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Un ensayo de Daniel Goleman, el investigador más prestigiado
en el tema
de Inteligencia Emocional.
©
Daniel Goleman / Hay Group
Cualquier
persona de negocios conoce la historia de algún ejecutivo dotado de grandes
habilidades e inteligencia que alguna vez fue promovido a una posición de
liderazgo para luego fracasar en ella. Seguramente, también ha oído la
historia de alguien que tiene la inteligencia y sólidas habilidades técnicas,
pero no extraordinarias, que fue promovido a un cargo similar y luego se
desempeñó con pleno éxito.
Estas anécdotas reafirman la creencia, ampliamente difundida, de que
identificar aquellos individuos que tienen lo esencial para ser líderes es
más un arte que una ciencia. Después de todo, los estilos de los grandes líderes
varían: algunos son tímidos y analíticos, mientras que otros proclaman a
gritos sus ideas desde la cima. Más importante aún, diferentes situaciones
reclaman distintos tipos de liderazgo.
Sin embargo, los líderes más efectivos se parecen en un punto crucial:
todos tiene un alto grado de lo que se llama 'inteligencia emocional'. No
significa esto que el cociente intelectual y las habilidades técnicas sean
irrelevantes. Son importantes, pero como puntos de partida; constituyen
requisitos de entrada a las altas posiciones ejecutivas. Pero las
investigaciones que he llevado a cabo, junto con otros estudios recientes,
demuestran claramente que la inteligencia emocional es el sine qua non del
liderazgo. Una persona que carezca de ésta puede tener el mejor
entrenamiento del mundo, una mente analítica e incisiva y un sinnúmero de
ideas pero, no será un gran líder.
En el transcurso del último año, nos hemos concentrado en estudiar cómo
la inteligencia emocional opera en el trabajo. En especial, examinamos la
relación entre ésta y el desempeño efectivo en los líderes. Se ha
observado de qué manera la inteligencia emocional se ve plasmada en el
trabajo. ¿Cómo se sabe si alguien tiene alta inteligencia emocional? ¿Cómo
reconocerla en uno mismo? El siguiente estudio examina algunas de estas
preguntas y toma en cuenta cada uno de los componentes de la inteligencia
emocional: autoconciencia, autorregulación, motivación, empatía y
habilidades sociales.
EVALUAR LA INTELIGENCIA EMOCIONAL


La mayoría de las grandes empresas utilizó psicólogos entrenados para
desarrollar lo que se conoce como "modelos de competencias", para
ayudar en la identificación, entrenamiento y promoción de personas que
sean posibles "estrellas" debido a su liderazgo. Asimismo, los
psicólogos también desarrollaron estos mismos modelos para posiciones de
menor nivel. En años recientes, analicé modelos de competencia para 188
empresas. La mayoría es una firma global y de gran tamaño, como Lucent
Technologies, British Airways y Credit Suisse.
Al llevar a cabo este trabajo, el principal objetivo era determinar qué
capacidades personales generaban un desempeño sobresaliente dentro de estas
organizaciones y hasta qué grado lo hacían. Se agrupó las capacidades en
tres categorías: destrezas puramente técnicas - como contabilidad y
planeamiento de negocios - habilidades cognoscitivas - como razonamiento
analítico - y competencias que demostraban inteligencia emocional, como la
habilidad de trabajar en equipo y la efectividad para liderar el cambio.
En otro tipo de modelos, los psicólogos utilizaron criterios objetivos,
como la rentabilidad de cada división, para diferenciar dentro de las
organizaciones a los actores sobresalientes de los del promedio. Los
gerentes fueron entrevistados y sometidos a pruebas, y se compararon sus
capacidades. El proceso arrojó como resultado listas de
"ingredientes" para líderes altamente efectivos. Esta lista varía
en su longitud entre 7 y 15 ítems, con factores como iniciativa y visión
estratégica.
Al analizar estos datos, encontré resultados realmente dramáticos. Sin
duda, el intelecto era un motor de desempeño sobresaliente. Las habilidades
cognoscitivas, como el pensamiento amplio y la visión a largo plazo, fueron
particularmente importantes. Pero al calcular la razón entre destrezas técnicas,
cociente intelectual e inteligencia emocional - todos ellos ingredientes
para un excelente desempeño - la inteligencia emocional resultó tener el
doble de importancia que los demás para trabajos en todos los niveles.
Así mismo, los análisis demostraron que la importancia que tiene la
inteligencia emocional aumenta a medida que se llega a los niveles más
altos de las empresas, en los cuales eran insignificantes las diferencias en
las destrezas técnicas. En otras palabras, a medida que el rango de una
persona con desempeño estrella era más alto, con mayor frecuencia sus
capacidades de inteligencia emocional surgían como la principal razón de
su efectividad. Cuando se comparó los actores estrella con los actores
promedio en posiciones de liderazgo, casi el 90 por ciento de la diferencia
en los perfiles se le atribuía a factores de inteligencia emocional y no a
habilidades cognoscitivas.
Otros investigadores han confirmado que la inteligencia emocional no sólo
distingue a los líderes sobresalientes, sino que puede estar unida al
desempeño sobresaliente. Los hallazgos del desaparecido David McClelland,
el reconocido investigador en comportamiento humano y organizacional, son un
buen ejemplo. En su estudio de una multinacional de alimentos y bebidas
realizado en 1996, McClelland encontró que cuando los altos gerentes tenían
una masa crítica de capacidades de inteligencia emocional, las divisiones
que dirigían superaban las metas de ganancias en un 20 por ciento. Mientras
tanto, las divisiones con líderes que carecían de esa masa crítica
quedaban por debajo de las metas en un porcentaje similar. Vale la pena
anotar que los hallazgos de McClelland mantuvieron su validez en las
divisiones de esa compañía de Estados Unidos, Asia y Europa.
En pocas palabras, las cifras empiezan a mostrarnos una historia persuasiva
acerca del vínculo entre el éxito de una empresa y la inteligencia
emocional de sus líderes. Igualmente importante, las investigaciones
demuestran que las personas pueden, desarrollar su inteligencia emocional si
toman el enfoque correcto.
AUTOCONCIENCIA


La conciencia de sí mismo es el primer componente de la inteligencia
emocional, lo que tiene sentido si uno recuerda que el oráculo de Delfos
aconsejaba, miles de años atrás, "conócete a ti mismo". La
autoconciencia significa tener un profundo entendimiento de nuestras
emociones, fortalezas, debilidades, necesidades e impulsos. Las personas con
una fuerte autoconciencia no son demasiado críticas ni tampoco tienen
esperanzas irreales. Más bien, son honestos consigo mismas y con los demás.
Aquellos con un alto grado de autoconciencia reconocen cómo sus
sentimientos los afectan a sí mismos, a otras personas y al desempeño en
el trabajo. Así, una persona autoconsciente que sabe que las fechas límite
despiertan lo peor de sí misma, planea su tiempo cuidadosamente y realiza
su trabajo con anterioridad. Una persona con un alto nivel de autoconciencia
será capaz de trabajar junto con un cliente exigente. Entenderá el impacto
de éste en su temperamento y las razones profundas de sus frustraciones.
Una persona así entenderá que "las exigencias triviales del cliente
nos apartan del verdadero trabajo que debe llevarse a cabo". Irá un
paso más adelante y desplazará su furia hacia algo más constructivo.
La autoconciencia se extiende al entendimiento que cada persona tiene de sus
valores y metas. Una persona altamente autoconsciente sabe hacia dónde se
dirige y por qué, y por ello es capaz de ser firme a la hora de declinar
una oferta de trabajo tentadora en el aspecto financiero que no es acorde
con sus principios y metas de largo plazo. Una persona que carezca de
autoconciencia, en cambio, está dispuesta a tomar decisiones que le traerán
agitación interna porque pisotean sus valores. Al cabo de dos años en su
trabajo, podría decir: "El dinero era muy bueno, por eso firmé el
contrato, pero este trabajo representa tan poco para mí, que estoy
constantemente aburrido". Por el contrario, las decisiones de las
personas autoconscientes son acordes con sus valores y, en consecuencia,
encuentran que su trabajo las llena de vigor.
