Teotihuacan

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México Prehispánico

Sorprendente documental sobre Teotihuacán

Teotihuacán es el nombre que se da a la que fue una de las mayores ciudades prehispánicas de Mesoamérica. El topónimo es de origen náhuatl y fue empleado por los mexicas, pero se desconoce el nombre que le daban sus habitantes.

La ciudad-estado de Teotihuacán fue el principal núcleo de poder centralizado en el interior del valle de México. Con una población en torno a los 125.000 habitantes, fue una de las ciudades más grandes del mundo en su época. Su pirámide del Sol rivaliza con las pirámides de Egipto, y su red comercial de larga distancia llegaba hasta la costa pacífica del sur de Guatemala.

Everen T. Brown

c. 200? a.C. - d.C. c. 650?
Desarrollo de Teotihuacán

Situada a 45 km al noreste del Distrito Federal, sobre la llanura noroccidental de México-Tenochitlán, Teotihuacán constituye el principal centro arqueológico de las culturas prehispánicas de Mesoamérica y un lugar sagrado para los pueblos indígenas que habitaban la región. La ciudad ocupaba unos 21 km2 de superficie, sobre la que se extendían bloques de viviendas de varios pisos, mercados, multitud de pequeños talleres, templos sobre plataformas y palacios cubiertos de murales. Desde un punto de vista arquitectónico, su obra más fabulosa es la gran pirámide del Sol (levantada en el siglo II a.C.), un edificio de 72 m de altura y 240 m2 de extensión, cuyo conjunto completan la pirámide de la Luna y un área en terraplenes conocida como La Ciudadela. Pero, además, cabe destacar la cerámica encontrada: braseros de barro, máscaras con forma trapezoidal, vasijas trípodes con decoraciones al temple, bajorrelieves, cloisonné y champlevé. Destaca el uso de una arcilla llamada 'naranja fina', que es delgada y exige altas temperaturas en la cocción.

100 - 800
Auge zapoteca

El auge de la cultura zapoteca tuvo lugar entre el año 100 d.C. y el 800 d.C., y coincidió con el esplendor de Teotihuacán en la región central. Monte Albán llegó entonces a su máximo esplendor; de ello dan fe los templos, palacios, adoratorios, plazas, juegos de pelota y otras edificaciones que allí pueden contemplarse.

c. 180?
Teotihuacán, centro del comercio mesoamericano

La ciudad mesoamericana de Teotihuacán es el centro de una poderosa red comercial que lleva su influjo hasta los desiertos de Sonora y Sinaloa, en el norte, y hasta Uaxactún y Tikal, en las tierras bajas mayas. El resultado de ello es un incomparable perfeccionamiento técnico de todas las artes.

c. 650?
Declive de Teotihuacán

En el año 650 el asentamiento de Teotihuacán, en el valle de México, fue incendiado y abandonado. Hasta ese momento, y durante más de 500 años, Teotihuacán había sido el centro de poder dominante en Mesoamérica, el área en el que se desarrollaron las civilizaciones de varios pueblos indígenas.

Pueblo zapoteca

1   INTRODUCCIÓN

Pueblo zapoteca, pueblo mesoamericano perteneciente al tronco lingüístico otomangue, establecido desde el I milenio a.C. en la sierra, valle central y en la parte del istmo de Tehuantepec de lo que es en la actualidad el estado mexicano de Oaxaca, que tuvo una destacada importancia durante el periodo precolombino y recibió la influencia de los olmecas, es decir, de los creadores de la cultura madre que comenzó a florecer en las costas del golfo de México, en la región limítrofe de los actuales estados mexicanos de Veracruz-Llave y Tabasco.

2   LOS ZAPOTECAS PRECOLOMBINOS
Monte Albán (México)
Monte Albán, que se encuentra en un altiplano del valle de Oaxaca, fue el emplazamiento del antiguo centro de la civilización zapoteca aproximadamente desde el 500 a.C. hasta fechas cercanas a la conquista española. La mayoría de los edificios encontrados datan del 600 y 700 d.C., época en la que esta cultura se hallaba en su momento de mayor apogeo.
Photo Researchers, Inc./Betsy Blass

Hacia el siglo VI a.C., los zapotecas estaban en posesión de un sistema calendárico y también de una forma de escritura. De ello dan testimonio las centenares de estelas con inscripciones que se conservan en el centro ceremonial de Monte Albán. Dichas estelas se conocen como de “los danzantes”, ya que las posturas de las figuras humanas con las que se registran tales inscripciones, mueven a pensar que están bailando. En esa primera etapa del desarrollo zapoteca comenzaron a construirse tumbas de cajón o rectangulares en las que aparecen ofrendas y representaciones del dios de la lluvia Cocijo, deidad que habría de tener un lugar muy importante en el panteón zapoteca.

En los siglos siguientes, según los datos proporcionados por la arqueología, pueden distinguirse varios periodos de ulterior desarrollo. En el que abarca desde el 300 a.C. hasta el 100 d.C., se dejó sentir la presencia de algunos elementos que más tarde se desarrollarían con mayor fuerza entre los mayas. De esa época provienen asimismo edificaciones más suntuosas, entre ellas las de varios juegos de pelota (emplazamientos donde se practicaba el tlachtli) y algunos templos en Monte Albán y en otros lugares de Oaxaca como Yagul, Teotitlán y Zaachila.

