
En total existen 218.276 km de carreteras. La red vial se
clasifica, de acuerdo con su jurisdicción, en nacional y provincial; por su
importancia en lo concerniente al tráfico circulado, en rutas troncales, rutas
secundarias y rutas locales o alimentadoras. Además, se distinguen unas rutas
transnacionales de gran importancia ante el Mercosur. Una tercera clasificación
se establece en función del estado de la red: pavimentada (casi 60.000 km),
mejorada (más de 40.000 km) y natural o de tierra (el resto).
Hacia finales de la década de 1980 la red vial argentina se
encontraba muy deteriorada por la sobrecarga de los camiones, sin control peso/eje,
y por insuficientes inversiones en el mantenimiento. Por otro lado, se
observaban varios estrangulamientos en la circulación, sobre todo en el acceso
al área metropolitana de Buenos Aires, así como a otras grandes ciudades. Es
entonces cuando se decide privatizar, por el sistema de concesión, las
principales rutas troncales del país, como Buenos Aires-Mar del Plata, Buenos
Aires-Bahía Blanca, Buenos Aires-San Luis-Mendoza, Buenos Aires-Rosario-Córdoba
o Zárate-Concordia-Paso de los Libres, entre otras. También se desarrolla un
plan de obras para el acceso a las grandes ciudades.
Por otro lado, Vialidad Nacional está llevando a cabo un Plan
Maestro, denominado Corredores Viales y Pasos de Integración, para mejorar la
infraestructura en los corredores de exportación y de integración,
fortaleciendo el desarrollo de tres ejes bioceánicos al norte, centro y sur,
así como la Ruta 40, que corre paralela a la cordillera por el oeste, desde La
Quiaca hasta Río Gallegos. La estructura se apoya en los siguientes pasos
montañosos al oeste: Jama (Jujuy), Sico (Salta), San Francisco (Catamarca),
Peñas Negras (La Rioja), Agua Negra (San Juan), Cristo Redentor (Mendoza), Paso
Pehuenche (Mendoza), Pino Hachado (Neuquén), Cardenal Samoré (Neuquén),
Coihaique (Chubut) y Huemules (Santa Cruz). En el este se dirige a los puertos
del Atlántico y del Plata-Paraná, y a los puertos de Paysandú-Colón, Puerto
Unzué-Fray Bentos, Concordia-Salto, Paso de los Libres-Uruguaiana,
Posadas-Encarnación y Puerto Iguazú-Foz do Iguaçu. Entre los proyectos
estratégicos se pueden mencionar: las redes de autopistas de acceso al área
metropolitana de Buenos Aires; las autopistas Córdoba-Rosario, Buenos Aires-La
Plata y Buenos Aires-Mar del Plata; los puentes Buenos Aires-Colonia,
Rosario-Victoria y Santo Tomé-São Borja, y el túnel de montaña Juan Pablo
II, de baja altura, entre Mendoza y Chile. La ampliación del túnel ferroviario
que cruza los Andes (1940) permite el paso de vehículos. En 1996 había 154
vehículos por cada mil habitantes.
6.3.
Red aérea La
compañía Aerolíneas Argentinas fue privatizada en 1990 y realiza vuelos tanto
nacionales como internacionales; existen también numerosas líneas aéreas
internas. A finales de la década de 1980 había matriculados unos 4,3 millones
de vehículos privados y 1,4 millones de vehículos comerciales.
6.4.
Red portuaria y
fluvial Los
ríos proporcionan unos 3.100 km de vías navegables, especialmente los de
la cuenca del Río de la Plata. En la actualidad se hace necesario incorporar
los puertos a las redes de transporte intermodales e interoperables como parte
de una cadena logística de transporte. Los puertos ya no son terminales sino
centros de transferencia de cargas. El concepto de hinterland (área de
influencia de un puerto con continuidad espacial) se ha desdibujado ante las
relaciones espacialmente discontinuas entre puertos y centros receptores y
emisores de tráfico, más aún con la vigencia de los puentes terrestres (land
bridge) sobre corredores bioceánicos. Estos aspectos, que rigen a nivel
internacional, ya se están perfilando en Argentina.
En el caso argentino la situación es la siguiente: a) la
producción cerealista y de graneles necesita una salida entre Santa Fe, Rosario
y Villa Constitución (65% de la producción exportable); b) el resto puede ser
canalizado por los puertos de Bahía Blanca, Quequén y Mar del Plata; c) los
contenedores se canalizan vía puerto Buenos Aires (Nuevo y Exolgan) y, en el
futuro, por Campana, La Plata y Mar del Plata; d) existe tráfico pasante (en
tránsito) que utilizaría corredores bioceánicos intermodales, al igual que
las producciones básicas regionales; e) la producción de la región de la
Patagonia, de menos volumen, encontraría salida por San Antonio Este (frutas y
minerales, principalmente), Puerto Madryn (minerales, aluminio, pescado),
Comodoro Rivadavia (combustibles) y Puerto Illia, en Punta Loyola (carbón y
otros).
En síntesis, Argentina necesita puertos más profundos en donde
no los tiene de forma natural, si bien los posee en donde la lejanía de las
áreas demandantes no los valoriza. La hidrovía Paraguay-Paraná, conectada al
canal 32 pies de Rosario al mar, y Punto Alfa, pueden potenciar el complejo
portuario Rosario-Terminal 6-San Martín-San Lorenzo y, en menor medida, Buenos
Aires-La Plata. Otra opción es construir dos o tres estaciones de transferencia
de graneles al centro-sur de Córdoba, Santa Fe y costa de Buenos Aires, y,
desde allí, operar dos líneas ferroviarias hacia Bahía Blanca y Quequén,
ampliando y fortaleciendo estos puertos en aguas profundas a 45 pies (será
necesario comparar costos de operaciones alternativas).
Para identificar algunas prioridades es necesario clasificar los
puertos en cinco tramos de la ribera fluvial y del litoral Atlántico de
Argentina, observando su actual comportamiento, posibilidades y necesidades: 1)
hidrovía Paraguay-Paraná (tramo medio); 2) vía navegable 32 pies Rosario-San
Lorenzo al Atlántico; 3) bajo río Uruguay; 4) puertos del frente marítimo de
la región pampeana; y 5) puertos patagónicos.
6.4.1.
Hidrovía
Paraguay-Paraná Puerto
de Barranqueras
Este puerto cumplirá una función estratégica en la hidrovía.
Posee accesos por carretera y ferroviarios. Se deberá construir una estación
de transferencia intermodal de cargas. Se prevé un nuevo puente sobre el
Paraná que lo unirá con Corrientes (ferroviario y vial). El puerto necesitará
de inversiones para ampliación y modernización. Ha pasado a depender de la
jurisdicción provincial y a ser importante el movimiento de contenedores,
minerales y productos siderúrgicos de la sierra de Zapla. El puerto de Formosa
es complementario del anterior y el gobierno provincial busca inversores para
canalizar sus proyectos. Será un nodo estratégico de tráfico internacional en
la intersección de la hidrovía y el corredor bioceánico Norte.
Puerto de Santa Fe
Cuando se termine el canal de acceso 21 pies y su conexión con
la ruta de Rosario al Atlántico, el puerto de Santa Fe tendrá un papel
significativo en las exportaciones de una rica región agroindustrial.
Necesitará ampliaciones y modernización en equipamiento y accesibilidad.
6.4.2.
Vía navegable 32
pies. Complejo Rosario-San Lorenzo al Atlántico Por
esta vía navegable, actualmente en proceso de dragado (alcanzó 32 pies en
1997), se canaliza casi el 70% de las exportaciones de Argentina y el 80% de las
importaciones. El complejo portuario San Martín-San Lorenzo se mantiene con una
dinámica de alto crecimiento. Se conjugan inversiones privadas en las
terminales portuarias, concesión de ferrocarriles (N.C.A.), rutas y un aumento
masivo de la producción exportable de oleaginosas. Nuevas inversiones pueden
reforzar esta franja fluvial-portuaria.