¿Cómo puede uno reconocer la autoconciencia? En primer lugar, ésta se
presenta como desprevención y habilidad para evaluarse a sí mismo en forma
realista. Las personas con alta autoconciencia son capaces de hablar en
forma abierta y precisa, aunque no necesariamente de forma efusiva, acerca
de sus emociones y del impacto que éstas tienen en su trabajo. Por ejemplo,
una gerente que era escéptica frente a un nuevo servicio de compra personal
que iba a introducir al mercado su empresa, una gran cadena de tiendas por
departamentos. Sin que hubiera recibido preguntas de su grupo o de su jefe,
les explicó: "Para mí, es duro quedarme detrás de este servicio -
admitió ella - porque yo realmente quería dirigir el proyecto, pero no fui
seleccionada. Por favor, ténganme paciencia mientras me adapto a la situación".
Esta gerente examinó sus sentimientos y una semana después estaba apoyando
totalmente el proyecto.
A menudo, este tipo de autoconocimiento se nota en el proceso de selección
de personal. Pídale a un aspirante a un puesto que describa algún momento
en el cual se haya dejado llevar por sus sentimientos y haya hecho algo de
lo que se haya arrepentido después. Los aspirantes autoconscientes serán
francos al admitir sus fallas y probablemente contarán la historia con una
sonrisa en la cara. Una de las marcas claves del autoconocimiento es un
sentido del humor capaz de burlarse de sí mismo.
La autoconciencia también puede ser identificada mediante las evaluaciones
de desempeño. Las personas autoconscientes conocen sus fortalezas y sus
debilidades, y se sienten cómodas al hablar de éstas; muchas veces con un
afán por la crítica constructiva. En contraste, las personas con baja
autoconciencia interpretan el mensaje de que tienen que mejorar como una
amenaza o un signo de fracaso.
Otra forma como se puede identificar a las personas autoconscientes es por
la confianza en sí mismas. Tienen una fuerte comprensión de sus
capacidades y son menos propensas a dejarse llevar al fallo con tareas en
exceso forzadas, por ejemplo. También saben cuándo pedir ayuda. Los
riesgos que toman en su trabajo son calculados. Nunca aceptarán un reto que
saben que no pueden manejar solos. Ellos juegan al nivel de sus propias
capacidades.
En el estudio, consideramos las acciones de una empleada de nivel medio que
ha sido invitada a participar en una reunión de estrategia con los miembros
de la alta gerencia de la empresa. A pesar de ser la persona más joven en
la reunión, no permaneció callada, escuchando en un silencio temeroso.
Ella sabía que contaba con una lógica clara y con una habilidad para
presentar sus ideas de manera persuasiva, así que presentó sugerencias
convincentes con respecto a la estrategia de la compañía. Al mismo tiempo,
la propia conciencia de sí misma la retuvo para no entrar en territorios
donde ella sabía que era más débil.
Las investigaciones indican que a pesar de lo valioso que resulta tener
personas autoconscientes en el trabajo, en la búsqueda de líderes
potenciales, muchos altos ejecutivos no le dan a esto el valor que se
merece. Muchas veces confunden esta desprevención respecto a los
sentimientos con debilidad, y no les dan el debido respeto a los empleados
que reconocen abiertamente sus limitaciones. Estas personas son descartadas
fácilmente al considerar que no son "suficientemente fuertes"
para liderar a otros.
La verdad es justamente lo contrario. En primer lugar, generalmente las
personas admiran y respetan la desprevención. Más aún, a los líderes
constantemente se les exige hacer juicios que requieren una evaluación cándida
y desprevenida de sus capacidades y las de los demás. ¿Tenemos la pericia
gerencial para adquirir a un competidor? ¿Podremos lanzar un producto en
seis meses? Las personas que se evalúan a sí mismas honestamente - esto
es, de forma autoconsciente - están preparadas para hacer lo mismo para las
organizaciones que lideran.
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LOS
CINCO COMPONENTES DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL
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| - |
DEFINICIÓN |
DISTINTIVOS |
| Autoconciencia |
Habilidad
de reconocer y entender sus emociones, estado de ánimo e impulsos,
así como su efecto en los demás |
·
Confianza en sí mismo
· Autoevaluación realista
· Sentido del humor autocrítico |
| Autorregulación |
Habilidad
para controlar o redirigir impulsos y estados de ánimo. Propensión
a eliminar los juicios, piensa antes de actuar |
·
Confiabilidad e integridad
· Conformidad con la ambigüedad
· Apertura al cambio |
| Motivación |
Pasión
para trabajar por razones que van más allá del dinero y el status
Propensión a lograr metas con energía y persistencia |
·
Fuerte impulso hacia el logro
· Optimismo incluso frente al fracaso
· Compromiso organizacional |
| Empatía |
Habilidad
para entender la apariencia emocional de los temas. Habilidad para
tratar a las personas de acuerdo con sus reacciones emocionales |
·
Capacidad para fomentar y retener el talento
· Sensibilidad intercultural
· Servicio a clientes y consumidores |
| Habilidades
Sociales |
Pericia
en el manejo y construcción de redes de relaciones
Habilidad para encontrar un espacio común y constituir simpatía |
·
Efectividad en liderar el cambio
· Habilidad para persuadir
· Pericia en liderar y construir equipos |
AUTORREGULACIÓN


Los impulsos biológicos de la autorregulación manejan nuestras emociones.
No los podemos dejar de lado, pero sí podemos hacer mucho para manejarlos.
La autorregulación, que es como una conversación interna continuada, es el
componente de la inteligencia emocional que nos libera de ser prisioneros de
nuestros sentimientos. Quienes están comprometidos con esta conversación
sienten - como cualquiera - mal humor e impulsos emocionales, pero
encuentran la manera de controlarlos y canalizarlos en forma útil.
Imaginemos a un ejecutivo que acaba de observar a un grupo de sus empleados
exponiendo un análisis mediocre a la junta directiva de la empresa. Después
del fracaso, el ejecutivo puede estar tentado a golpear la mesa con furia o
hasta patear una silla. Podría dar un salto y gritarle a todo el grupo. O
podría también mantener un silencio sepulcral, mirando a cada uno antes de
emprender su salida.
Si él tuviera el don de la autorregulación, tomaría otro camino. Escogería
cuidadosamente sus palabras, reconociendo el pésimo desempeño del grupo,
pero sin adelantarse a hacer juicios precipitados. Después se haría a un
lado para reflexionar sobre las razones del fracaso. ¿Serían razones
personales o faltas de esfuerzo? ¿Existe algún factor atenuante? ¿Cuál
fue el papel que el ejecutivo cumplió en esta debacle? Después de hacerse
estas preguntas, llamaría a todo el equipo, expondría las consecuencias
del incidente y presentaría sus sentimientos frente al hecho. Después
presentará un análisis del problema y una solución conveniente.
¿Por qué es tan importante la autorregulación para los líderes? En
primer lugar, las personas que están en control de sus sentimientos e
impulsos, son razonables y capaces de crear un ambiente de confianza y
equidad. En este tipo de ambientes, la politiquería y las peleas internas
se reducen drásticamente y la productividad aumenta. Las personas con
talento se congregan en la organización y no están tentadas a dejarla. La
autorregulación tiene un efecto multiplicador hacia abajo. Nadie quiere ser
reconocido como alguien exaltado y de mal genio cuando el jefe es conocido
por su serenidad. Menos mal humor en los altos niveles significa aún menos
mal humor en toda la organización.