A ese periodo siguió el del auge de la cultura zapoteca, entre el año 100 d.C. y el 800 d.C., que coincidió con el esplendor de Teotihuacán en la región central. Fue entonces cuando el centro de Monte Albán llegó a su máximo florecimiento. De ello dan fe los templos, palacios, adoratorios, plazas, juegos de pelota y otras edificaciones que allí pueden contemplarse. Además de Cocijo, dios de la lluvia, se adoraba a la pareja de dioses creadores llamados Pitao Cozaana y Pitao Nohuichana, representación de la dualidad que también aparece en las otras regiones de Mesoamérica. En este periodo de esplendor se consolida la presencia zapoteca en los ya mencionados Yagul y Zaachila, y en otros muchos lugares como Huajuapan, Juchitán, Piedra Labrada y algunos ya situados en los actuales territorios de los estados de Puebla y Guerrero.

 

 

 

 

 

Urna zapoteca

La influencia de las culturas teotihuacana y maya se percibe en esta urna funeraria zapoteca labrada en piedra caliza. El rostro central presenta rasgos felinos, que pueden tener alguna relación con el dios jaguar de la civilización olmeca.

Bridgeman Art Library, London/New York

Al periodo de esplendor siguió uno de franca decadencia. Otro grupo étnico, el de los mixtecos, ocupó su principal centro ceremonial y se impuso en gran parte del territorio oaxaqueño. Los zapotecas, a veces sometidos a los mixtecos y en ocasiones aliados con ellos, establecieron su ciudad principal en Zaachila. A pesar de su decadencia, los zapotecas lograron conservar en parte su independencia y salir victoriosos en varias guerras que tuvieron contra grupos vecinos, así como oponer resistencia a los intentos de los mexicas o aztecas que trataban de sojuzgarlos. Tan sólo la conquista española, en las primeras décadas del siglo XVI, puso fin a la existencia autónoma zapoteca.

Monte Albán


Monte Albán, antigua ciudad mesoamericana, capital de la cultura zapoteca, cuyo yacimiento arqueológico está situado sobre una montaña aplanada artificialmente, enclavada a unos 11 km de la actual ciudad mexicana de Oaxaca de Juárez; que pudo ser un asentamiento ya hacia el 500 a.C. y se desarrolló incluso hasta poco antes de la conquista española, a principios del siglo XVI, aunque su importancia como centro urbano habría que hacerla partir cronológicamente desde el siglo III d.C.

 

Monte Albán (México) Monte Albán, que se encuentra en un altiplano del valle de Oaxaca, fue el emplazamiento del antiguo centro de la civilización zapoteca aproximadamente desde el 500 a.C. hasta fechas cercanas a la conquista española. La mayoría de los edificios encontrados datan del 600 y 700 d.C., época en la que esta cultura se hallaba en su momento de mayor apogeo. Photo Researchers, Inc./Betsy Blass

 

La capital zapoteca

 

Plaza Principal de Monte Albán

La capital de la cultura zapoteca, Monte Albán, se desarrolló, cerca de lo que en la actualidad es la ciudad mexicana de Oaxaca de Juárez, especialmente a partir del siglo III, y es considerada un modelo del urbanismo mesoamericano del periodo clásico (250-900). Esta fotografía muestra las ruinas de lo que fue la llamada Plaza Principal, donde se encontraban las estructuras arquitectónicas más significativas de la antigua ciudad. Woodfin Camp and Associates, Inc./Robert Frerck

Plaza Principal de Monte Albán La capital de la cultura zapoteca, Monte Albán, se desarrolló, cerca de lo que en la actualidad es la ciudad mexicana de Oaxaca de Juárez, especialmente a partir del siglo III, y es considerada un modelo del urbanismo mesoamericano del periodo clásico (250-900). Esta fotografía muestra las ruinas de lo que fue la llamada Plaza Principal, donde se encontraban las estructuras arquitectónicas más significativas de la antigua ciudad.Woodfin Camp and Associates, Inc./Robert Frerck

A partir del año 250 d.C., el número de yacimientos conocidos en la zona pasa de 19 a 200, incremento que va acompañado de un considerable aumento de la población, que la eleva de 20.000 a 55.000 habitantes. La propia capital zapoteca sigue el mismo proceso, pasando de 2.000 a 16.500, de los cuales la práctica totalidad se distribuyen en el núcleo principal, de 6 kilómetros cuadrados. El centro ceremonial concentra en su interior arquitectura pública y residencial, edificios públicos y otras construcciones especializadas, a las cuales hay que añadir cerca de 2.000 terrazas habitacionales levantadas sobre la ladera de la colina que sustenta la ciudad.