El puerto de Rosario se constituirá en otro nodo importante
para el Mercosur, con el puente Rosario-Victoria que conectará el más
importante corredor bioceánico con la hidrovía Paraguay-Paraná y la vía 32
pies de Rosario al Atlántico. Pueden requerirse inversiones puntuales en este
puerto, así como en los de Villa Constitución y San Nicolás. En el caso de
Rosario existe un estudio reciente acerca de sus posibilidades y necesidades de
inversión, elaborado por la Fundación Banco Municipal de Rosario. Las
propuestas del estudio definen las necesidades de inversiones en varias
terminales especializadas de graneles líquidos, sólidos (cereales y minerales),
en una terminal polivalente y otra destinada a contenedores, además de las
mejoras en el equipamiento para carga y descarga, con áreas de actividades
logísticas e industriales. En Rosario pueden operar buques Panamax
(35.000 a 80.000 tpb). Un barco de 30.000 toneladas requiere ser abastecido
por 20 trenes o 1.000 camiones.
Puerto de Campana
El núcleo Zárate-Campana-Escobar constituye un área portuaria
con futuro. Ello se debe a que es la terminal fluvial de la hidrovía Paraguay-Paraná
con 32 pies al cero y con un acceso directo al Uruguay-Brasil, vía
Zárate-Brazo Largo. En el kilómetro 95.8, sobre la margen derecha del Paraná
de Las Palmas, se inauguró recientemente la terminal portuaria
Mariposa-Furlong, destinada a cargas generales. Posee un muelle de 140 m,
con todas las instalaciones necesarias. Actualmente, opera con carga de
automotores, que se ampliará en el futuro. Otros puertos, como Euroamérica (Grupo
Turner), mueven automóviles, frutas y maderas. Las inversiones portuarias
siguen en marcha.
Complejo portuario Buenos Aires-La Plata
El puerto de Buenos Aires ha sido objeto de una profunda
transformación en los últimos años. Este proceso alcanza a las terminales de
Puerto Nuevo y a Exolgan, en Dock Sud, todo en manos privadas. Su principal
movimiento es el de contenedores. Puerto Nuevo mueve el 70% y Exolgan el 30%.
Existen algunos problemas de equidad en el tratamiento legal de ambas estaciones
marítimas. El tema de las tasas de cargas está en el centro de la discusión.
Es importante la formación de la Sociedad Administradora del Puerto. Las
terminales portuarias han recibido, a fines de 1995, unos 500.000 TEU, pese a
una caída de las importaciones del 33% por Puerto Nuevo. Dock Sud (Exolgan)
movió 100.000 TEU. El puerto de Exolgan opera con alta tecnología y se
presenta con un gran futuro. Posee un sistema informático integrado para carga,
descarga y facturación. El puerto de La Plata está comenzando un proceso de
transformación orientado a lograr un nuevo perfil para operar contenedores (carga
general) y combustibles. La zona franca de La Plata impulsará el proceso y se
necesitan inversiones para instalar una estación intermodal de transferencia de
cargas en el puerto y el replanteo de accesos ferroviarios y viales. El polo
petroquímico es otra actividad movilizadora. Se profundizó a 28 pies y se
balizó, pero será necesario obtener más profundidad. Otras inversiones están
destinadas a dotar al puerto de un muelle de 300 m sobre la costa de
Berisso, profundizar el Dock Central y poner en marcha una terminal con
múltiples funciones sobre 16 ha en Ensenada. La estación portuaria cuenta
con 24 puntos de embarque.
6.4.3.
Bajo río Uruguay Concepción
del Uruguay
Este puerto crecerá en importancia ante el dragado a 23 pies
del río Uruguay. Ya muestra una gran actividad. Su amplia rada permite operar a
buques de hasta 225 m de eslora y realizar múltiples embarques
simultáneos. Posee muy buena accesibilidad por redes intermodales. El puerto
está regulado por el Instituto Fluvioportuario Provincial de Entre Ríos (también
Diamante e Ibicuy, que son complementarios). El ferrocarril accede a todos los
galpones y plazoletas, en alto y bajo nivel. Es necesario invertir en el
acondicionamiento con cámaras frigoríficas de galpones, en la zona alta, para
el acopio de frutas frescas, especialmente cítricos. También se hace necesario
ampliar los servicios. Hoy moviliza rollizos de eucalipto, madera aserrada y
soja paraguaya.
6.4.4.
Puertos del frente
marítimo de la región pampeana Complejo
portuario de Bahía Blanca
Varios puertos integran este complejo portuario, el más
importante de Argentina. Es administrado por un consorcio especial. Se logró
reducir el tiempo de espera de los buques en la rada de acceso con un ahorro de
100 millones de dólares estadounidenses al año. También se redujeron los
costos de los elevadores en las terminales cerealistas, aumentando las
exportaciones un 30% en 1995. Las exportaciones de Ingeniero White fueron de
2.505.064 t (67,15%) de granos, subproductos y aceites; 985.118 t
(26,41%) de combustibles y productos químicos, y 263.623 t (6,45%) de
mercancías en general. El mejoramiento ferroviario amplió la zona de
influencia del puerto, que necesitará de la dinámica de las inversiones
privadas. También sería conveniente la rehabilitación del puerto de Coronel
Rosales.
Puerto de Quequén
El puerto de Quequén es una de las estaciones marítimas de
más futuro de Argentina. En 1995 sus movimientos se aproximaron a los 4
millones de toneladas. Hoy posee 12 puntos de atraque. Es necesario mejorar su
capacidad operativa, para lo que precisará de unas inversiones de casi 40
millones de dólares estadounidenses. El puerto está administrado por el
Consorcio de Gestión Autónomo. Se licitarán 15 ha aledañas para
instalar industrias. Se necesitan inversiones para extender la escollera sur
1.000 m (se espera del BID créditos por 30 millones de dólares
estadounidenses). También se hace necesario retirar del puerto los buques
inactivos. Por Quequén salen hoy aceite y pellets (pipas o pepitas) de girasol,
chips, maderas, trigo y fertilizantes, y se reciben productos importados.
Conexiones viales y ferroviarias están mejorando de forma acelerada. También
serían necesarias las inversiones para la instalación de una planta de
almacenaje de fertilizantes; la construcción de un muelle pesquero de
250 m; contar con 5 ha para la disposición de cargas generales, con
accesos viales y ferroviarios; crear un muelle pesquero flotante; la
reconstrucción de puentes (Ezcurra); la construcción de un muelle corrido
sobre el antepuerto; la modernización del giro y profundización a pie de
muelles de 40 pies, y la prolongación de la escollera sur.
Puerto de Mar del Plata
El puerto de Mar del Plata es una estación marítima completa y
que realiza múltiples funciones (pesca, combustibles, cereales, deportivo,
militar). Sin embargo, presenta problemas de profundidad por embanque de arenas
producidas por la escollera sur, que detiene la corriente de deriva litoral. Es
necesario hacer una limpieza del agua de cascos hundidos o barcos incautados,
tarea que ya ha comenzado, y la reordenación del espacio interior del puerto.
Su futuro debe ser replanteado. La región de influencia es de gran importancia
económica (hortícola, industrial, turística y floricultura, entre otras
actividades). Puede ser un excelente puerto complementario del de Buenos Aires,
debido a la accesibilidad ferroviaria. Es necesario construir plazoletas de
contenedores, un puerto deportivo, dragas de acceso y una draga fija que bombee
agua de la escollera sur a la norte, mejorando la profundidad y devolviendo el
equilibrio a las playas.
6.4.5.
Puertos
patagónicos Puerto
San Antonio Este
Las exportaciones pesqueras y de frutas del alto valle del río
Negro incrementaron el movimiento y la importancia de este puerto. Está situado
en el extremo este de un corredor bioceánico ferroviario hacia el Pacífico,
vía Bariloche y Paso Puyehue. En materia pesquera se complementa con el de San
Antonio Oeste. Se puso en marcha un pontón flotante. España y Japón fueron
los principales destinos de las exportaciones; a continuación, China y Corea.
Existe un proyecto de criadero de ostras. El puerto requiere de inversiones para
el acceso del ferrocarril, el gasoducto y las obras de defensa (escollerado).