Segundo, la autorregulación es muy importante por razones competitivas.
Todos sabemos que en la actualidad los negocios están llenos de ambigüedad
y cambio. Las empresas se fusionan y se separan regularmente. La tecnología
transforma el trabajo a un ritmo vertiginoso. Quienes logran dominar sus
emociones pueden manejar los cambios. Cuando se anuncia un nuevo programa de
cambio no entran en pánico. Por el contrario, son capaces de suspender los
juicios y empezar a buscar información y escuchar a los ejecutivos que
explican el nuevo programa. A medida que las iniciativas avanzan, son
capaces de moverse junto con ellas.
Algunas veces, incluso lideran el camino. Consideremos el caso de la gerente
de una gran empresa manufacturera. Al igual que sus colegas, había
utilizado un tipo específico de software durante cinco años. El programa
determinaba la forma en que ella recolectaba y reportaba datos y cómo
pensaba acerca de la estrategia de la empresa. Un día, los altos ejecutivos
anunciaron que un nuevo programa sería recolectado y evaluado en la
organización. Mientras que muchos de los empleados se quejaron frente a lo
destructivo que serían los cambios, la gerente estudió las razones para
justificar el nuevo programa y se convenció de su potencial para mejorar el
desempeño. Asistió ansiosamente a las sesiones de entrenamiento, mientras
que muchos de sus colegas se negaron a hacerlo, y fue promovida para manejar
varias divisiones, en parte porque aprendió a utilizar la tecnología de
forma muy efectiva.
Quiero hacer énfasis de nuevo en la importancia de la autorregulación en
el liderazgo y sentar precedente de que ésta refuerza la integridad, que no
es sólo una virtud personal sino también una fortaleza organizacional.
Muchas de las cosas negativas que ocurren en las empresas son resultado de
los comportamientos impulsivos. Las personas raramente hacen el plan de
inflar sus utilidades, engrosar artificialmente las cuentas de gastos o
abusar del poder para fines egoístas. Pero cuando se presenta una de estas
oportunidades, las personas que tienen escaso control de sus impulsos dicen
sí, y caen.
En contraste, consideremos el comportamiento de un alto ejecutivo de una
gran compañía de alimentos. Este era escrupulosamente honesto en sus
negociaciones con los distribuidores locales. Rutinariamente exhibía su
estructura de costos en detalle y les daba a los distribuidores un
entendimiento realista del enfoque de fijación de precios de la empresa.
Este enfoque implicaba que el alto ejecutivo no siempre podía regatear.
Después, sintió la necesidad de aumentar sus ganancias con la retención
de información con respecto a los costos de la empresa. Pero desafío ese
impulso y se dio cuenta de que tenía mucho más sentido contrarrestarlo. Su
autorregulación emocional generó relaciones fuertes y duraderas con los
distribuidores, cosa que benefició a la empresa mucho más que cualquier
ganancia financiera de corto plazo.
Por tanto, las señas de la autorregulación emocional no son difíciles de
pasar por alto: propensión a la reflexión y el pensamiento, conformidad
con la ambigüedad y el cambio, integridad y habilidad para decir no a los
instintos impulsivos.
Como la autoconciencia, la autorregulación tampoco se recompensa con
frecuencia. Las personas que pueden dominar sus emociones son consideradas
muchas veces como frías y faltas de pasión. Las que tienen temperamentos
vehementes son consideradas como los líderes clásicos, sus explosiones son
consideradas como signos de carisma y poder. Cuando este tipo de personas
llega a lo más alto, su impulsividad muchas veces juega en contra de ellas.
En las investigaciones, las demostraciones extremas de emociones negativas
nunca han surgido como motor de un buen liderazgo.
MOTIVACIÓN


Si hay una cualidad que casi todos los líderes poseen es la motivación.
Los líderes son impulsados a alcanzar logros por encima de las expectativas
propias y las de los demás. La palabra clave aquí es "lograr".
Muchas personas son motivadas por factores externos, como un salario alto o
el status resultante de tener una posición con un título llamativo, o
formar parte de una empresa prestigiosa. En contraste, quienes tienen
potencial para ser líderes se motivan por un deseo profundamente enraizado
de tener logros, por el hecho mismo de alcanzarlos.
Si está buscando líderes, ¿cómo puede distinguir aquellos que están
motivados por el impulso del logro y los que están movidos por recompensas
externas? La primera señal es una pasión por el trabajo mismo: estas
personas buscan desafíos creativos, les encanta aprender y se enorgullecen
del trabajo bien hecho. También despliegan una incansable energía para
hacer mejor las cosas. Personas con este tipo de energía a menudo parecen
impacientes con el statu quo. Son muy persistentes con cuestionamientos
acerca de por qué las cosas se hacen de una forma y no de la otra; y están
ansiosas por explorar nuevos enfoques en su trabajo.
Por ejemplo, el gerente de una empresa de cosméticos estaba frustrado por
tener que esperar dos semanas para obtener resultados de ventas por parte de
las personas en el terreno. Finalmente, encontró un sistema telefónico
automatizado que haría sonar un beeper para todos sus vendedores todos los
días a las cinco de la tarde que los impulsara a digitar sus cifras. En
otras palabras, cuántas llamadas y ventas habían hecho cada día. Este
sistema disminuyó el tiempo de retroalimentación en venta de varias
semanas a algunas horas.
Esta historia ilustra otras dos cualidades comunes de las personas que están
orientadas al logro. Siempre quieren incrementar su nivel de desempeño y
siempre quieren tener registros de ese nivel. Durante las evaluaciones de
desempeño, las personas con alta motivación suelen pedir a sus superiores
que les exijan más. Claro está, un empleado que combine la autoconciencia
con la motivación interna reconocerá sus límites, pero no por ello se
transará por objetivos que son demasiado fáciles de cumplir.
Y esto deriva naturalmente que las personas que tienen el impulso de desempeñarse
mejor quieren tener una forma de seguirle la pista a su propio progreso, al
de su equipo y al de su empresa. Mientras que las personas con baja motivación
hacia el logro son, en ocasiones, muy quisquillosas con respecto a los
resultados, aquellas con alta motivación hacia el logro registran su
desempeño con medidas como rentabilidad o participación en el mercado.
Conozco un tesorero que inicia y finaliza su día en Internet, midiendo el
desempeño de su portafolio de acciones contra cuatro referencias de la
competencia.
Es interesante anotar que las personas con alta motivación permanecen
optimistas, aun cuando la calificación de su desempeño esté en su contra.
En estos casos, la autorregulación se combina con la motivación al logro
para sobrellevar la frustración y la depresión que aparece después de un
fracaso o un retroceso. Tomemos el caso de una gerente que maneja una
cartera de clientes en una gran compañía de inversión. Después de varios
años exitosos, sus fondos se desplomaron durante tres trimestres
consecutivos y llevaron a tres grandes clientes institucionales a trasladar
sus negocios a otra parte. Algunos ejecutivos habrían podido
responsabilizar de este "irse a pique" a circunstancias fuera de
su control; otros habrían podido tomar este retroceso como evidencia de
fracaso personal. Sin embargo, la gerente vio en esto una oportunidad para
probar que podría liderar un remezón. Dos años después, cuando fue
promovida a un nivel muy alto en la compañía, describió esta experiencia
como "la mejor que le pudo haber pasado. Aprendí mucho de esto".
Los ejecutivos que tratan de identificar altos niveles de motivación hacia
el logro en su equipo pueden buscar una última evidencia: compromiso hacia
la organización. Cuando las personas quieren su empleo por el trabajo en sí,
se sienten muchas veces comprometidas con las organizaciones que hacen
posible el trabajo. Los empleados comprometidos tienden a permanecer con las
organizaciones aún cuando son perseguidos por el dinero que ondean los
cazatalentos.