Dentro del núcleo urbano, las principales remodelaciones se practicaron en la denominada Plaza Principal, un amplio espacio de 200 por 300 m planificado durante el periodo formativo tardío, que condensa las estructuras más impresionantes del sitio. El este y el sur de la Plaza Principal se transforma en el sector más densamente poblado al mismo tiempo que se inicia la construcción de la inmensa Plataforma Sur, un enorme complejo en el que se pone de manifiesto las especiales relaciones mantenidas con la ciudad de Teotihuacán. En el interior de Monte Albán se puede apreciar toda una jerarquía de las formas arquitectónicas que logró su máximo desarrollo durante la denominada etapa IIIb (500-700 d.C.), cuando Teotihuacán comenzó a perder su influencia y la población de la capital zapoteca llegó a alcanzar las 30.000 personas. La ciudad se transforma en una gran urbe planificada en torno a un eje norte-sur definido por la Plaza Principal, que está ocupada en su interior por tres edificios unidos entre sí y ligeramente desviados de dicho eje. Junto a ellos, el llamado Edificio J está colocado de tal forma que haciendo un recorrido se podía recordar, mediante la consulta de sus relieves, la historia de la ciudad. El oeste de la plaza está delimitado por tres conjuntos arquitectónicos casi simétricos, y al este por seis edificios residenciales, un pequeño juego de pelota y diversas estructuras de función desconocida. Destaca en este conjunto urbano la Plataforma Sur, coronada por una pirámide de 15 m de altura y 100 de lado, decorada en cada una de sus cuatro esquinas por una estela. Las cuatro losas muestran a un embajador teotihuacano partiendo de su lugar de origen con destino a Oaxaca, donde es recibido por un dignatario zapoteco.

El conjunto urbano se complementa en su plano básico mediante la Plataforma Norte, que deja en su interior un gran patio hundido entre altas pirámides, lo que se considera un rasgo de privacidad acorde con el que manifiestan otros conjuntos y, en definitiva, con la misma ciudad que se rodeó de altas paredes y debió tener accesos muy restringidos. En su interior, las mismas residencias de la elite gobernante estuvieron rodeadas de vallas, pasajes y patios interiores con columnas que resaltan esta necesidad de intimidad.

En Monte Albán existió una jerarquización de los edificios, con el templo como construcción básica: una estructura de dos habitaciones con techumbre plana construida sobre una gran viga central y varias terrazas de madera. La decoración externa de los edificios combina dos tableros que dejan un nicho en el centro, con un estilo que se ha llamado de “doble escapulario”. Las escalinatas se integran en los edificios que en sus laterales y fachadas presentan lajas decoradas. Los palacios también revisten una gran importancia y están jerarquizados según la importancia de sus ocupantes. El más vistoso es el ya mencionado patio hundido, separado de la Plaza Principal por una inmensa escalinata y un vestíbulo cuyo techo estuvo sostenido por cuatro pilastras y seis pares de columnas. En las habitaciones asociadas a este conjunto pudo vivir la elite zapoteca. Mucho más comunes son los palacios de piedra, consistentes en un edificio dividido en varios cuartos dispuestos en torno a un patio con banquetas corridas para sentarse. El Palacio de los Edificios S y L son claros ejemplos de estas estructuras.

Otros elementos asociados a las construcciones más complejas fueron las tumbas subterráneas, de las cuales se han encontrado alrededor de 170. Dichos recintos fueron colocados por debajo del nivel del suelo de los conjuntos de apartamentos y construidos a partir de losas de piedra; constan de escalinata, antecámara y cámara de falso arco. La distribución de tales rasgos no es homogénea. La disposición arquitectónica de las tumbas consiste en imitar la fachada de los templos, decorándolas con tableros y cornisas y abriendo sobre la puerta un pequeño nicho en el que se colocaba la urna funeraria, normalmente en forma de divinidad. En el interior, antecámara y cámara están separadas por grandes losas talladas y planas, en cuyas paredes se han practicado nichos para depositar ofrendas dedicadas al difunto. Una buena parte de las habitaciones subterráneas fueron recubiertas de estuco y decoradas después con pinturas murales de contenido simbólico, algunas de las cuales de clara influencia teotihuacana, y otras con jeroglíficos mayas y elementos procedentes de la costa del golfo de México. En las urnas, la representación más común es la del dios de la lluvia, Cocijo, aunque tras su imagen se encuentran personas de carne y hueso consideradas como antepasados de los muertos. En los murales pintados, por el contrario, hay una clara preferencia por la representación de la nobleza que se identifica con determinadas fechas calendáricas.

Otra categoría arquitectónica es la formada por los recintos habitacionales compuestos por varios montículos (de dos a cuatro) dispuestos alrededor de un patio. Es muy posible que cada conjunto de grupos de montículos fuera concebido como un foro cívico-ceremonial en relación con el grupo de parentesco que vivió sobre las terrazas cercanas, es decir, diferentes unidades que formarían “barrios”.

 

Dominio mixteco

 

Finalmente, rodeando la colina sobre la que se asienta la ciudad, se distribuyen cerca de dos mil terrazas que se corresponden con conjuntos de casas compuestas de cuatro habitaciones a los que se asocian enterramientos, basureros, pozos de almacenaje y otros rasgos de carácter doméstico.

En su conjunto, Monte Albán supone un claro ejemplo del urbanismo mesoamericano del período clásico (250-900), en el que conviven los llamados “centros ceremoniales” y los “barrios”. A partir del siglo VIII d.C., los mixtecos se hicieron con el control de la ciudad iniciando una nueva etapa que se integró dentro de los avatares históricos de los pueblos nonoalcas.

