Ella tiene razones para
estar ahí. Su marido trabajó durante 27 años como chofer en los camiones
de San Ángel, y cuando desapareció Ruta-100, sólo le dieron 70 mil pesos
de liquidación. Ahora ambos están en el umbral de la llamada "tercera
edad" y tienen que vender frutas, "o lo que sea", para poder sobrevivir.
No hay pensión ni "ayuda para viejitos" que los caliente. A sus 64
años, Herminia Arenal Convoy camina desde el kilómetro 13 de la
carretera México-Toluca para llegar a tiempo a la cita -7:00 de la
mañana- e iniciar otro recorrido de dos horas, desde la fuente de
Petróleos hasta la puerta de Chapultepec.
Ella también ha sufrido pérdidas. por tres generaciones. "La pobreza
es más cansada que estas marchas, créamelo", dice. Van con ella su nieto,
su hija y el yerno. Caminan juntos, despacio, por ese tendido de carpas
que ocupan todo Paseo de la Reforma.
"¿Qué tiene, madrecita?", le preguntan. Entonces llora, en silencio,
sin aspavientos ni temblores. No puede creer que aquel, que es casi su
ídolo, la haya abrazado y besado en la frente.
Cada quien madura sus infortunios de distinta forma. A unos pasos de
ella, Consuelo Reyes Jerónimo, de 74 años, sonríe y camina con paso
firme.
-¿No se ha cansado?
-¡Noo, todavía puedo. y voy a seguir hasta donde él llegue!
Viene desde San Pedro El Chico con sus dos hijas y dos nietos; "¡y
hasta el perro me traje!", remata, feliz, orgullosa.
__Ya lleva dos horas caminando -¿Ya se dio cuenta? -le preguntan a la
humilde anciana.
-¡Uyyy, ni lo he sentido, porque ya lo apreté y ya lo besé! -dice
feliz, y sigue avanzando, muy ufana, apoyada del brazo de su nieto.
Son las 7:00 y Andrés Manuel López Obrador ha iniciado el primer
recorrido de inspección por los campamentos de la resistencia civil.
Sobre la marcha, improvisa cinco pequeños discursos: arenga a grupos de
30, 50, 100 personas en cada alto que hace, y vuelve a llamar
"hipócrita" al presidente Fox.
"Hay quienes de manera hipócrita se rasgan las vestiduras. hay
quienes, cuando estaban en la oposición, llamaban a tomar carreteras y
aeropuertos. Me refiero a Fox, que además padece amnesia y ahora dice
que hay que respetar las instituciones".
Al otro lado del arroyo, por la zona hotelera, suenan claxonazos.
Mentadas de madre menudean cuando descubren al perredista.
Él continúa su discurso:
"¿Qué otro camino tenemos? ¿Quedarnos con los brazos cruzados? ¿La
violencia? Nooo: ni sometimiento ni violencia", dice y sigue su caminata,
custodiado por un magro cuerpo de seguridad, que con trabajos puede
contener a los pequeños grupos que se le acercan.
Doña Herminia viene desde la colonia San Fernando, del estado de
México. Se levantó antes de las 5:00 de la mañana para emprender ese
recorrido. No imagina que lo tendrá tan cerca, al alcance de un abrazo
apretado, de un beso en la frente. Cuando esto ocurre, queda aturdida,
incrédula.
-¿Qué le dijo? -le pregunta un reportero.
-Que dios lo bendiga y nos ayude; que tengamos fe -entonces los ojos
se rasan en lágrimas.
-¿Y usted qué le pidió?
-Nada. Sólo que dios lo ayude.
Es una mañana fresca, luego de otra noche de llovizna. Los
manifestantes -pocos, dentro de una sucesión de carpas vacías- parecen
haberse aclimatado ya a las condiciones.