No es difícil entender cómo y por qué la motivación al logro se puede
traducir en un fuerte liderazgo. Si uno se establece una escala de desempeño
alta para sí mismo, cuando se encuentre en una posición adecuada hará lo
mismo para la organización. De la misma forma, una orientación a
sobrepasar las metas y un interés por llevar registros de desempeño, puede
ser contagiosa. Los líderes con estas cualidades a menudo pueden rodearse
de un equipo de gerentes con las mismas cualidades. Por supuesto, el
optimismo y el compromiso organizacional son fundamentales para el
liderazgo.
EMPATÍA


De todas las dimensiones de la inteligencia emocional, la empatía es la más
fácil de reconocer. Todos sienten la empatía de un profesor o un amigo
sensible y se ha golpeado su ausencia cuando estamos con un jefe o
entrenador insensible. Pero cuando se trata de negocios, raramente se oye
que las personas son elogiadas o recompensadas por su empatía. La palabra
misma parece alejada de la vida de los negocios y fuera de lugar entre las
duras realidades del mercado.
Pero la empatía no tiene que ver con aquel sentimentalismo del estilo de
"yo estoy bien, tú estás bien". Para un líder, la empatía no
significa adoptar las emociones de otros como propias y tratar de complacer
a todos. Esto sería una pesadilla y haría la acción imposible. Por el
contrario, empatía significa considerar los sentimientos de los empleados,
junto con otros factores, en el proceso de tomar decisiones inteligentes.
Para un ejemplo de empatía en acción, consideremos lo que ocurrió cuando
dos grandes compañías de corredores de bolsa se fusionaron y crearon
cargos redundantes en todas las divisiones. Un gerente de división reunió
a su gente y les dio un triste discurso para anunciar que varias personas
pronto serían despedidas. El gerente de otra división le dio a su gente un
discurso muy diferente. No ocultó sus preocupaciones y confusión, y
prometió que mantendría a todos informados y los trataría justamente.
La diferencia entre estos dos gerentes era la empatía. El primer gerente
estaba muy preocupado por su propio destino para ponerse a considerar los
sentimientos de sus colegas golpeados por la ansiedad. El segundo
intuitivamente sabía qué estaba sintiendo su gente y reconoció sus
preocupaciones con sus propias palabras. ¿Es acaso una sorpresa que el
primer gerente haya presenciado el hundimiento de su división mientras
muchas personas desmoralizadas, en especial las más talentosas, se
marchaban? En contraste, el segundo gerente continuó siendo un líder
fuerte, las mejores personas se quedaron y su división siguió tan
productiva como siempre.
Como componente del liderazgo, la empatía es particularmente importante en
la actualidad, por lo menos por tres razones: el creciente uso de equipos de
trabajo, la velocidad de la globalización y la necesidad de retener el
talento. Consideremos la necesidad de liderar un equipo: como lo podrá
confirmar cualquiera que haya formado parte de un equipo, éstos son
calderas saturadas de emociones en ebullición. Muchas veces se les pide a
quienes pelean llegar a un acuerdo, pero si esto es difícil entre dos
personas, es mucho más complicado cuando los miembros del equipo aumentan.
Hasta en pequeños grupos de cuatro o cinco miembros se forman alianzas y se
establecen agendas interpuestas. El líder de un equipo debe ser capaz de
percibir y entender los puntos de vista de cada uno de los miembros
alrededor de la mesa de trabajo.
Esto es exactamente lo que hizo una gerente de marketing en una gran empresa
de tecnología de la información, cuando fue nombrada para liderar un
equipo en problemas. El equipo se encontraba agitado, con una gran carga de
trabajo y fechas límites sin cumplir. Las tensiones eran muy grandes entre
los miembros. No era suficiente tratar de arreglar la situación con
procedimientos para acercar al grupo.
Entonces, esta ejecutiva tomó varias medidas. En una serie de sesiones
frente a frente, ella escuchó a cada uno de los miembros del grupo hablar
sobre lo que los estaba frustrando, cómo evaluaban a sus colegas y si sentían
que habían sido ignorados. Después dirigió su equipo en una forma que los
acercó: fomentó que las personas hablaran abiertamente de sus
frustraciones y ayudó a la gente a lanzar críticas constructivas durante
las reuniones. En pocas palabras, su empatía le permitió entender el
estado emocional del equipo. El resultado no fue únicamente una mayor
colaboración entre los diversos miembros, sino también la aparición de
negocios adicionales, pues el equipo fue convocado para ayudar a una variada
gama de clientes internos.
La globalización es otra razón para la creciente importancia de la empatía
en los líderes de negocios. El diálogo intercultural puede llevar fácilmente
a equivocaciones y malentendidos. La empatía es el antídoto. Las personas
que la poseen están sintonizadas con las sutilezas del lenguaje corporal,
pueden escuchar el mensaje detrás de las palabras habladas. Más allá de
esto, tienen un profundo entendimiento de la existencia e importancia de las
diferencias étnicas y culturales.
Si se considera el caso de una firma consultora estadounidense cuyo equipo
acababa de exponer un proyecto a un potencial cliente japonés. En sus
relaciones anteriores con sus clientes estadounidenses, el equipo estaba
acostumbrado a ser bombardeado con preguntas después de cada propuesta,
pero esta vez fueron recibidos con un profundo silencio. Varios miembros del
equipo, tomando ese silencio como señal de desaprobación, estaban listos
para empacar y marcharse. El consultor líder les hizo señas para que se
detuvieran. A pesar de que no le era particularmente familiar la cultura
japonesa, él pudo leer la expresión de la cara y la postura del cliente y
no percibió rechazo, sino interés y profunda consideración. Estaba en lo
cierto: cuando el cliente finalmente habló, fue para otorgarle el proyecto
a la firma de consultoría.
Finalmente, la empatía juega un papel clave en la retención del talento,
particularmente en la economía actual de la información. Los líderes
siempre han necesitado la empatía para desarrollar y retener a la gente
buena, pero ahora lo que está en juego es más importante. Cuando las
personas excelentes se marchan, se llevan el conocimiento de la compañía
con ellas.
Aquí es donde aparecen la consultoría y la tutoría. En repetidas
ocasiones, se ha demostrado que la consejería y la tutoría son
provechosas, no sólo para un mejor desempeño, sino también para una mayor
satisfacción en el trabajo y una disminución de la rotación. Sin embargo,
lo que hace que la consultoría y la tutoría funcionen mejor es la
naturaleza de la relación. Los consejeros y mentores sobresalientes
impactan las cabezas de las personas a quienes ayudan. Ellos perciben cómo
dar una retroalimentación efectiva y saben cuándo empujar para un mejor
desempeño y cuándo frenar. En la forma como motivan a sus protegidos, están
demostrando empatía en acción.
Aunque parezca que se repite un refrán, la empatía no goza de mucho
respeto en los negocios. Las personas se preguntan cómo hacen los líderes
para tomar decisiones complicadas si están "sintiendo" por todos
los afectados. Pero los líderes con empatía hacen mucho más que
simpatizar con las personas que se encuentran a su alrededor: utilizan su
conocimiento para mejorar sus empresas en forma sutil, pero importante.
HABILIDADES SOCIALES


Los tres primeros componentes de la inteligencia emocional son habilidades
de automanejo. Las dos últimas - empatía y habilidades sociales - tiene
que ver con la capacidad de las personas para manejar las relaciones con los
demás. Como componente de la inteligencia emocional, las habilidades
sociales no son tan sencillas como parecen. No es sólo una cuestión de ser
amistoso, a pesar de que las personas con altos niveles de habilidades
sociales rara vez no lo sean. Por el contrario, la habilidad social es
amistad con un propósito: conducir a las personas hacia la dirección que
se desee, ya sea un acuerdo para una nueva estrategia de marketing o
entusiasmo frente a un nuevo producto.