 

3   LOS ZAPOTECAS CONTEMPORÁNEOS

Descendientes de los antiguos pobladores de diversos lugares de la sierra, de los valles centrales y de la costa de Oaxaca, los zapotecas contemporáneos, a pesar de haber vivido durante siglos marginados y depauperados, han conservado muchas de sus tradiciones, formas de vida, creencias y organización social. Elemento que les confiere profundo orgullo es el hecho de que un zapoteca serrano, Benito Juárez, no sólo haya sido presidente de la República, sino el máximo defensor de ella frente a la intervención francesa que, promovida por Napoleón III, fue victoriosamente rechazada en 1867.

Tanto por las variantes que existen en su lengua como por sus formas de vida y condiciones económicas, los zapotecas muestran considerables diferencias entre sí. Así, en tanto que perdura su aislamiento y pobreza en muchos lugares de la sierra, hay en cambio zapotecas en la región del istmo de Tehuantepec cuyos niveles de vida son comparables a los de la población no indígena. Entre estos últimos zapotecas pervive, no obstante, su sentido de identidad cultural y el empleo de la lengua que es además objeto de cultivo y vehículo de expresión literaria, tanto en cantos y poemas como en la narrativa. La acentuada fisonomía de los zapotecas del istmo es perceptible de muchas formas. Una de ellas la ofrece la gracia y altivez de sus mujeres, las célebres tehuanas, con sus característicos tocados y sus ricas joyas.

Los zapotecas contemporáneos, herederos del rico legado cultural de sus antepasados, constituyen uno de los mayores grupos étnicos de México. De acuerdo con el censo de 1990, se acercaban al medio millón de personas.

Los Toltecas. c. 900? – c. 1200?

Pueblo tolteca (en nahuatl, 'maestros constructores'), pueblo nativo de México que emigró desde el norte de lo que ahora es México, tras la decadencia (en torno al año 700 d.C.) de la gran ciudad de Teotihuacán, y que estableció un estado militar en Tula, a 64 km al norte de la moderna ciudad de México, en el siglo X d.C. Se pensó que su llegada marcó el cenit del militarismo en Mesoamérica, puesto que el ejército tolteca empleó su mayor potencia para dominar las sociedades vecinas. El pueblo tolteca creó una refinada cultura, que incluía conocimientos sobre la fundición del metal, el trabajo de la piedra, la destilación y la astronomía. Su arquitectura y su arte reflejan influencias de Teotihuacán y de la cultura olmeca. Los restos de Tula, a veces llamada Tollan Xicocotitlán, incluyen tres templos piramidales, de los cuales el más grande está rematado por columnas de 4,6 m de altura en forma de estilizadas figuras humanas conocidos como "atlantes" (guerreros); se cree que estaba dedicado a Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, deidad que los toltecas adaptaron de culturas anteriores y la adoraron como el dios del planeta Venus. Según la leyenda, un dios rival tolteca Tezcatlipoca, hizo que Quetzalcóatl y sus seguidores abandonaran Tula en torno al año 1000 d.C. Se desplazaron al sur y posteriormente desarrollaron la ciudad maya de Chichén Itzá, convirtiéndola en su capital y en un importante centro religioso.

Tula

Atlante de Tula
Estas esculturas de basalto, con aspecto de tótems, se elevan sobre la pirámide B del templo de la Estrella Matutina. Marco Salinas Beltran

Tula (ciudad antigua, México), antigua ciudad mesoamericana, fundada en el siglo X d.C., principal centro del pueblo tolteca, donde éste convivió con emigrantes de la abandonada Teotihuacán; situada cerca de la actual ciudad mexicana de Tula de Allende, en el estado de Hidalgo, a 64 km al norte de la ciudad de México, constituye en la actualidad uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la época precolombina.

Identificada con la mítica Tollan que aparece mencionada en la tradición indígena y en las crónicas españolas de la época de la conquista, representa uno de los períodos más interesantes de la historia de Mesoamérica. En ella vivió Quetzalcóatl, el héroe cultural más importante de la cultura náhuatl, y de ella partió éste al destierro para fundar en la península de Yucatán la ciudad maya de Chichén Itzá. La región en que se asienta había sido ocupada desde tiempos antiguos y se constata la existencia de una serie de aldeas dispersas alrededor del 200 d.C., con claras influencias de Teotihuacán. Durante la llamada fase Tollan (950-1200 d.C.) tuvo lugar el máximo apogeo de la ciudad, cuya área urbana alcanzó los 14 km2, de los cuales el núcleo incluyó una densa población distribuida en 10,75 km2, y el resto ocupaba una periferia de 2,25 kilómetros cuadrados. Los templos se levantan sobre una sólida plataforma de piedras y tierra, enlucida con losas de piedra, a las que se accede mediante una alta escalinata. Sobre su cima se colocaron pequeños templos, hoy destruidos, que debieron ser cuadrados. En el centro de la ciudad se alza el Recinto Ceremonial, que está limitado al oeste por el templo del Sol y al norte por el de Tezcatlipoca.
 