Puerto Madryn
Se piensa ampliar y remodelar el muelle Almirante Storni en el
puerto natural de aguas profundas de Argentina y construir otro muelle para
buques pesqueros (barcos fresqueros y congeladores). Se prevé el mejoramiento
operativo del sitio 3, ampliando instalaciones para adaptarlas a los buques
actuales. El muelle pesquero será independiente del resto de las instalaciones
y permitirá la operación de modernos buques. Todas estas obras requieren de un
detallado estudio de impacto ambiental, por las condiciones ecológicas de la
región. El movimiento de minerales y aluminio aumentó en un 35%. También lo
hicieron la lana, frutas, jugos, minerales, cuero y algas. Existe un proyecto
coreano para instalar aquí el astillero más grande del Atlántico sur (inversión
de 50 millones de dólares estadounidenses). Junto a ello, se piensan establecer
plantas de tratamiento de efluentes (residuos contaminantes) y tanques para
almacenamiento de combustibles. El puerto de Rawson es una estación marítima
complementaria para barcos pesqueros.
Puerto de Comodoro Rivadavia
El puerto de Comodoro Rivadavia ha sido reacondicionado. Se
prolongó la escollera de 600 m, se dragó la dársena para buques de
ultramar y pesqueros, y se ganaron terrenos al mar para ampliar las playas de
maniobras e instalaciones. Comodoro Rivadavia se conectará por un corredor
bioceánico con el puerto chileno de Chacabuco (800 km). El puerto puede
ser un apoyo logístico a flotas pesqueras que operan en el Atlántico sur y a
otras necesidades navieras. Necesita inversiones complementarias en equipamiento,
como un muelle pesquero y un astillero para reparaciones navales. Es importante
la instalación de la zona franca, de una plazoleta de contenedores y de una
cámara frigorífica (4.000 t de capacidad) para mariscos y pescados.
Puerto Punta Loyola
Este puerto fue construido para reemplazar al de Río Gallegos,
debido a los problemas de la amplitud de mareas en este último. Su objetivo era
la operación de buques mineraleros para exportar el carbón (lignito sub-bituminoso)
de la cuenca del río Turbio, extendiendo el ferrocarril unos 20 kilómetros.
También se pensó para localizar industrias petroquímicas y eléctricas que
utilizarían la energía hidroeléctrica del río Santa Cruz. Se presenta como
un gran puerto potencial.
Puerto de Ushuaia
Se requiere una inversión de más de 10 millones de dólares
estadounidenses para modernizar el puerto más austral del país y el segundo en
movimiento de contenedores. Desde este puerto operan flotas pesqueras, de
pasajeros (cruceros turísticos) y de apoyo a la actividad antártica. Las
inversiones apuntan a un nuevo muelle de 205 m de largo y de mayor anchura
para mejorar la accesibilidad. Actualmente, la capacidad de atraque es de 732
metros. Turismo, pesca, contenedores y carga general son sus actividades. Para
la pesca tiene un gran futuro.
Todos estos puertos se encuentran hoy bajo jurisdicción
nacional, provincial o municipal, administrados muchos de ellos por organismos
creados con esa finalidad y por concesionarios privados.
6.5.
Comunicaciones El
servicio postal, que cubre todo el país, antes propiedad estatal, ha sido
concedido al capital privado, con varias empresas que compiten entre sí.
Existen 189 teléfonos por cada mil habitantes (datos de 1997). En 1996 había
24 millones aparatos de radio y 8 millones de receptores de televisión.
En Argentina se editan 181 periódicos diarios, aunque los
principales se publican en Buenos Aires y son de difusión nacional. La
Prensa y La Nación, con tiradas de 65.000 y 210.000, respectivamente,
gozan de fama internacional por su objetividad e independencia; otros
periódicos importantes de Buenos Aires son Clarín (tirada diaria,
480.000) y La Razón (180.000). Las capitales de provincias y otras
ciudades importantes tienen diarios con fuerte implantación local. En Buenos
Aires se publican numerosas revistas de actualidad y especializadas que circulan
en todo el país.
7.
GOBIERNO Según
la Constitución de 1853, el gobierno argentino es representativo, republicano y
federal. La función ejecutiva es ejercida por el presidente que cuenta con la
ayuda del gabinete de ministros. El poder legislativo reside en el Congreso
Nacional, de carácter bicameral, formado por el Senado y la Cámara de
Diputados. En 1949 se aprobó una nueva Constitución, que fue anulada en 1956.
Tras el golpe militar de 1966, se suspendieron todas las garantías
constitucionales. Después del golpe militar de 1976 volvió a abolirse la
Constitución de 1853, aunque en 1983 fue reinstaurada al volver la democracia.
7.1.
Poder ejecutivo En
su preámbulo y en gran parte del texto, la Constitución de 1853 refleja los
ideales y aspiraciones de la Constitución de los Estados Unidos. Hasta la
reforma constitucional, el presidente y vicepresidente ocupaban sus cargos
durante un periodo de seis años, sin posibilidad de reelección consecutiva.
Desde 1966 hasta 1973, y desde 1976 hasta 1983, la Junta Militar —constituida
por los comandantes en jefe de los tres ejércitos— fue el órgano supremo del
Estado, con poderes para designar y cesar al presidente.
En 1994 se reformó la Constitución de 1853, no en el espíritu
de la letra pero sí en los aspectos instrumentales. Tres cambios sobresalientes
de la reforma son: la reducción del mandato presidencial de 6 a 4 años, con
posibilidad de una reelección; la introducción de la figura del jefe de
gabinete de ministros, y la creación del cargo de jefe de gobierno de la ciudad
de Buenos Aires con carácter electivo, ya que hasta entonces el intendente de
la capital era elegido por el presidente de la República. Se agregó a la
Constitución argentina la Constitución Americana sobre los Derechos Humanos (Pacto
de San José de Costa Rica).
La Constitución de 1853 permite la suspensión del gobierno
parlamentario y de las libertades civiles, si el presidente considera que, ante
una emergencia nacional, se requiere la implantación del estado de sitio; esta
cláusula ha sido invocada con frecuencia en la historia argentina.
La Constitución de 1994 estableció que el número de ocho
ministerios será determinado por una ley especial, además de las
modificaciones de duración de los mandatos presidenciales ya comentadas. Véase
Constitucionalismo (argentino).
7.2.
Poder legislativo La
organización de la legislatura argentina es similar a la de Estados Unidos. El
Congreso Nacional está formado por una cámara baja, representada por los 257
miembros de la Cámara de Diputados, y una cámara alta, el Senado, formado por
72 miembros (3 por cada provincia y 3 por el distrito federal desde la reforma
constitucional de 24 de agosto de 1994). Los diputados son elegidos directamente
para periodos de cuatro años y cada dos se renueva la mitad de la Cámara; los
senadores son nombrados de forma directa y conjunta para un mandato de seis
años, una tercera parte se renueva cada dos años y son reelegibles
indefinidamente. Todos los ciudadanos mayores de 18 años tienen el derecho de
votar. En 1962 se instauró la representación proporcional en las elecciones
nacionales.
7.3.
Poder judicial Los
juzgados federales engloban la Corte Suprema, diecisiete tribunales de
apelación y varios juzgados de distrito y territoriales en el ámbito local.
Los sistemas judiciales provinciales están organizados de igual modo. Véase
Derecho argentino.
7.4.
Gobierno local En
virtud de la Constitución, las provincias de Argentina eligen a sus propios
gobernadores, vicegobernadores y cámaras legislativas. Durante los periodos en
que la Constitución estuvo suspendida, los gobernadores provinciales eran
designados por el gobierno central.
7.5.
Salud y bienestar
social El
Instituto Nacional de Bienestar Social ha administrado la mayoría de los
programas de bienestar social argentinos desde su fundación en 1944. Los
trabajadores reciben servicios sanitarios de diversos sindicatos. La sanidad
pública es gratuita (véase Salud pública). El nivel de la medicina es
relativamente alto en las grandes ciudades, y constantemente se realizan
esfuerzos por mejorar las instalaciones sanitarias de las áreas rurales
distantes. La esperanza de vida es de 70,9 años para los hombres y de 78,3
años para las mujeres. En 1990 había un médico por cada 373 habitantes.