Las personas con habilidades sociales tienden a tener un amplio círculo de
conocidos y tienen un don para encontrar cosas en común con personas de
todo tipo. En otras palabras, un don para despertar simpatía. Esto no
quiere decir que socialicen continuamente. Significa que trabajan conforme a
la suposición de que nada importante se puede hacer solo. Estas personas
tienen una red de conocidos lista para ser activada cuando es necesario.
Las habilidades sociales son la culminación de las otras dimensiones de la
inteligencia emocional. Las personas tienden a ser muy afectivas al manejar
relaciones en las cuales puedan entender y controlar sus propias emociones y
puedan tener empatía con los sentimientos de los otros. Incluso la motivación
contribuye a las habilidades sociales. Recordemos que las personas que están
orientadas al logro tienden a ser optimistas, a pesar de los fracasos y
retrocesos. Cuando las personas están muy bien, su "brillo" se ve
reflejado en las conversaciones y encuentros sociales. Son populares, y con
razón.
Al ser resultado de otras dimensiones de la inteligencia emocional, las
habilidades sociales son reconocibles en el trabajo en muchas formas que
sonarán familiares. Por ejemplo, las personas con habilidades sociales son
adeptas al manejo de equipos de trabajo: ésta es la empatía en pleno
funcionamiento. Así mismo, son expertas en persuasión: ésta es una
manifestación que combina autoconciencia, autorregulación y empatía.
Dadas estas habilidades, quienes son buenos para persuadir saben cuándo
deben hacer una súplica emotiva y cuándo funcionará mejor un llamado a la
razón. La motivación, cuando es visible públicamente, hace de estas
personas excelentes colaboradores: su pasión por el trabajo se expande a
los otros y éstos se ven impulsados a buscar soluciones.
Pero algunas veces, la habilidad social se manifiesta en formas diferentes a
como lo hacen los otros componentes de la inteligencia emocional. Por
ejemplo, algunas veces puede pensarse que las personas con habilidades
sociales no hacen nada en su trabajo. Parecen más bien estar charlando en
los pasillos con los colegas, o bromeando con personas que ni siquiera están
conectadas con sus verdaderos trabajos. Estas personas piensan que no tiene
sentido limitar arbitrariamente el alcance de sus relaciones. Tejen amplios
lazos, pues saben que en estos tiempos pueden necesitar la ayuda de personas
que empiezan a conocer.
Este es el caso de un ejecutivo en el departamento de estrategia de una
empresa global que fabrica computadoras. Para 1993, estaba convencido de que
el futuro de la empresa era Internet. Durante el año siguiente, encontró
gente parecida y utilizó su habilidad social para reunir toda una comunidad
virtual que iba más allá de niveles, divisiones y naciones. Después
utilizó este equipo de facto para crear un sitio web corporativo, que fue
uno de los primeros que tuvo una gran empresa. Por su propia iniciativa, sin
presupuesto ni un status formal, inscribió a la empresa para participar en
una convención anual de la industria de Internet. Con un llamado a sus
aliados y persuadiendo a varias divisiones para donar fondos, reclutó a más
de cincuenta personas de una docena de unidades diferentes para que
representaran a la compañía en la convención.
La gerencia tomó nota: en un año, el equipo de este ejecutivo conformó la
base para la primera división de Internet de la empresa y fue nombrado
formalmente como encargado de esa. Para poder llegar allí, el ejecutivo había
ignorado todos los límites convencionales, forjando y manteniendo
conexiones con personas en cada lugar de la organización.
¿La habilidad social está considerada una capacidad clave de liderazgo en
las empresas? Sí, en especial cuando se compara con otros componentes de la
inteligencia emocional.
La gente parece saber intuitivamente que los líderes necesitan manejar
relaciones de manera efectiva. Ningún líder es una isla. Después de todo,
la labor de éste es la de hacer el trabajo con la ayuda de otras personas y
las habilidades sociales permiten que los líderes pongan a trabajar su
inteligencia emocional.
Sería tonto afirmar que el tradicional cociente intelectual y las
habilidades técnicas no son ingredientes importantes para un fuerte
liderazgo. Pero la receta no estaría completa sin la inteligencia
emocional. Alguna vez se pensó que "sería simpático y positivo"
que los líderes de los negocios tuvieran los componentes de la inteligencia
emocional. Ahora ya sabemos que, para que el desempeño sea superior, los líderes
deben tener estos ingredientes.
Entonces, es afortunado que la inteligencia emocional pueda aprenderse. El
proceso no es fácil. Toma tiempo y más que todo compromiso, pero los
beneficios de tener una inteligencia emocional bien desarrollada, tanto para
el uso individual como para el de la organización, hacen que valga la pena
el esfuerzo.
| ¿ES
POSIBLE APRENDER LA INTELIGENCIA EMOCIONAL? |
Por
años, se ha debatido si los líderes nacen o se hacen. De igual
forma sucede con la inteligencia emocional. ¿Las personas nacen con
ciertos niveles de empatía, o los adquieren como resultado de
experiencias de la vida?. La respuesta es: ambas cosas. La
investigación científica sugiere en forma muy fuente que existe un
componente genético en la inteligencia emocional. Las
investigaciones psicológicas y el desarrollo demuestran que su
fomento cumple también un papel. Cuánto incide cada ingrediente -
el genético y el aprendido - tal vez nunca se conocerá, pero la
investigación y la práctica claramente demuestran que la
inteligencia emocional puede aprenderse.
Una cosa es segura: la inteligencia emocional se incrementa con la
edad. Hay una palabra anticuada para este fenómeno: madurez. Pero
incluso en la madurez algunas personas necesitan entrenamiento para
poder incrementar su inteligencia emocional.
Desafortunadamente, gran cantidad de programas de entrenamiento que
pretenden construir habilidades de liderazgo, incluyendo
inteligencia emocional, son una pérdida de tiempo y dinero. El
problema es muy sencillo: se enfocan en el área equivocada del
cerebro.
En gran medida, la inteligencia emocional nace en los
neurotransmisores del sistema límbico del cerebro, el cual maneja
los sentimientos e impulsos. La investigación indica que el sistema
límbico aprende mejor mediante la motivación, la práctica extensa
y la retroalimentación. Comparemos esto con el tipo de aprendizaje
que ocurre en las neocortezas que manejan las habilidades, analíticas
y técnicas. Las neocortexas captan los conceptos y la lógica. Esta
es la parte del cerebro que establece cómo utilizar un conmutador o
cómo hacer una llamada de ventas después de leer un libro. Erróneamente
- aunque debe sorprendernos - es también la parte del cerebro a la
que apuntan la mayoría de los programas de entrenamiento que buscan
incrementar la inteligencia emocional. Mis investigaciones en el
Consorcio para la investigación en Inteligencia Emocional en las
Organizaciones han demostrado que cuando estos programas adoptan el
enfoque de las neocortezas, pueden tener un efecto negativo en el
desempeño laboral de las personas.
Para incrementar la inteligencia emocional, las organizaciones deben
enfocar nuevamente su entrenamiento de manera que incluyan el
sistema límbico. Deben ayudar a que las personas rompan con viejos
hábitos de comportamiento y desarrollen nuevos hábitos. Esto no sólo
requiere mucho más tiempo de
entrenamiento que los programas convencionales, sino que además
implica un enfoque individualizado.
Imagine a una ejecutiva cuyos colegas piensan que tiene baja empatía.