Templo de la Estrella Matutina
La pirámide que compone el templo de la Estrella Matutina, dedicado al dios Tlahuizcalpantecuhtli, es el edificio emblemático del conjunto arqueológico de Tula. Sus impresionantes atlantes, de más de 10 m de altura, sostenían parte de la techumbre. Corbis/Gianni Dagli Orti

El templo más importante es el dedicado a Venus Quetzalcóatl (Ce Acatl Topiltzin Quetzalcóatl Tlahuizcalpantecuhtli) conocido como Edificio B o, más comúnmente, como de la Estrella Matutina. Se trata de una gran estructura piramidal, con una escalinata central de acceso, coronada por un templo cuya techumbre estaba sostenida por enormes figuras de guerreros toltecas (atlantes). Está decorado con escenas macabras en las que águilas y jaguares llevan corazones humanos en sus bocas. En otra hilera superior una procesión de jaguares y coyotes parece representar órdenes militares. Este recinto ceremonial estuvo limitado al norte por una pared decorada con la figura de una gran serpiente y con tableros en los que aparecen serpientes devorando esqueletos humanos.

El denominado Palacio Quemado es un edificio de techo plano sostenido por columnas. A los lados hay sendas habitaciones con banquetas corridas decoradas con procesiones de dignatarios o sacerdotes pintados en rojo, azul, amarillo, blanco y negro. Debió tratarse de amplios espacios para celebrar ceremonias a las que asistían dignatarios, sacerdotes y militares.

Se ha detectado la existencia de seis juegos de pelota (tlachtli), dos de ellos en el interior del propio Recinto Principal, que tienen forma de “I”, muy similares a los encontrados en otros lugares como Xochicalco.

La ciudad de Tula tuvo un enorme desarrollo urbano en un período que se inicia con el abandono de Tula Chico y finaliza con su incendio y destrucción por las tribus chichimecas hacia el 1150 d.C., en el cual se produjeron las transformaciones sociales y políticas más importantes de su historia. La ciudad, que careció de un trazado reticular semejante al de Teotihuacán, se orienta 18º al oeste y llegó a tener una población estimada entre 35.000 y 60.000 habitantes.

Estatua tolteca

El pueblo tolteca se desplazó hacia el área maya (concretamente a la zona de la península de Yucatán) en torno al siglo XI. Esta representación escultural tolteca de un sacerdote dedicado al culto del dios maya Chac se encuentra en el Museo Regional de Antropología de la ciudad de Mérida, capital del estado mexicano de Yucatán.

Corbis/Gianni Dagli Orti

La civilización tolteca decayó en el siglo XII, cuando los chichimecas, junto con otros pueblos indígenas, invadieron el valle central y saquearon Tula. Los toltecas del sur fueron absorbidos por los mayas, a los que habían conquistado anteriormente. Hacia el siglo XIII la caída de Tula y del poder tolteca abrió el camino para la ascensión de los aztecas.

Los toltecas constituían un pueblo de lengua náhuatl que gobernó sobre las regiones centrales y septentrionales del valle de México. Lograron el dominio de esos territorios a través de la conquista militar, dirigida por Ce Tecpatl Mixcoatl. Su hijo, Ce Acatl Topiltzin, expandió la civilización tolteca tras su derrota militar y su expulsión de la capital, Tollán (actual Tula). Con el tiempo, los toltecas llegaron a controlar territorios tan lejanos como Chichén Itzá, en la península de Yucatán. Los toltecas consideraban a sus reyes como semidioses. Quetzalcóatl, el pájaro-serpiente y legendario gobernante de México, era su vínculo con el mundo divino.

Quetzalcóatl en el arte precolombino

El dios tolteca y azteca Quetzalcóatl, soberano legendario de México, es uno de los motivos más frecuentes en el arte precolombino que se desarrolló en estas civilizaciones. Frecuentemente se le representa como una serpiente emplumada.

Conquista tolteca de Chichén Itzá 1200

En Chichén Itzá, los edificios fueron levantados de acuerdo a un alineamiento astronómico ritual coincidente con la salida y la puesta del Sol y el planeta Venus, sagrado para los moradores de la ciudad.

Teotihuacán (arqueología)

1   INTRODUCCIÓN

Teotihuacán (arqueología), yacimiento arqueológico mesoamericano que contiene los restos de la ciudad más antigua de América, situado en el municipio mexicano homónimo, a 45 km de la actual ciudad de México. El lugar fue ocupado por primera vez en los siglos II y I a.C. De ser un pequeño asentamiento pasó a convertirse en una importante ciudad en el siglo II d.C., cuya existencia se prolongó hasta cerca del año 700 d.C.

 

Se han formulado varias hipótesis para explicar su decadencia y posterior abandono: disensiones internas, cambios climáticos o invasiones de los pueblos chichimecas procedentes del norte. Su población se dispersó por la región central del actual México llegando hasta zonas tan apartadas como los territorios de lo que hoy es El Salvador y Nicaragua. La ciudad llegó a ocupar una superficie muy amplia que alcanzó una población cercana a los 255.000 habitantes y fue considerada por el resto de los pueblos mesoamericanos como la más grande que jamás existiera.

2   LA IMPORTANCIA DE TEOTIHUACÁN

Teotihuacán fue la primera gran manifestación urbana americana y desde el 200 a.C. hasta el 700 d.C. se convirtió en la ciudad más importante de Mesoamérica. Las mejoras en las técnicas agrícolas, basadas fundamentalmente en la canalización de las aguas, hicieron posible una gran concentración de población que serviría de sostén económico de la ciudad y de mano de obra para las grandes construcciones públicas. El arte teotihuacano expresa en ella por primera vez de forma grandiosa la concepción estatal mesoamericana que encontraría eco en lugares tan alejados como Monte Albán, El Tajín, Kaminaljuyú o Tikal. La mayor contribución de Teotihuacán fue establecer las características definitorias de la ciudad sagrada mesoamericana. Toda ella constituye un gran teatro propagandístico donde la escenografía es espectacular y conmovedora. La amplia Avenida de los Muertos (Miccaotli) con las grandes pirámides del Sol y de la Luna constituían un eje grandioso, en torno al cual se levantaban construcciones palaciegas y templarias, mientras las áreas habitacionales se situaban en los barrios de las afueras (Atetelco, Tetitla, Tepantitla).