7.6.
Defensa Las
Fuerzas Armadas argentinas son una de las más modernas y mejor equipadas de
América Latina, e históricamente han jugado un papel preponderante en los
asuntos nacionales. Hasta hace poco tiempo se consideraba una milicia nacional,
existiendo una conscripción obligatoria de hasta 14 meses para todos los
varones capacitados con 18 años (véase Servicio militar obligatorio).
El Ejército de Tierra cuenta con 41.000 efectivos. La Armada dispone de un
portaaviones, seis destructores equipados con misiles, varios buques más
ligeros y submarinos, tripulados por 20.000 efectivos. Las Fuerzas Aéreas, con
12.000 efectivos, cuentan con unos 200 aviones de combate, entre los que hay
cazas a reacción y bombarderos.
8.
HISTORIA La
corte castellana envió en 1515 a Juan Díaz de Solís a explorar la costa
sudamericana, y tal vez a buscar un paso hacia las Indias Orientales. Solís
costeó el litoral de lo que en la actualidad es Brasil y entró en el Río de
la Plata el 20 de enero de 1516, reconociendo la bahía de Montevideo y la isla
de Martín García. Su muerte en una emboscada que le tendieron los indígenas
en la costa norte del río que había llamado mar Dulce, provocó el regreso de
la expedición. Sebastiano Caboto, navegante italiano al servicio de España,
penetró en el Río de la Plata en abril de 1527, exploró el río Uruguay y
remontó el Paraná, levantando cerca de la desembocadura del Carcarañá el
fuerte de Sancti Spiritus, primer asiento europeo en el Plata. Descubrió luego
los ríos Paraguay y Pilcomayo. Caboto, que no abandonó la región durante casi
cuatro años, obtuvo plata de los nativos, un metal que pronto sirvió para
nombrar a la cuenca de estos ríos y a la mayor parte de las regiones
circundantes.
8.1.
Primeros
asentamientos Hacia
1534 Pedro de Mendoza, noble y rico cortesano, aunque de poca experiencia
marítima, pidió "encarecidamente" a Carlos V le concediera una
"Jornada a Indias" a su costo. A Mendoza no sólo le entusiasmaba la
idea de participar en la colonización (con el fin de contrarrestar los avances
portugueses en el Río de la Plata), sino que llegaba a las Indias con la
esperanza de encontrar una cura contra su sífilis. En febrero de 1536, Mendoza
fundó a orillas del Riachuelo el fuerte de Santa María del Buen Aire, nombre
que se transformaría con el tiempo en Buenos Aires. Sin embargo, la falta de
alimentos y la hostilidad de los nativos provocó que los conquistadores
abandonaran el lugar cinco años después.
En 1537, uno de los lugartenientes de Mendoza, Juan Salazar de
Espinosa, fundó Asunción (en la actualidad, capital de Paraguay), que fue el
primer asentamiento permanente en la cuenca del Río de la Plata. Desde su base
en Asunción, los españoles fueron gradualmente controlando todo el territorio
situado entre los ríos Paraná y Paraguay. Entretanto, las favorables
condiciones naturales hicieron que los pequeños rebaños de ganado traídos
desde España se multiplicaran y extendieran por la Pampa, creando una
situación apta para una economía agrícola estable.
Santiago del Estero, el primer asentamiento permanente de lo que
hoy es territorio argentino, fue fundado en 1553 por colonizadores españoles
procedentes de Perú. En 1573 fueron fundadas Córdoba y Santa Fe, y en 1580
Juan de Garay inició la segunda y definitiva fundación de Buenos Aires.
En 1620, toda la región del Río de la Plata quedó bajo el
control administrativo del virreinato del Perú. Debido a la restrictiva
política comercial del gobierno español, la colonización de la región fue
lenta durante el siglo siguiente. Buenos Aires, centro de un floreciente
tráfico de productos importados, creció constantemente y a mediados del siglo
XVIII su población se acercaba a los 20.000 habitantes. En 1776, el territorio
que actualmente ocupan Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay fue separado de
Perú para crear el virreinato del Río de la Plata. Desde un punto de vista
institucional, el hecho más importante fue la designación de Pedro Antonio de
Cevallos como virrey del Río de la Plata. La corte española se decidió por
Buenos Aires como capital del virreinato, entre otras cosas por su fácil acceso
a España a través de la navegación atlántica. Aunque si bien Buenos Aires
era la capital, otras ciudades importantes tenían jurisdicción propia.
8.2.
Despertar
patriótico En
1806, dentro del periodo histórico conocido como invasiones inglesas al Río de
la Plata, Buenos Aires fue atacada por una flota británica al mando del
almirante Home Riggs Popham. El gobierno inglés suponía a la colonia mal
defendida, con una población enemistada con su gobierno y proclive a los
invasores que la liberarían del yugo español. Cuando el 25 de junio de 1806
los ingleses desembarcaron en la costa de Quilmes, el virrey, Rafael de
Sobremonte, optó por retirarse al interior dejando la capital en manos del
invasor, delegando el mando político en la Audiencia, y llevándose las cajas
reales. Esta actitud fue la causa de su ruina política.
Políticamente, la decisión de Sobremonte no sólo deterioró
profundamente la imagen del virrey sino que provocó una crisis profunda de la
autoridad virreinal. Los invasores ocuparon la ciudad, pero fueron expulsados
por una milicia popular. La nueva fuerza expedicionaria que el gobierno
británico envió a Buenos Aires fue forzada a rendirse en 1807. La expulsión
de los ingleses fue posible por el entusiasmo del pueblo, guiado por Santiago
Liniers y Bremond, quien fue nombrado virrey por Buenos Aires, luego de deponer
a Rafael de Sobremonte.
Estos acontecimientos tuvieron consecuencias imprevistas: los
miembros de la colonia, los criollos, habían comprobado su capacidad de combate
y la ineficacia de las autoridades españolas, por lo que pronto participaron de
forma activa en el movimiento independentista que había a comenzado a
extenderse por los territorios de Sudamérica bajo soberanía española. Véase
Emancipación de América Latina.
El sentimiento revolucionario en la región alcanzó su apogeo
en el periodo siguiente al destronamiento del rey español Fernando VII por
parte de Napoleón I Bonaparte en 1808. El pueblo de Buenos Aires se negó a
obedecer a José I Bonaparte, hermano de Napoleón, que se instaló en el trono
español. Al ser Liniers de nacionalidad francesa, y debido a sus simpatías
bonapartistas, se inclinó hacia el bando francés. La Junta de Sevilla —creada
para mantener la resistencia contra los franceses— decidió en 1809 que éste
debía entregar el poder a un nuevo virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros.
El 25 de mayo de 1810, los integrantes del cabildo abierto de la
ciudad (que había sido convocado el día 22) decidieron deponer al virrey e
instauraron un gobierno provincial, la Primera Junta de Gobierno, que actuaba en
nombre de Fernando VII. Poco tiempo después, el gobierno provisional rompió
con los representantes del monarca y lanzó una enérgica campaña para llevar
al interior del país la revolución, si bien resultó un fracaso. Sin embargo,
las tropas realistas sufrieron importantes derrotas en 1812 y 1813. Después de
la Revolución de mayo, algunas ciudades —como Córdoba— se opusieron a la
decisión arbitraria de Buenos Aires y surgieron algunos movimientos
antirrealistas. Mientras tanto, Buenos Aires decidió enviar expediciones para
propagar el movimiento revolucionario. En 1812 llegaron José de San Martín y
Carlos de Alvear para ponerse al frente del Ejército rebelde, proporcionándole
un carácter más profesional. Fue San Martín el encargado de organizar el
Regimiento de Granaderos a Caballo, que tuvo tanta importancia en las guerras de
la independencia argentina y que tuvo su bautismo de fuego el 3 de febrero de
1813 en la batalla de San Lorenzo. Con posterioridad se dirigió a Cuyo, donde
organizó el Ejército de los Andes, con el que cruzó a Chile y Perú.