En parte esto se refleja en su inhabilidad para escuchar, en que
interrumpe a las personas y no pone atención a lo que dicen. Para
solucionar este problema, la ejecutiva necesita que la motiven a
cambiar y luego debe |
practicar
y recibir retroalimentación de otras personas en la empresa. Un
colega o entrenador puede hacerle saber cuando ella no hay
escuchado. Posteriormente, tendrá que revivir el incidente y
demostrar su habilidad para incorporar lo que otros están diciendo.
La ejecutiva puede recibir orientación para que observe a otros
ejecutivos que si saben escuchar e imite ese comportamiento.
Con práctica y persistencia esto puede conducir a resultados
duraderos. Conozco un ejecutivo de Wall Street que buscó mejorar su
empatía, en especial para poder leer las reacciones de las personas
y apreciar sus diferentes perspectivas. Con anterioridad a que este
ejecutivo iniciara su intento de mejorar, sus subordinados sentían
terror de trabajar con él. Incluso llegaban a ocultarle las malas
noticias. Naturalmente entró en shock al enterarse de estos hechos.
Se fue a casa y le contó lo ocurrido a su familia, sólo para
confirmar lo que ya había escuchado en el trabajo. Cuando las
opiniones de ellos en cualquier tema no concordaban con las suyas,
ellos también le temían.
Contrató la ayuda de un entrenador y volvió a su trabajo buscando
la forma de aumentar su empatía mediante la práctica y la
retroalimentación. El primer paso fue tomar unas vacaciones en un
país extranjero donde no se hablaba su idioma. Estando allá,
monitoreó sus reacciones frente a lo que no le era familiar y su
apertura hacia personas muy diferentes a él. Cuando regresó
humildemente luego de su semana en el exterior, el ejecutivo le pidió
a su entrenador que lo siguiera en diferentes momentos del día y
durante varias semanas, para así criticarle la forma como trataba a
las personas que tenían perspectivas nuevas o diferentes. Al mismo
tiempo, utilizó conscientemente las diferentes interacciones en su
trabajo como oportunidades para poder practicar el ejercicio de
escuchar ideas diferentes a las suyas. Finalmente, el ejecutivo hizo
que lo filmarán en las reuniones y pidió a quienes trabajaban con
él que le criticaran su habilidad para reconocer y entender los
sentimientos de los demás. Esto le tomó varios meses, pero su
inteligencia emocional finalmente surgió y el mejoramiento se vio
reflejado en su desempeño global en el trabajo.
Es importante hacer énfasis en que la construcción de la
inteligencia emocional propia no puede ocurrir sin un sincero deseo
y un esfuerzo concertado. Un seminario breve no ayudará; tampoco
puede uno pretender que la solución sea comprar un manual de cómo
hacerlo. Resulta mucho más difícil a aprender tener empatía -
interiorizar la empatía como una respuesta natural hacia las
personas -, que volverse diestro en el análisis de regresión estadística.
Pero puede lograrse. Ralph Waldo Emerson escribió: "Nunca una
cosa grande se consiguió sin entusiasmo". Si su meta es
convertirse en un verdadero líder, estas palabras le servirán como
guía en sus esfuerzos para desarrollar alta inteligencia emocional. |
Fuente:
Grupo Hay (www.haygroup.com.mx)
El
furor que despertó el concepto de Inteligencia Emocional (IE) se debe
a que Daniel Goleman, en su libro Inteligencia
emocional en la empresa (1995), difundió un nombre
comercialmente atractivo a teorías psicológicas que tenían por lo
menos cuatro décadas de haberse publicado. El acierto de Goleman es
que sintetizó y supo explicar en términos empresariales y
corporativos una concepto que, a primera vista, parece un tanto
elusivo.
La seducción de la que fue capaz esta idea fue patente cuando Harvard
Business Review publicó un artículo sobre el tema que se
convirtió en el texto más leído de la publicación en los últimos
40 años.
"La IE no es nueva. Desde hace varios años existen cursos sobre
cómo expresar e identificar las emociones dentro del ambiente
laboral. Lo que hizo Goleman fue hacer una investigación más
profunda que ha ayudado a que la gente se cuestione el lugar de las
emociones en el trabajo", de acuerdo con Carmen Moreno, directora
de Consultores Interdisciplinarios para el Desarrollo (Cinde, www.consultores.com.mx),
empresa que imparte cursos de control de las emociones en las
empresas.
Las investigaciones psicológicas sobre la inteligencia
tradicionalmente se enfocaban a aspectos cognitivos; no obstante,
otros investigadores pusieron énfasis en aspectos no cognitivos.
Incluso, el psicólogo David Wechsler aseguró en 1943 que las
habilidades no intelectuales eran esenciales para conocer la capacidad
de una persona para resolver problemas cotidianos y comportarse
inteligentemente.
Las conclusiones a las que llegaron éste y otro grupo de estudiosos
del tema era que los líderes capaces de establecer confianza, respeto
y calidez hacia sus subordinados logran mejores resultados.
Con esos antecedentes teóricos, los sicólogos Peter Salovey y John
Mayer, en una obra de 1990, acuñaron el término de IE, que
definieron como "una forma de inteligencia social que involucra
la habilidad de detectar las emociones propias y las de otros para
analizarlas y emplearlas como guía de pensamiento y acción."
En otras palabras, "la IE es la capacidad de relacionar la
actividad del hemisferio izquierdo: lo objetivo, racional, lógico y
secuencial, con la dinámica del hemisferio derecho: emoción, intuición
y creatividad", según Moreno.
Pronto se diseñaron estudios para detectar la IE en los que se
demostró que las personas que tenían mejor desarrollada esta
capacidad se recuperaban con mayor rapidez de situaciones
desagradables y se adaptaban con mayor facilidad a los cambios.
Se llegó a la conclusión de que la inteligencia cognitiva (IQ) no
está directamente ligada a un buen desempeño laboral y que ésta
cuenta apenas, y en el mejor de los casos, alrededor de un 30%, según
estudios de Sternberg (1996). Más relevancia tienen para el trabajo,
capacidades como controlar la frustración, manejar emociones e
interactuar con otras personas.
Y no es que el IQ sea irrelevante, pero una vez que se consiguió un
empleo -gracias a los conocimientos adquiridos- el factor predominante
para tener éxito está más relacionado con aspectos sociales y
emocionales, de acuerdo con Cary Cherniss, investigador de la Escuela
de Sicología Aplicada de la Universidad de Rutgers.
Sin embargo, la IE no significa nada más manejar las emociones
propias, sino también influir en las emociones de otras personas.
Estudios realizados en la Universidad de Yale demostraron que un grupo
de control liderado por una persona entusiasta y alegre era capaz de
transmitir optimismo, al contrario de grupos con líderes irritables o
desanimados.
Es simplista, no obstante, afirmar que la persona con una desarrollada
IE tiene un buen desempeño en el trabajo, pues es necesario
desarrollar ciertas habilidades: capacidad de influencia, creatividad,
liderazgo o iniciativa, por ejemplo.
El problema es que, a decir de Moreno, las empresas mexicanas,
incluidas las grandes, han tomado muy poco en cuenta el equilibrio
emocional de los empleados. "Cuesta trabajo convencer a la gente
de la importancia de las emociones en el trabajo, pues los directivos
sólo están interesados en apoyar cursos que se enfoquen sólo a la
productividad o la calidad total", señala la especialista.
"Pero resulta obvio que si las personas no están bien no
producirán bien. Si no hay personas de calidad no habrá calidad. En
la medida en que haya una estabilidad emocional hay productividad. Así
de fácil. De lo contrario, se crea un círculo vicioso pues la falta
de resultados genera angustia", opina Moreno.
En buena medida, la reticencia de las empresas mexicanas para
implementar estas dinámicas obedecen a una cuestión cultural. A los
hombres se les enseña desde niños a reprimir las emociones, y como
la gran mayoría de las empresas han sido creadas y son administradas
por hombres, no hay oportunidad para manifestar los sentimientos.