Su grandiosidad es tal que cuando varios siglos después los aztecas tuvieron que elegir un lugar para situar la creación del mundo lo hicieron en Teotihuacán. Un creciente comercio llevó su influjo hasta los lugares más distantes de Mesoamérica: por el norte hasta los desiertos de Sonora y Sinaloa y, por el sur, hasta Uaxactún y Tikal, en las tierras bajas mayas. El resultado fue un enorme crecimiento de los sectores artesanales y un perfeccionamiento técnico de todas las artes como nunca antes se había conocido.

3   FASE XOLALPAN (450-650 D.C.)

La arquitectura está estrechamente conectada con el urbanismo. Además del eje principal de la ciudad (Miccaotli), que corre de norte a sur, la Avenida Este (en dirección este-oeste) divide el centro en cuatro partes. La ciudad alcanzó su mayor auge durante la denominada fase Xolalpan (450-650 d.C.), cuando llegó a ocupar una superficie que abarcó 24 km2 y albergó a más de 250.000 habitantes. Las grandes pirámides del Sol y de la Luna, el templo del Quetzalpapalotl y la Ciudadela son los elementos más característicos. La pirámide del Sol (64 metros de altura y una base de 45.225 m2) pesa alrededor de un millón de toneladas. El carácter cortesano de las construcciones se pone de manifiesto con la gran importancia que adquiere la Ciudadela. Se trata de una enorme plataforma de 400 m de largo que sostiene pirámides, templos y altares. Al fondo del patio principal se levanta el palacio de Quetzalcóatl, una estructura de seis cuerpos que más tarde se ornamentaría con imágenes de los dioses Quetzalcóatl y Tláloc, así como con numerosos elementos marinos y conchas. La utilización del sistema constructivo tablero/talud para cubrir los edificios alcanzó en Teotihuacán su máxima expresión difundiéndose después por toda Mesoamérica.

La severidad del estilo geométrico de su planificación y del revestimiento de sus edificios fue suavizado por los relieves y murales que los cubrían. Las principales construcciones de la ciudad son de carácter sacro, dado que toda ella fue concebida como un proyecto sagrado que pretendía mostrar el centro cósmico donde se creó el mundo. Los barrios de las afueras estaban formados por viviendas unifamiliares cuyas habitaciones se disponían hacia un patio interior. Mientras las fachadas se revistieron de estuco y fueron pintadas de vivos colores, el interior era decorado con murales de gran riqueza técnica y simbólica. Es muy probable que los ocupantes de estos recintos estuvieran relacionados primariamente por lazos de parentesco, pero también por una común especialización artesanal.

El arte mural da buena muestra de la concepción sagrada de Teotihuacán. Las escenas que representa están presididas por figuras de dioses o por sacerdotes ataviados con sus atributos. El más representado es el dios de la lluvia, Tláloc, protagonista de numerosas ceremonias relacionadas con la tierra y la fertilidad. El mural más conocido es el que escenifica el Tlalocan, o paraíso del dios Tláloc. Situado en el barrio de Tepantitla, nos muestra a las almas de los difuntos disfrutando felices de los dones de la naturaleza. A mediados del siglo V, y coincidiendo con la expansión de la cultura teotihuacana a otros territorios, los murales se llenan de escenas y motivos militares, con guerreros armados con escudos, dardos y propulsores, jaguares y coyotes comiendo corazones humanos y diferentes signos calendáricos asociados con textos dinásticos. Otros murales de Atetelco, Zacuala o Teopancaxco, arrojan información sobre otros dioses, sobre el calendario, el comercio y las actividades guerreras.

4   FASE METEPEC (650-700 D.C.)

Durante la fase Metepec (650-700 d.C.) tuvo lugar la decadencia de Teotihuacán. Se construyeron fortificaciones en algunos lugares y abundaron las representaciones de guerreros en los murales. La deforestación del área y, sobre todo, la fuerte presión de poblaciones seminómadas procedentes del norte, acabaron con el esplendor de la ciudad, en la que los edificios incendiados que muestran sus actuales ruinas indican los vestigios de incursiones bélicas.

La ciudad de Teotihuacán trascendió el marco histórico para convertirse en símbolo de la cultura y máximo exponente de las antiguas tradiciones del área mesoamericana. Cuando seis siglos después de su caída, los aztecas se encontraron con sus ruinas la llamaron Teotihuacán, que en lengua náhuatl significa ‘el lugar donde se reúnen los dioses’, y en ella situaron el escenario para uno de los mitos más importantes de su pensamiento: el nacimiento del Sol y de la Luna.