Entre 1810 y 1815 se sucedieron varios gobiernos: Primera Junta,
Junta Grande, Primer Triunvirato, Segundo Triunvirato; todos ellos tenían su
sede en Buenos Aires y asumieron las mismas funciones del virrey. Se enviaron
expediciones al Alto Perú y a Paraguay para que estos territorios se adhirieran
a la nueva forma de gobierno, pero al estar dominados por los españoles,
optaron por permanecer separados. En 1814, Fernando VII volvió a ocupar el
trono de España y los que luchaban en el Alto Perú habían retrocedido hasta
Salta; por lo tanto, fue necesaria la declaración oficial de independencia, que
se proclamó en 1816 en el Congreso de Tucumán.
8.3.
Las Provincias
Unidas Durante
1814 y 1815, en los territorios liberados —que nominalmente todavía estaban
sujetos a la Corona española— cristalizó el sentimiento favorable a la
independencia absoluta. Los representantes de las distintas provincias se
reunieron en Tucumán en marzo de 1816; el 9 de julio de ese año, los delegados
proclamaron la independencia de España y declararon la constitución de las
Provincias Unidas de América del Sur, más tarde, denominadas Provincias Unidas
del Río de la Plata.
Se designó a un director supremo para encabezar el nuevo Estado
y se sancionó una Constitución centralista que no tuvo vigencia. Por ese
tiempo, las ideas federalistas, que estaban en auge, suponían un auténtico
contrapunto a las ideas unitarias de los porteños; esto dio lugar a un
enfrentamiento conocido como la primera batalla de Cepeda en 1820. Los caudillos
federalistas Estanislao López y Francisco Ramírez derrotaron a las tropas del
gobierno nacional (o Directorio). Se puso en marcha, así, una especie de
federalismo unigénito a partir de la formación de las 13 provincias, que en
1834 pasaron a ser 14, al separarse Jujuy de Salta. El problema que había que
resolver era la formación de un gobierno estable después de la caída del
Directorio. Las hostilidades entre las dos facciones fueron en aumento y
provocaron un enfrentamiento civil en 1819. En 1820 se restableció la paz, pero
el problema principal —la constitución de un gobierno fuerte— quedó sin
resolver.
Durante la mayor parte de la década de 1820 se extendió el
caos y el desorden político en las Provincias Unidas, situación que hubiera
continuado de no ser por la guerra con Brasil, que exigía una forma de
organización constitucional. Buenos Aires convocó una reunión de las
provincias en 1824. En el Congreso, que estuvo dominado por los unitarios, se
eligió a Bernardino Rivadavia como presidente, en tanto que Buenos Aires se
convertía en el territorio con mayor poder en la República Argentina (denominación
que comenzó a usarse a partir de ese momento). Argentina le declaró la guerra
a Brasil en diciembre de 1825 por la ocupación de la Banda Oriental; Brasil fue
derrotado y la Banda Oriental se declaró independiente, al igual que Bolivia
(Paraguay se mantenía neutral).
Para 1826 se había puesto de manifiesto el fracaso del régimen
unitario, por lo que se volvió a la antigua forma de organización, en la que
cada provincia tenía capacidad de autogobierno, en tanto que el gobernador de
la provincia de Buenos Aires se hacía cargo de las relaciones internacionales.
En 1828 Manuel Dorrego, gobernador federal en quién el resto de los
gobernadores confiaban, fue depuesto y fusilado por el general unitario Juan
Lavalle, dando lugar a una guerra civil. En Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas
fue el encargado de resistir a los golpistas y en 1829 fue elegido gobernador,
restituyendo la cámara legislativa.
Las provincias del interior constituyeron, en agosto de 1830, la
llamada Liga Unitaria o Liga del Interior, que, en un primer momento, derrocó a
los gobiernos federales y se enfrentó al poder de Buenos Aires, dando origen,
como respuesta, al Pacto Federal en enero de 1831 (integrado por Buenos Aires,
Corrientes y Santa Fe). En este pacto se acordó que, cuando se dieran las
condiciones, se erigiría un gobierno federal. Además, se estableció un
compromiso militar para defenderse de los posibles ataques unitarios, lo que
permitió vencer al general José María Paz y terminar con la etapa anárquica.
Entre 1829 y 1832, Rosas había logrado poner en orden y
pacificar la provincia de Buenos Aires; solicitó entonces que se le otorgaran
facultades extraordinarias para poder continuar con su labor, pero le fueron
negadas y se sucedieron algunos gobernadores en el cargo. En 1834 se produjo una
guerra entre las provincias de Tucumán y Salta; Rosas ordenó a Juan Facundo
Quiroga, caudillo riojano y delegado de Buenos Aires, mediar en el conflicto,
pero fue asesinado en Barranca Yaco, dejando al país bajo la poderosa y única
influencia de Rosas, que asumió la gobernación de Buenos Aires entre 1835 y
1852.
Durante 17 años Rosas se mantuvo en el poder, sosteniendo que
aún no se daban las condiciones para la formación de un régimen federal,
promoviendo la autonomía de cada una de las provincias. Su gobierno fue
conservador y proteccionista, hasta el punto de volverse anacrónico. Durante
esos años, además, se sucedieron varios bloqueos del puerto de Buenos Aires
por parte de Gran Bretaña y Francia, que fueron resistidos con éxito por las
provincias.
En 1852 Justo José de Urquiza, caudillo de la provincia de
Entre Ríos, defensor de una organización territorial basada en una
Constitución central, encabezó una revolución en contra de Rosas, cuyo
momento culminante fue la batalla de Caseros, en la que las tropas de Rosas
fueron derrotadas. Estando ya asentadas las bases de la organización nacional,
pudo promulgarse una Constitución en 1853, a pesar de que Buenos Aires se negó
a firmarla.
8.4.
Gobierno
republicano Urquiza
fue elegido presidente bajo la nueva Constitución, aunque la ciudad de Buenos
Aires permaneció separada bajo la influencia de Bartolomé Mitre. En 1859 se
firmó el Pacto de San José de Flores por el cual el Estado de Buenos Aires
pasaba a integrar la Confederación, pero hicieron falta dos batallas (una en
Cepeda, en octubre de 1859, y otra en Pavón, en septiembre de 1861) para
finalizar con la división que afectaba al territorio argentino. En 1862 se
celebraron elecciones mediante las que Mitre fue elegido presidente de la
Confederación Argentina, con su capital en Buenos Aires.
En marzo de 1865, el litigio entre Paraguay y Uruguay hizo que
las tropas paraguayas entraran en territorio argentino, dando lugar a la
sangrienta guerra de la Triple Alianza (que enfrentó a Brasil, Argentina y
Uruguay con Paraguay). Entre 1866 y 1870 los ejércitos de los tres países
invadieron Paraguay, matando a las dos terceras partes de la población
paraguaya (90% de la población masculina).
A Mitre siguieron los gobiernos de Domingo Faustino Sarmiento
(1868-1874) y Nicolás Avellaneda (1874-1880). A pesar de que no existió
limpieza electoral en los comicios que les condujeron a la jefatura del Estado,
estas tres presidencias sentaron los cimientos de la construcción de la
Argentina moderna. Las actuaciones prioritarias se centraron en la educación,
la inmigración y la libertad económica.
Durante la presidencia de Avellaneda se realizó la primera
campaña al Desierto, empresa a cargo de Julio Argentino Roca, que buscaba
incorporar los territorios patagónicos a la Confederación. Esta campaña ha
sido duramente criticada por la excesiva crueldad con la que se atacó a los
aborígenes argentinos. Además, debido a un conflicto de poderes entre el
gobernador de la provincia de Buenos Aires y el presidente de la Nación, la
ciudad de Buenos Aires fue proclamada Capital Federal y Dardo Rocha, gobernador
de Buenos Aires, fundó en 1882 la ciudad de La Plata con el fin de establecer
una capital provincial diferenciada.
Roca fue elegido presidente de la Nación, lo que dio lugar al
inicio de una etapa de gran progreso económico, institucional y educativo,
integrándose el país al comercio mundial y convirtiéndose en una de las
principales naciones exportadoras de materias primas del mundo.