Sin embargo, un buen manejo de las emociones es uno de los
ingredientes indispensables del líder, que sin equilibrio mental no
podría desempeñarse correctamente. "Tal vez la mejor muestra de
esto sea el presidente electo Vicente Fox, quien fue el candidato que
mejor logró manejar las emociones de la gente, en buena medida,
porque se percibía en él a un hombre seguro y con confianza",
concluye Moreno.
|
La
inteligencia emocional llevada a la práctica
|
- La Fuerza Aérea de los Estados
Unidos utilizó la prueba para medir habilidades
emocionales EQ-I con el objeto de seleccionar a su
personal. Los más exitosos reclutas lograron un alta
calificación en áreas como: asertividad, empatía,
felicidad, control de las emociones. Ese año -1998-
ahorraron $3 millones de dólares en su proceso de
reclutamiento. Esos resultados hicieron que el
Departamento de Defensa impusiera esa técnica de selección
a todas las fuerzas armadas.
- Un análisis entre más de 300
ejecutivos del más alto nivel mostró que seis
habilidades distinguían a los más exitosos, entre
ellas: Influencia, liderazgo, conciencia organizacional,
confianza en sí mismos y consecución de metas.
- En la compañía de cosméticos
L'Oreal los vendedores seleccionados de acuerdo con
sus habilidades emocionales vendieron en un año
$91,370 dólares más que los vendedores seleccionados
con procedimientos regulares. Además, desertaron 63%
menos de sus puestos durante el primer año.
- Una firma de bebidas
multinacional concluyó que la selección
tradicional de personal arrojaba una deserción de
50% durante los primeros dos años debido, en su
mayor parte, al bajo rendimiento. Cuando reclutaron
gente basados en sus habilidades emocionales, el
porcentaje se redujo a 6%.
- Después de que un grupo
de supervisores recibió un curso sobre cómo
desarrollar ciertas habilidades emocionales, como
escuchar mejor a sus subordinados y enseñarlos a
resolver eventualidades, se redujeron los
accidentes en más de un 50% y la productividad
superó las metas fijadas por la cantidad de
$250,000 dólares anuales. Los supervisores que no
tomaron el curso no registraron ningún beneficio.
- Otro estudio mostró que
la habilidad de controlar el estrés está
estrechamente vinculado al buen rendimiento de
gerentes en tiendas minoristas. El estudio tomó
en cuenta factores como ganancias netas, ventas
por metro cuadrado, ventas por empleado e
inversión por inventarios.
- Los nuevos vendedores
de la compañía Met Life que tuvieron un alta
calificación en optimismo vendieron durante
los primeros dos años 37% más que los
calificados como pesimistas.
- Un análisis
realizado por la firma de consultoría Egon
Zehnder International entre cientos de
ejecutivos de primer nivel de Alemania, Japón
y América Latina halló que aquellos con
mejores resultados en las pruebas de IE era
más susceptibles de triunfar que aquellos
con altos resultados en pruebas de
inteligencia (IQ) o con experiencia previa.
El estudio concluye que la IE es un mejor
instrumento de predicción de éxito que la
inteligencia cognitiva o la experiencia
laboral.
Fuente: Consortium
for Research on Emotional Intelligence in Organizations
(www.eiconsortium.org)
|
|
Algunas
habilidades emocionales:
|
- Autoconocimiento
- la capacidad de evaluarse a sí
mismo de una manera realista;
- tener un entendimiento
profundo de las propias fortalezas, debilidades,
necesidades y motivaciones;
- reconocer cómo los
sentimientos nos afectan
Manejo propio:
- controlar estados de ánimo
inadecuados e impulsos emocionales;
- escoger las palabras
cuidadosamente;
- evitar juicios erróneos;
- contenerse y
considerar factores mitigantes;
- crear un ambiente de
confianza y equidad.
Conocimiento social:
- estar comprometido a
ayudar a que las personas mejoren;
- ser sensible a los
sentimientos de las personas;
- entender varios puntos
de vista;
- manejar los
conflictos de manera abierta;
- estar dispuesto a
colaborar;
- trabajar en
equipo.
Habilidades sociales:
- entender a los demás;
reconocer y conocer sus necesidades; ejercer
influencia, desarrollar tácticas
interpersonales y enviar mensajes claros y
convincentes.
- desarrollar y mantener
una amplia red de contactos.
Ser amistoso
- movilizar a las
personas hacia la dirección que se desea.
Fuente:
Grupo Hay (www.haygroup.com.mx)
|
¿Quiere sopesar su Inteligencia Emocional? Haga click aquí www.eiq.org.
Las
señales aparecen en todas partes: voces que suben de tono en la sala de
juntas, murmullos en los pasillos, quejas a puertas cerradas de los
integrantes de su equipo. Sí, una de las personas de su grupo -una de las más
inteligentes y hábiles- es verdaderamente problemática. Alguien que irrita a
todos y con quien nadie se siente a gusto. Los gerentes siempre han tenido que
lidiar con empleados que causan problemas; pero en el mercado laboral actual,
¿quién puede darse el lujo de despedir a un malhumorado con talento?
Entonces, ¿qué hacer? Algunas de las posibles soluciones son tan simples y
directas que, por lo general, las ignoramos. Pero si resultan inadecuadas es
posible acudir, en busca de ayuda, a los profesionales de un nuevo concepto,
llamado "Inteligencia Emocional" (IE).
Para empezar, evalúe si el empleado problemático está en el puesto
equivocado.
"¿Por la personalidad que tiene, esa persona no se ajusta a la función
que desempeña?", pregunta Thomas Rice, presidente de Interaction
Associates, una consultora internacional de Cambridge, Massachusetts. Y añade:
"A menudo encontramos, por ejemplo, a alguien que es introvertido y
solitario, y quizá esa clase de persona altamente intuitiva, que no puede
seguir los procedimientos administrativos, en un puesto en el que todos
esperan que haga precisamente eso". A juicio de F. Norris Dodge,
presidente de H. R. Masters, de Owings Mills, Maryland, este tipo de
desajustes se incrementa cuando los individuos con fuertes habilidades técnicas
son ascendidos a funciones gerenciales. "Estoy viendo personas que tienen
dificultades para relacionarse con la gente en puestos que requieren esa
habilidad -dice-. Contadores o analistas, por ejemplo, al frente de sus
departamentos. Personas que les escapaban a esos cargos -querían trabajar con
números o con máquinas-, y que de pronto se ven tratando de crear equipos y
de fomentar el trabajo en equipo, pero no tienen la menor idea de cómo
hacerlo." Si ése es el problema, trate de desarrollar en esa gente
habilidades gerenciales, o transfiérala a actividades en las que puedan
aprovechar sus fortalezas.
Analice si no es el trabajo que hacen, en sí mismo, el que exige que sean
personas difíciles.
Algunas organizaciones tienen cargos de choque, puestos que siempre parecen
estar ocupados por maniáticos y cascarrabias. Rice, de Interaction, sospecha
cada vez que a una persona promovida rápidamente a vicepresidente, de repente
es considerada una pesadilla. "Siempre trato de averiguar qué sucedió
con la última persona que ocupó ese cargo -explica-; ¿también era una
pesadilla? Por lo general me responden que sí. ¿Y la anterior? 'Tampoco duró
mucho en el cargo', me dicen. Claramente, esa persona está haciendo el
trabajo sucio de alguien. Cubriendo a otro; al presidente u otro ejecutivo de
alto rango." ¿Qué hacer? Vivir con el problema. Reconocer que ser difícil
es parte de lo que se le pide a esa persona. Pero hay que cambiarlo de puesto
antes de que se agote y se vaya de la empresa.
Evalúe la dinámica del grupo; el problema puede estar allí.