Arte y arquitectura de Teotihuacán

1   INTRODUCCIÓN
Avenida de los Muertos
La Avenida de los Muertos o Miccaotli, nombre que recibió de los aztecas, es uno de los dos ejes principales de la red urbana de la antigua ciudad de Teotihuacán, a la cual atraviesa de norte a sur. Jalonada por diversas edificaciones a lo largo de sus 2.000 m de longitud, en uno de sus extremos se halla la pirámide de la Luna (desde cuya parte superior está tomada esta fotografía), junto a la del Sol (que se observa al fondo de la imagen) uno de los más representativos monumentos de este centro, ubicado a pocos kilómetros de la ciudad de México. Tony Stone Images/Richard A. Cooke III

Teotihuacán, conjunto de manifestaciones artísticas desarrolladas por la primera gran civilización de la región central de México (200 a.C.-700 d.C.). Su capital, Teotihuacán, situada a 45 km de la actual ciudad de México, se convirtió en la ciudad más importante de Mesoamérica. Las mejoras en las técnicas agrícolas, basadas fundamentalmente en la canalización de las aguas, hicieron posible una gran concentración de población que serviría de sostén económico de la ciudad y de mano de obra para las grandes construcciones públicas. El arte teotihuacano expresa por primera vez de forma grandiosa la concepción estatal mesoamericana que encontraría eco en lugares tan alejados como Monte Albán, El Tajín, Kaminaljuyú o Tikal.

La mayor contribución de Teotihuacán fue establecer las características definitorias de la ciudad sagrada. Toda ella constituye un gran teatro propagandístico donde la escenografía es espectacular y conmovedora. La amplia Avenida de los Muertos con las grandes pirámides del Sol y la Luna constituían un eje monumental, en torno al cual se levantaban construcciones palaciegas y templarias, mientras las áreas habitacionales se situaban en los barrios de las afueras (Atetelco, Tetitla, Tepantitla). Su grandiosidad es tal que cuando varios siglos después los aztecas tuvieron que elegir un lugar para situar la creación del mundo se decidieron por Teotihuacán. Un creciente comercio llevó su influjo hasta los lugares más distantes de Mesoamérica: por el norte hasta los desiertos de Sonora y Sinaloa y, por el sur, hasta Uaxactún y Tikal en las tierras bajas mayas. El resultado fue un enorme crecimiento de los sectores artesanales y un perfeccionamiento técnico de todas las artes como nunca antes se había conocido.

2   ARQUITECTURA
Pirámide del Sol en Teotihuacán
La pirámide del Sol de Teotihuacán, en México, se erigió entre los años 50 y 200 de la era cristiana. Está construida con adobes recubiertos de piedra y alcanza una altura de 61 metros. Se compone de cinco cuerpos construidos con el sistema de talud y tablero que flanquean una escalera ceremonial que conduce a su cima, donde se alzaba un templo. Está orientada al este, por lo que el sol se pone exactamente frente a ella en el solsticio de verano. Bridgeman Art Library, London/New York/Tom Owen Edmunds

Está estrechamente relacionada con el urbanismo. La planificación urbanística de la ciudad no sólo se encuentra en el centro, sino que toda ella responde a un reticulado muy preciso. Además del eje principal de la ciudad, que corre de norte a sur, la avenida Este (este-oeste) divide el centro en cuatro partes. La ciudad se extiende por 20 km2 y debió tener una población de 100.000 habitantes. Alcanzó su mayor auge en la fase Xolalpan (450-650 d.C.) cuya superficie abarcó 24 km2 llegando a tener 250.000 habitantes. Las grandes pirámides del Sol y la Luna, el templo del Quetzalpapalotl y la Ciudadela son los elementos más característicos. La pirámide del Sol, que mide 64 m de altura, pesa alrededor de un millón de toneladas y ocupa 45.225 m2. El carácter cortesano de las construcciones se pone de manifiesto con la gran importancia que adquiere la Ciudadela. Se trata de una enorme plataforma de 400 m de largo que sostiene pirámides, templos y altares. Al fondo del patio principal se levanta el palacio de Quetzalcóatl, una estructura de seis cuerpos con tablero-talud, que más tarde se ornamentaría con imágenes de los dioses Quetzalcóatl (la Serpiente Emplumada) y Tláloc (dios de la lluvia) y con numerosos elementos marinos y conchas.

La utilización del sistema constructivo tablero/talud para cubrir los edificios alcanzó en Teotihuacán su máxima expresión difundiéndose después por toda Mesoamérica. Los materiales básicos de construcción eran de origen local. Se trituraban las rocas volcánicas de los afloramientos del valle y se mezclaban con tierra y cal para obtener una especie de hormigón resistente a la humedad que se utilizaba en las cimentaciones de los muros, que se hacían de adobe o de piedra sujeta con mortero. Los suelos y el revestimiento de los muros solían acabarse con un revoco que se pulimentaba cuidadosamente. El estilo geométrico y severo manifestado en su planificación y en el revestimiento de sus edificios fue suavizado por los relieves y murales que los cubrían.

Las construcciones neurálgicas de la ciudad eran sagradas. Toda la capital fue concebida como un proyecto sagrado, el centro cósmico donde se creó el mundo que habitamos. Los barrios de las afueras constituían verdaderos conjuntos de apartamentos unifamiliares. Las habitaciones se disponían hacia el patio interior y las paredes exteriores eran altas. Los edificios fueron estucados y pintados de vivos colores, mientras el interior era decorado con murales de gran riqueza técnica y simbólica. Es muy probable que los ocupantes de estos recintos estuvieran relacionados primariamente por lazos de parentesco, pero también por una común especialización artesanal.