A pesar de los adelantos de la Argentina, la clase media y los
sectores populares quedaron postergados durante muchos años, lo que provocó el
estallido de numerosos levantamientos de diversa índole (como los que tuvieron
lugar 1890, 1893 y 1905), si bien todos ellos pudieron ser controlados por el
gobierno.
En otro orden de cosas, durante los primeros años del siglo XX,
se desarrolló de manera creciente la inmigración de un gran número de
europeos, que fue promovida por los gobernantes argentinos en búsqueda de un
incremento rápido de la población del país mediante la llegada de un
abundante contingente de trabajadores.
El sufragio no era universal y las elecciones eran fraudulentas,
por lo que el presidente del país era elegido por un sector elitista. Esto
cambió cuando, en 1912 y gracias al impulso dado por el presidente Roque Sáenz
Peña, se promulgó una ley (conocida popularmente como Ley Sáenz Peña) por la
cual el voto pasó a ser secreto y obligatorio para toda la población masculina.
Bajo el marco de esta nueva ley, en 1916 fue elegido presidente Hipólito
Yrigoyen, representante de la clase media y candidato por la Unión Cívica
Radical.
Durante el gobierno de Yrigoyen y de su sucesor, Marcelo
Torcuato de Alvear, la Argentina mantuvo una posición neutral durante la I
Guerra Mundial, lo que la convirtió en una de las naciones más ricas del mundo.
8.5.
La "Década
Infame" La
crisis económica mundial que estalló en 1929 tuvo serias repercusiones en la
Argentina. El desempleo y otras dificultades provocaron una profunda inquietud
social y política que llevó a que en septiembre de 1930, a dos años de que
comenzara la segunda presidencia de Yrigoyen, los conservadores, aliados con los
militares y dirigidos por José Félix Uriburu, dieran un golpe militar que
interrumpió, por primera vez desde 1853, la continuidad constitucional
argentina, poniendo a la oligarquía nuevamente en el poder.
Este periodo, conocido como la "Década Infame" (aunque
otros autores prefieren emplear la expresión, mucho más aséptica, de "Restauración
Conservadora"), caracterizado por el fraude electoral y la corrupción. Las
condiciones económicas mejoraron durante el mandato del general Agustín Pedro
Justo, aunque se intensificó la agitación política, que culminó con fallidas
rebeliones de la Unión Cívica Radical en 1933 y 1934. En mayo de 1936, en los
comicios presidenciales convocados para renovar el cargo, resultaron electos
Roberto María Ortiz como presidente y Ramón Castillo como vicepresidente,
gracias al fraude electoral generalizado. Sin embargo, Ortiz tomó fuertes
medidas para fortalecer la democracia: se reprimieron actividades subversivas de
los agentes alemanes, que se habían incrementado tras la victoria del
nacionalsocialismo en Alemania, y la corrupta maquinaria electoral del país fue
desarticulada. Al estallar la II Guerra Mundial, Ortiz decidió mantener la
posición neutral que Argentina había tomado durante la Gran Guerra.
8.6.
La II Guerra
Mundial En
julio de 1940, Ortiz renunció a su cargo por enfermedad, asumiendo la
presidencia Ramón Castillo, un conservador que abandonó la línea seguida en
política interior y exterior por su predecesor, aunque mantuvo la neutralidad,
y aún luego del ataque a Pearl Harbor se negó a romper relaciones con las
potencias del Eje.
Castillo fue depuesto de su cargo en 1943 por un grupo de
militares encabezado por Arturo Rawson, partidario de la ruptura de relaciones
con Alemania y Japón, y contrario a la designación de Robustiano Patrón
Costas como sucesor de aquél. Sin embargo, y debido a las rivalidades internas
dentro del grupo que había provocado el golpe, Rawson fue obligado a dimitir y
la presidencia provisional fue asumida por el general Pedro Pablo Ramírez, otro
de los líderes del golpe. Poco después, Ramírez disolvió los partidos
políticos, cerró los diarios de la oposición y sofocó los últimos restos de
democracia en el país. Debido al aislamiento económico por parte de Estados
Unidos, en enero de 1944 el gobierno se vio obligado a declarar la ruptura de
relaciones con Alemania y Japón.
Temerosa de que Ramírez se dispusiera a declarar la guerra a
Alemania por la presión de Estados Unidos, una Junta Militar, los llamados
"coroneles" (integrados en una influyente logia militar denominada
Grupo de Oficiales Unidos), le obligó a renunciar el 2 de febrero de 1944 (dada
la simpatía que esta Junta Militar tenía por las fuerzas del Eje, el
mantenerse neutral se debió a la inseguridad de sus miembros respecto al
resultado de la contienda y al interés por sostener una relación óptima fuera
quien fuera el ganador). Uno de los personajes centrales de esta Junta era el
coronel Juan Domingo Perón, quien había ocupado el puesto de subsecretario de
Trabajo durante el régimen de Ramírez, continuando en dicho cargo tras su
sustitución por el general Edelmiro Julián Farrel, de quien era su
vicepresidente. Además, Perón estaba a la cabeza del Ministerio de Guerra, lo
que lo convertía en un hombre de muy amplio poder.
A pesar de las alegaciones de solidaridad con la causa aliada,
el gobierno siguió reprimiendo toda actividad democrática y protegiendo a los
agentes alemanes. En julio, el gobierno estadounidense acusó a la Argentina de
ayudar a las potencias del Eje. Finalmente, el 27 de marzo de 1945, cuando la
victoria de los aliados en Europa estaba asegurada, Argentina declaró la guerra
a Alemania y Japón. Al mes siguiente, el gobierno firmó el Acta de Chapultepec,
un convenio de asistencia mutua de las naciones americanas contra la agresión
extranjera. Argentina fue miembro fundador de la Organización de las Naciones
Unidas (ONU) en junio de ese año.
8.7.
La era peronista El
trato que Perón tenía con los sindicatos argentinos, sumado a la constante
lucha librada contra los comunistas, provocó que la corriente mayoritaria del
sindicalismo en Argentina fuera principalmente católica y conservadora. Además,
cuando el gobierno de Farrel intentó destituir a Perón con el fin de
contrarrestar su creciente poder en la vida política, un gran número de
trabajadores salió a la calle el 17 de octubre de 1945 a reclamar su
restitución en el cargo. Esta fecha ha pasado a ser considerada el punto de
arranque del peronismo en tanto que movimiento político de masas.
Cuando a comienzos de 1946 el gobierno militar de Ramírez
convocó elecciones, apareció en Argentina una nueva agrupación electoral, el
peronismo, auspiciada por el gobierno. Organizado formalmente como Partido
Laborista y con Perón como candidato a la presidencia, este grupo obtuvo sus
principales apoyos entre los sectores más desfavorecidos de la clase
trabajadora rural y urbana. Los peronistas realizaron una exitosa campaña entre
estos trabajadores, conocidos popularmente como "descamisados", con
promesas de tierra, mayores salarios y el establecimiento de un sistema de
seguridad social. Perón resultó electo con una amplia diferencia respecto a su
opositor, José Tamborini.
Meses antes, Perón había contraído matrimonio con una actriz,
Eva Duarte, quien, como primera dama de la Argentina, dirigió las relaciones
sindicales y los servicios sociales puestos en marcha por el gobierno de su
marido, hasta su prematura muerte en 1952. Adorada por las masas, influyó para
que se estableciera el sufragio femenino (logrando la integración de la mujer
en la vida política argentina) y fue, más que nadie, la responsable de la
popularidad del régimen de Perón (quien manejaba a las masas con consumada
habilidad). En octubre de 1946, Perón promulgó un ambicioso plan quinquenal
para la expansión de la economía, que consistía principalmente en utilizar el
gasto público como medio para reactivar el mercado luego de la recesión por la
que había pasado.
8.8.
Nueva
Constitución En
marzo de 1949, la Asamblea Constituyente convocada por Perón promulgó una
nueva Constitución que permitía la reelección del presidente para un segundo
mandato consecutivo e incluía novedosos artículos relacionados con los
derechos de los trabajadores. Aprovechando la nueva ley fundamental, el Partido
Justicialista (peronista) designó candidato a Perón para los comicios de 1952.