Las organizaciones que crecen rápidamente -y
las que tienen un ambiente de desempeño muy exigente-, a menudo generan un
vacío de liderazgo. Ese vacío permite que una persona muy resuelta maneje
sin sutileza a las demás. "Puede haber una persona sumamente talentosa
en esa situación -dice Rice-; pero tendrá una incidencia nociva porque la
dinámica del grupo será disfuncional." Si ése es el problema, asegúrese
de que en cada grupo haya por lo menos una persona con la personalidad o el
poder para neutralizar a su "prima donna".
Más allá de los remiendos organizacionales.
Estos problemas son organizacionales, y pueden resolverse con relativa
facilidad, siempre que usted tenga la autoridad para hacer los cambios
necesarios. Pero otros problemas son personales e interpersonales; los que se
describen con frases como "conflicto de personalidad", "mala química"
o "me saca de mis casillas". Los empleados problemáticos, en sí
mismos, pueden tener personalidades conflictivas. Pero también puede ocurrir
que usted, como gerente, debido a su propia personalidad, agrave la situación
en lugar de mejorarla.
Cualquiera que sea el caso, en la inteligencia emocional es posible encontrar
la clave de la solución. Daniel Goleman, autor de dos libros sobre la
inteligencia emocional, explica las pautas básicas de ese concepto (ver
recuadro). Una persona con alta IE se conoce a sí misma, confía en sí misma
y se identifica fácilmente con otras personas. Asimismo, tiene facilidad para
comunicarse, para liderar y para motivar, habilidades que no todos los
gerentes poseen en abundancia. "Muchas veces, las personas conflictivas
no logran mejoras en su conducta porque sus jefes no tienen la suficiente
inteligencia emocional para conducirlas", dice Cary Cherniss, profesor
del Centro de Psicología Aplicada de la Universidad Rutgers y director del
Emotional Intelligence Consortium, una entidad sin fines de lucro que está
armando un catálogo de las mejores prácticas de IE. "En primer lugar -añade-,
los gerentes tienen que ser conscientes de sus propias respuestas emocionales,
y de la manera en que la gente (con problemas) activa sus resortes
emocionales. Deben poder controlar su carácter y sus temores, dependiendo de
la situación que enfrenten con el individuo problemático. Tienen que ser
positivos y seguros en la forma en que trabajan con personas conflictivas; no
intimidar ni agobiar, sino actuar con diplomacia."
¿Qué significa todo esto en la práctica? Un gerente emocionalmente
inteligente, por ejemplo, no debe tratar de cambiar la conducta de los
empleados conflictivos, sino ayudarlos a que comprendan los problemas que
ocasionan. "Ese tipo de personas no es muy consciente de la manera en que
se comportan -apunta Cherniss-. Pero si se les hace ver el impacto que tiene
su conducta, a menudo cambian." Cita el caso de un gerente dominante e
intimidatorio, pero convencido de que su actitud era la adecuada, y que no sabía
por qué la gente se molestaba con él. "Hasta que lo grabaron durante
una reunión; y cuando le mostraron el video, se le llenaron los ojos de lágrimas.
No tenía idea de cómo era hasta que se vio en el video."
Otra herramienta útil es la retroalimentación de 360 grados, mediante la
cual el desempeño de una persona es evaluado por todos los que la rodean.
"Suele usarse mal -dice Cherniss-; pero si forma parte de un proceso de
desarrollo, cuando un ejecutivo ayuda a un individuo y comparte con él la
información de manera emocionalmente inteligente, la retroalimentación de
360 grados es muy poderosa para motivar al cambio."
Si adquirir estas habilidades le parece muy difícil, no se asuste; la
inteligencia emocional se aprende. Desde 1992, American Express Financial
Advisors, con sede en Minneapolis, tiene en marcha un programa de
entrenamiento en Competencia Emocional para gerentes. Una de las metas es
ayudarlos a convertirse en "asistentes emocionales" de las personas
que dependen de ellos. La capacitación contribuye a que los gerentes aprecien
el papel que juega la emoción en el lugar de trabajo, y a que desarrollen una
mayor conciencia de sus propias reacciones emocionales. Incluye entrenamiento
en autoconocimiento, autoregulación, empatía y habilidades para las
relaciones sociales.
Lo interesante es que esas habilidades "suaves" se traducen en
resultados concretos. Un estudio reciente determinó que los gerentes
entrenados en esas habilidades hicieron crecer sus empresas a un promedio del
18.1%, comparado con el 16.2% de gerentes que no fueron capacitados. Esto
significa un estimado de $247 millones de dólares en incremento de los
ingresos durante los 15 meses del período estudiado. Pam J. Smith, gerente
del programa de Competencia Emocional, asegura que como resultado de esa
iniciativa, la empresa también registra mayor retención de empleados y menor
ausentismo. Smith dice que nadie es "enviado" al programa, y que
tampoco se usa como terapia. Y añade que, incluso así, ayuda a solucionar
problemas con gente conflictiva, y permite a los gerentes ver, por sí mismos,
en qué casos causan o exacerban los problemas. A veces, eso es suficiente.
Constantine Von Hoffman
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Cómo
Usar la Inteligencia Emocional
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La inteligencia emocional, escribe Daniel Goleman, es "la
capacidad de reconocer nuestros sentimientos y los de los demás, para
motivarnos y manejar adecuadamente las emociones, tanto en beneficio
propio como en nuestras relaciones". La gente que tiene altos
niveles de inteligencia emocional puede tratar a empleados
conflictivos con más facilidad, y evitar convertirse en un empleado
problemático. ¿La IE se puede aprender? Efectivamente, dice el
autor, pero no mediante técnicas convencionales de enseñanza. El
aprendizaje debe vincularse con las fortalezas y debilidades
individuales, y reforzarse con cambios de conducta a lo largo del
tiempo. Y muchas veces funciona mejor si es autodirigido. Una
contadora que menciona Goleman, por ejemplo, reconoció que tendía a
encolerizarse cuando era criticada, y que "decía cosas que luego
la avergonzaban". Mientras cursaba un Executive MBA decidió
hacer frente a su debilidad mediante una serie de pasos, entre los que
se contaron:
- Aprender
y dominar técnicas para mejorar su "autocontrol -anticipar
situaciones que disparaban sus propias emociones, por ejemplo-, y
prepararse a sí misma para no descontrolarse". Hay que
recordar que la mayor parte de las críticas es, en realidad,
retroalimentación constructiva.
- Practicar
y ensayar mentalmente estas respuestas con la mayor asiduidad
posible.
- Simular
situaciones conflictivas con sus compañeros de estudio, de modo
tal de "encontrar nuevas estrategias de autocontrol".
- Pedirle
a un compañero del equipo que le hiciera una señal si la veía
"inflexible, terca o exagerada".
Estas
habilidades, apunta Goleman, se enseñan cada vez más en las escuelas
de negocios; especialmente en la Weatherhead School of Management de
la Case Western Reserve University, que dedicó un curso completo a
competencias personales y emocionales.
Management Update
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Si
quiere más información....
-
www.eiconsortium.org:
El sitio del Consorcio de Inteligencia Emocional incluye hallazgos de
investigación, libros, artículos y futuros planes de investigación.
También ofrece información sobre conferencias y exposiciones sobre
inteligencia emocional.
-
Emotional
Intelligence: Why It Can Matter More than IQ, por Daniel Goleman (1997,
Bantam Books).
-
Executive
EQ: Emotional Intelligence in Leadership and Organization, por Robert K.
Cooper y Ayman Sawaf (1998, Perigee).
-
Working
with Emotional Intelligence, por Daniel Goleman (1998, Bantam Books,
disponible en librerías y en línea).
- La Inteligencia Emocional es un concepto de psicología
- Es perfectamente aplicable a las organizaciones
- Resulta indispensable para el éxito de las empresas
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