En la fase Metepec (650-700 d.C.) se inició la decadencia de la ciudad. Aparecen fortificaciones en algunos lugares y las representaciones de guerreros en los murales se hacen abundantes. La deforestación del área, el estrangulamiento social y, lo más importante, la fuerte presión de poblaciones seminómadas procedentes del norte, dieron al traste con la ciudad en la que se empiezan a detectar vestigios de incursiones bélicas.

3   ARTE MURAL

Se localiza en los muros de varios palacios situados en el perímetro urbano de la gran metrópoli. Ejemplifica muy bien la concepción sagrada de la ciudad. Las escenas están presididas por figuras de dioses o por sacerdotes ataviados con sus atributos. El más representado es el dios de la lluvia, Tláloc, protagonista de numerosas ceremonias relacionadas con la tierra y la fertilidad. El Tlalocan, o paraíso del dios Tláloc, es el mural más conocido. Situado en el barrio de Tepantitla nos muestra a quienes se hallan en ese paraíso disfrutando felices de los dones de la naturaleza. A mediados del siglo V, y coincidiendo con la expansión de la cultura teotihuacana a otros territorios, los murales se llenan de escenas y motivos militares, con guerreros armados con escudos, dardos y propulsores, jaguares y coyotes comiendo corazones humanos y diferentes signos calendáricos asociados con registros dinásticos. Otros murales en Atetelco, Zacuala o Teopancaxco, arrojan información sobre otros dioses, sobre el calendario, el comercio y las actividades guerreras.

4   CERÁMICA

Fue uno de los elementos más característicos de la cultura teotihuacana. Una vez cubiertas las piezas por una fina capa de estuco se pintaban sobre ellas temas geométricos y escenas naturalistas que incluían dioses, sacerdotes, jeroglíficos, animales y plantas. El tipo más difundido fue el cilindro trípode con tapadera, decorado con pintura, relieve e incisión. La cerámica llamada ‘naranja fina’ alcanzó una gran difusión utilizándose como elemento de cambio hasta los confines del Imperio.

Coincidiendo con la aparición de escenas militaristas encontramos una cerámica antropomorfa, realizada a molde, que representa hombres desnudos en actitud de movimiento o sentados a la manera oriental. Su rostro es triangular, con deformación craneana, predominando la concepción lineal del cuerpo.

5   ESCULTURA

No alcanzó entre los teotihuacanos la importancia que tuvo entre pueblos anteriores (olmecas) y posteriores (toltecas y aztecas). En términos generales podríamos decir que se limita a reforzar el mensaje ideológico de las elites. Son geométricas y de apariencia pesada. La pieza más singular es una cariátide utilizada como elemento arquitectónico y asociada con la pirámide de la Luna que parece ser un antecedente de la estatua azteca de la diosa del agua (Chalchiuhtlicue). El marcador de juego de pelota de La Ventilla es el único ejemplo notable que poseemos. Dignos de mención son también las esculturas que sobresalen en los muros del templo de Quetzalcóatl: efigies de Tláloc, serpientes emplumadas, caracolas y conchas.

6   ARTE LAPIDARIO

Tuvo un gran desarrollo. Se conservan excelentes máscaras realizadas en piedras duras, como el ónice, la diorita y las serpentinas, enriquecidas con mosaicos de coral y obsidiana. Aunque todas las máscaras están descontextualizadas parece que existe un acuerdo respecto a su carácter marcadamente funerario.

El arte teotihuacano sentó las pautas de lo que luego sería el arte mesoamericano. Como sistema de expresión simbólica no tuvo parangón con ningún otro, llevando su influencia a lugares que nunca más volvieron a estar relacionados de forma tan estrecha. Lo imponente de su arquitectura, la gravedad de sus formas y lo delicado de sus artesanías hacen de Teotihuacán la ciudad sagrada por excelencia.

7   Bibliografía
  • Bernal, Ignacio. Teotihuacan: Descubrimiento, Reconstrucción. México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1963. Estudio clásico sobre la historia de los hallazgos arqueológicos.

  • Berrin, Katheleen y otros. Teotihuacan. Art from the City of the Gods. San Francisco: Fine Arts Museum, 1993. Catálogo de exposición.

  • Fuente, Beatriz de la. La pintura mural prehispánica en México: I. Teotihuacan. México: Instituto de Investigaciones Estéticas. UNAM, 1995. Monografía sobre los restos de pintura mural. Incluye bibliografía e ilustraciones.

  • Matos, Eduardo. Museo de la Cultura Teotihuacana. México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1994. Guía del Museo de la Cultura Teotihuacana que fue inaugurado en 1993.

  • Matos Moctezuma, Eduardo. Teotihuacan: la metrópoli de los dioses. Barcelona: Madrid: Lunwerg, 1990. Síntesis divulgativa sobre la cultura en todas sus manifestaciones. Bibliografía e ilustraciones.

  • Sejourne, Laurette. Teotihuacan: capital de los Toltecas. México: Siglo XXI, 1994. Obra divulgativa con numerosas ilustraciones fotográficas y dibujos.

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Revisado: viernes, 12 de septiembre de 2014 12:32:37 a. m.