Poco a poco, fueron creciendo las críticas contra el régimen
por parte de los partidos y la prensa de oposición. La mayoría peronista en el
Congreso tomó represalias en septiembre de ese año, aprobando leyes que
contemplaban el encarcelamiento de personas que se mostraran "irrespetuosas"
con los dirigentes gubernamentales, y durante los siguientes meses varios
opositores al régimen fueron encarcelados. Poco después, el Congreso
instituyó nuevas medidas de represalia, entre ellas la supresión de la Prensa
opositora. La Prensa, el principal periódico independiente, fue cerrado
en marzo de 1951; al mes siguiente, el Congreso aprobó una ley que expropiaba
el periódico. Antes de las elecciones, que se celebraron en noviembre de 1951,
en lugar de febrero de 1952 (la fecha inicialmente prevista), se impusieron
severas restricciones a los partidos de la oposición. Perón fue reelegido por
una amplia mayoría y sus candidatos obtuvieron 135 de los 149 escaños de la
Cámara de Diputados.
8.9.
Segunda
presidencia de Perón En
enero de 1953, el gobierno lanzó un segundo plan quinquenal que hacía
hincapié en el incremento de la producción agrícola en lugar de la
industrialización, objetivo del primer plan, y reducía muy considerablemente
el gasto público. Durante 1953 Argentina formalizó importantes acuerdos
económicos y comerciales con diversos países, especialmente con Gran Bretaña,
la Unión Soviética y Chile. En 1953, el intercambio produjo una balanza
comercial favorable por primera vez desde 1950. Sin embargo, la presión
inflacionista, que desde 1948 había provocado un incremento de más del 200% en
el costo de la vida, no cesó.
Perón controlaba la prensa, las masas obreras, el Ejército y
las empresas, pero no la Iglesia; por esta causa puede entenderse que en los
meses siguientes se profundizara el abismo entre la Iglesia y el Estado, que
durante la primera presidencia de Perón habían estado aliados, pero luego del
cambio de actitud de Perón la Iglesia pasó a ser el baluarte de la dispersa
oposición.
8.10.
La "Revolución
Libertadora" El
16 de junio de 1955, elementos disidentes de la Armada argentina y de la Fuerza
Aérea lanzaron una rebelión en Buenos Aires. Sin embargo, el Ejército de
Tierra se mantuvo leal al gobierno y el levantamiento fue pronto sofocado. A
manera de venganza, durante la noche se produjo la quema de numerosas iglesias.
En las semanas siguientes aumentó la tensión a medida que distintas facciones
dentro del gobierno y de las Fuerzas Armadas tomaban posiciones; en un discurso
pronunciado a fines de agosto, Perón, refiriéndose al asesinato de unos
peronistas, dijo que por cada peronista que cayera, caerían cinco miembros de
la oposición.
Finalmente, el 16 de septiembre, grupos insurgentes de los tres
ejércitos lanzaron una rebelión concertada, llamada la "Revolución
Libertadora", una serie de enfrentamientos que duraron tres días y en los
que murieron unas 4.000 personas, lo que provocó la dimisión de Perón y su
huida y refugio en una cañonera paraguaya anclada en el puerto de Buenos Aires.
El 20 de septiembre, el líder de los insurgentes, el general de división
Eduardo Lonardi, asumió la presidencia provisional, prometiendo restablecer la
democracia. Perón se marchó al exilio, primero a Paraguay y posteriormente a
Venezuela, República Dominicana y España.
8.11.
Presidentes
provisionales En
poco menos de dos meses, el gobierno de Lonardi fue depuesto en un incruento
golpe militar dirigido por el teniente general Pedro Eugenio Aramburu. El motivo
alegado para la revuelta fue que Lonardi se negaba a suprimir las actividades de
los peronistas en el Ejército y en los sindicatos.
En junio de 1956 fue aplastada una rebelión peronista, tras la
que fueron arrestadas miles de personas y fusilados 38 supuestos peronistas. En
los meses posteriores, varios centenares de personas fueron encarceladas bajo la
acusación de conspirar para derrocar al nuevo régimen.
Bajo la influencia de Aramburu, en julio se convocaron
elecciones para la Asamblea Constituyente que se encargaría de reformar la
Constitución para eliminar los cambios hechos por la Asamblea anterior. La
moderada Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), encabezada por Ricardo
Balbín, fue la agrupación más votada, seguida de cerca por la Unión Cívica
Radical Intransigente (UCRI), más izquierdista, dirigida por Arturo Frondizi.
Estos partidos eran sectores escindidos de la antigua Unión Cívica Radical.
Los peronistas, cuyo partido fue prohibido, votaron en blanco siguiendo
instrucciones dadas por su líder desde el exilio, superando los votos en blanco
a los conseguidos por cualquier otro partido, hasta el punto de constituir casi
una cuarta parte de los votos emitidos.
8.12.
Presidentes
electos La
Asamblea Constituyente, que comenzó sus deliberaciones en septiembre en la
ciudad de Santa Fe, volvió a adoptar la Constitución de 1853 (agregando
únicamente un artículo sobre los derechos de los trabajadores) tras la
retirada de la UCRI y de otros partidos. Cuando en febrero de 1958 se celebraron
las elecciones presidenciales, Arturo Frondizi obtuvo la presidencia gracias al
apoyo de los peronistas. En efecto, el líder radical había hecho un pacto con
Perón, por el cual se comprometía a levantar las prohibiciones que estaban
sufriendo los militantes peronistas y a permitir el regreso del general. El 1 de
mayo de 1958 se restableció el gobierno representativo.
A pesar de la intranquilidad sindical y de los continuos
incrementos en el costo de la vida, a principios de 1959 se alcanzó cierta
estabilidad económica gracias a la ayuda de sustanciales créditos y préstamos
extranjeros. En 1960, los préstamos obtenidos de organismos públicos y
privados de Estados Unidos totalizaban 1.000 millones de dólares. La
participación de Argentina en la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio
(ALALC) fundada en 1960, ayudó a promover el intercambio comercial con otros
países de la región.
La popularidad de Frondizi cayó en picado durante 1961, cuando
Perón, descontento con su gobierno, le retiró su apoyo. En las elecciones
provinciales y legislativas celebradas en marzo de 1962, los peronistas, a
quienes se había vuelto a permitir la participación bajo distintas siglas (como
Unión del Pueblo), se alzaron con el 35% de los votos, obteniendo la
gobernación de la provincia de Buenos Aires. Aunque Frondizi vetó a cinco
candidatos peronistas ganadores de otras tantas gobernaciones provinciales, los
militares criticaban su indulgencia hacia el peronismo. Otro factor que
debilitó su imagen fue la entrevista secreta con el Che Guevara. La política
internacional fue decisiva en la caída del gobierno de Frondizi y uno de los
aspectos más importantes de su presidencia. Debe recordarse el plan para el
desarrollo latinoamericano (denominado la Alianza para el Progreso) lanzado por
el presidente de Estados Unidos John Fitzgerald Kennedy y el problema respecto a
las relaciones con Cuba. Cuando Guevara fue a Punta del Este para la
presentación del plan, viajó (supuestamente en secreto) a Buenos Aires para
entrevistarse con Frondizi; al día siguiente todo el país se enteró de esos
hechos, despertando las reticencias en un sector del Ejército y la derecha.
Frondizi fue entonces obligado a renunciar y, puesto que el
vicepresidente había dimitido poco después de su asunción (según la
Constitución, el vicepresidente es a la vez presidente del Senado), asumió la
presidencia el entonces vicepresidente primero de la cámara de senadores, José
María Guido.
Su mandato fue manipulado por las Fuerzas Armadas, en cuyo seno
se produjeron una serie de enfrentamientos entre los más acérrimos
antiperonistas y anticomunistas (los colorados) y la facción constitucionalista
(los azules), la cual se impuso y se convocaron nuevas elecciones en 1963, en
las que se prohibió la participación de los peronistas. Con casi el 30% de
votos en blanco y tan sólo poco más de 23% a su favor, resultó elegido
presidente Arturo Umberto Illia, un moderado de la UCRP, quien anunció un
programa de recuperación nacional y regulación de las inversiones extranjeras,
intentando controlar el aumento de los precios, la especulación y la
intranquilidad sindical, mediante la promulgación de leyes que establecían
precios fijos y salarios mínimos.
