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El Parlamento es una de las instituciones británicas más antiguas y respetadas. Su nombre se deriva de la palabra francesa parler (hablar), que se daba a las reuniones del consejo del rey inglés a mediados del siglo XIII. Su antecesor más directo fue el consejo feudal del monarca, la curia regis, y antes de eso el witan o witenagemot anglosajón, que era un mecanismo desarrollado por los reyes medievales para ayudarles a gobernar y reflejaba la idea de que un rey debería consultar a sus súbditos. En el siglo XIII se combinaron varios elementos que influyeron en la evolución del Parlamento: la necesidad, expresada en la Carta Magna (1215), de que los impuestos fuesen aceptados por los contribuyentes; la costumbre de convocar al consejo real no sólo a los barones, sino también a representantes electos de las ciudades y de los condados; la conveniencia de tratar ciertas audiencias ante una reunión ampliada del consejo real; y el carácter de hombres como el rey Eduardo I (1272-1307), que entendió que podía manejar el Parlamento para sus propios intereses.
Al principio, el Parlamento no era una institución sino un acontecimiento. Durante la disputa entre el rey Enrique III y sus barones, el Parlamento de Oxford (1258) forzó a Enrique a aceptar la supremacía de un comité de barones. El jefe de los barones, Simón de Montfort, convocó al Parlamento a representantes de las ciudades por primera vez en 1265. El llamado Parlamento Modelo de Eduardo I (1295) ya tenía todos los elementos de un Parlamento maduro: obispos y abades, pares, dos caballeros de cada condado y representantes de cada ciudad. En el siglo XIV el Parlamento se
dividió en dos cámaras, consiguió controlar la legislación impositiva, creó la
inhabilitación (1376) y supervisó las abdicaciones de Eduardo II (1327) y
Ricardo II (1399). Su importancia continuó bajo los reyes de la Casa de
Lancaster (1399-1461) pero decayó a partir de ese momento. Volvió a crecer con
el Parlamento Reformado de Enrique VIII (1529-1536). Aunque la Cámara de los
Comunes seguía sometida a la Corona, los comunes adquirieron bajo Enrique y sus
sucesores más experiencia y relieve.
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