8.13.
Gobierno militar En
las elecciones de 1965 los candidatos peronistas obtuvieron considerables
avances, aunque el partido de Illia mantuvo, con 71 escaños, la mayoría en la
Cámara de Diputados. La intranquilidad sindical se incrementó en 1966,
mientras los peronistas seguían ganando elecciones parciales. Como resultado,
en junio de ese año se produjo un golpe militar y se estableció una Junta que
nombró presidente en primer lugar a Juan Carlos Onganía, luego a Roberto
Marcelo Levingston y, finalmente, al teniente general Alejandro Agustín Lanusse,
que asumió su cargo en 1971, tras la grave crisis política ocasionada, entre
otros factores, por el levantamiento popular conocido como el "Cordobazo".
En los primeros meses de su mandato, Lanusse adoptó una serie de iniciativas
tendentes a restaurar el gobierno civil. Anunció un programa económico para
controlar la espiral inflacionista y convocó elecciones nacionales para marzo
de 1973.
Sin embargo, en 1972 el país se vio envuelto en una ola de
violencia, con huelgas, manifestaciones estudiantiles y actividades terroristas.
Esta situación provocó una nueva crisis económica. Los peronistas, a los que
se permitió participar en las elecciones, designaron a su exiliado líder
candidato para la presidencia. Sin embargo, como permaneció en España tras la
fecha estipulada para fijar su residencia permanente en Argentina y así poder
inscribirse como candidato, se nominó a Héctor José Cámpora en su lugar.
8.14.
Regreso y muerte
de Perón Los
peronistas, agrupados bajo las siglas del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI),
barrieron en las elecciones de marzo de 1973, asumiendo Cámpora la presidencia
el 25 de mayo. La escalada terrorista, en la que ahora participaban grupos de
extrema derecha, fue en aumento, con numerosos secuestros y asesinatos; también
las divisiones entre peronistas de extrema izquierda, extrema derecha y
moderados contribuyeron a generalizar la violencia. El 20 de junio, fecha en la
que Perón regresó a la Argentina, en el camino hacia el aeropuerto de Ezeiza
(Buenos Aires) estalló una batalla campal entre las facciones peronistas en la
que murieron al menos 80 personas.
Un mes más tarde, Cámpora presentó su dimisión y en
septiembre Perón fue elegido presidente con más del 61% de los votos; su
tercera esposa, María Estela Martínez de Perón, conocida como Isabelita,
tomó el cargo de vicepresidenta, ya que el elegir a un representante de
cualquiera de las tres facciones peronistas como compañero de Perón hubiera
provocado aún más divisiones.
Sin embargo, la tensión fue excesiva para Perón, que estaba
enfermo y débil. El 1 de julio de 1974 falleció, siendo sucedido por su esposa,
la primera mujer que alcanzó la jefatura de Estado de un país latinoamericano
contemporáneo. Durante su mandato (manejado totalmente por el peronista José
Lopez Rega), la situación política y económica se deterioró rápidamente.
En 1975, las actividades terroristas de grupos de extrema
izquierda y extrema derecha se cobraron las vidas de más de 700 personas. El
coste de la vida se incrementó en un 335%, mientras las huelgas y
manifestaciones eran frecuentes. Tras repetidas crisis gubernamentales y un
fallido intento de rebelión de las Fuerzas Aéreas en diciembre de 1975, una
Junta Militar dirigida por el comandante en jefe del Ejército, teniente general
Jorge Rafael Videla, tomó el poder el 24 de marzo de 1976. La Junta Militar
disolvió el Congreso, impuso la ley marcial y gobernó por decreto.
8.15.
Dictadura militar
y guerra de las Malvinas Durante
los primeros meses posteriores al golpe militar se mantuvo la actividad
terrorista de algunos grupos de izquierda, pero se aplacó después de que el
gobierno de Videla lanzara su propia campaña terrorista contra los opositores
políticos. En 1977, la Comisión Argentina de Derechos Humanos denunció ante
la ONU al régimen militar, acusándolo de cometer 2.300 asesinatos políticos,
unos 10.000 arrestos por causas políticas y la desaparición de entre 20.000 y
30.000 personas, muchas de las cuales fueron asesinadas y sepultadas en tumbas
anónimas.
La economía siguió siendo caótica. En marzo de 1981, Videla
fue sucedido en la presidencia por el teniente general Roberto Viola, sustituido
en diciembre del mismo año por el comandante en jefe del Ejército, el teniente
general Leopoldo Galtieri, cuyo gobierno consiguió el apoyo casi unánime de la
ciudadanía en abril de 1982 al ocupar por la fuerza las islas Malvinas,
territorio reclamado por Argentina desde 1833. Gran Bretaña recuperó las islas
en junio tras la breve guerra de las Malvinas y el desacreditado Galtieri fue
reemplazado por el general de división Reynaldo Bignone, que se vio abocado,
ante el descrédito internacional de la Junta Militar, a convocar elecciones y a
entregar el poder a un gobierno constitucional.
8.16.
El retorno a la
democracia Sacudida
por la represión y el terrorismo de Estado, y con una deuda externa sin
precedentes, Argentina celebró, después de una década, elecciones
presidenciales en octubre de 1983. El ganador fue el candidato de la Unión
Cívica Radical (UCR) Raúl Alfonsín. Bajo su mandato, la nación volvió a la
democracia; se reorganizaron las Fuerzas Armadas, se enjuició a la antigua
Junta militar (Videla, Massera y Agosti) por violación de los derechos humanos;
se sancionaron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, por las cuales no
se realizarían más juicios a los militares de menor rango. Además, se aprobó
un tratado para resolver una disputa fronteriza con Chile por tres islas del
canal de Beagle.
La Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), fundada
en 1981, sustituyó a la ALALC como organismo para la reducción de aranceles en
el intercambio comercial entre los países miembros. Entre 1986 y 1990 Argentina
firmó una serie de tratados de integración previstos para reducir aún más
las barreras aduaneras entre los países latinoamericanos. A finales del
gobierno de Alfonsín ya comenzó a hablarse de lo que sería el Mercosur
(Mercado Común del Sur) y de como permitiría la integración de las economías
de la región. Así, en 1991 los mandatarios de Argentina, Brasil, Paraguay y
Uruguay firmaron el Tratado de Asunción, por el que se daba vía libre a su
creación.
Bajo el gobierno de Alfonsín se renegoció la deuda externa, se
instituyeron reformas fiscales y se estableció una nueva moneda (austral). Sin
embargo, la inflación se mantuvo alta y en abril, mayo y junio de 1989, se
produjo un periodo de hiperinflación sin precedentes en la Argentina llegando a
más del 200% en el mes de junio. Las elecciones presidenciales celebradas en el
mes de mayo dieron el triunfo al candidato peronista Carlos Saúl Menem. La
grave crisis económica hizo que el traspaso de poderes fuera adelantado y Menem
asumió la presidencia antes de lo esperado.
Ante el rápido deterioro de la economía del país, Menem
impuso un duro programa de austeridad. A principios de la década de 1990, su
gobierno sofocó la inflación, equilibró el presupuesto, vendió empresas
estatales a inversores privados y renegoció la deuda. En 1992 se restablecieron
las relaciones diplomáticas plenas con el Reino Unido, lo que ayudó a reparar
las heridas de la guerra de Malvinas. En 1994 la Argentina firmó el Tratado de
Tlatelolco, por el que se declaraba país libre de armas nucleares. Además, por
decreto presidencial, fueron indultados los militares que habían sido
condenados durante la presidencia de Raúl Alfonsín.
En diciembre de 1993, el presidente Menem alcanzó un acuerdo
con su predecesor en el cargo para modificar la Constitución, reduciendo el
mandato presidencial de seis a cuatro años y permitiendo la reelección
presidencial, ademá |