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Sindicalismo mexicano en transición[*]

Ignacio Medina Núñez

Universidad de Guadalajara

La etapa de transición en México, desde el 2 de julio de 2000 hasta el primero de diciembre, se definió con los nombramientos del equipo con el que el nuevo presidente Vicente Fox podrá empezar a gobernar el país al principio de su sexenio.

Las promesas del nuevo gobierno han sido muy claras en cuanto a combatir la pobreza y hacer reflejar la nueva etapa que vive la nación en alguna elevación del bienestar económico de los trabajadores. En esta perspectiva, se convierte en pivote fundamental el área económica, pero de manera particular también los nombramientos en las secretarías de Desarrollo Social y del Trabajo y Previsión Social (stps). En cuanto a los trabajadores asalariados, y en especial los sindicalizados, vamos a abordar la problemática que se presenta con Carlos Abascal Carranza al frente de la stps.

Su nombramiento fue conflictivo, de entrada, por sus antecedentes como presidente de la más grande confederación de empresarios del país, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y por su anteriores vínculos ideológicos con el sinarquismo. De hecho, varias organizaciones laborales protestaron ante su nombramiento o como lo dijera el senador del prd Demetrio Sodi de la Tijera: "Hubiera preferido un secretario del Trabajo dedicado a defender a los trabajadores y no uno interesado en los intereses del sector patronal". Por lo demás, la actuación de Carlos Abascal ha sido en general muy complaciente con las formas corporativas de proceder de los sindicatos del Congreso del Trabajo. Sin embargo, ¿será así la posición del nuevo secretario del Trabajo? Lo que no se puede negar es que Abascal Carranza conoce la problemática laboral y patronal mexicana: nuestra interrogante se refiere más a su labor como secretario de Estado, en la que, de acuerdo con el código de ética expresado el día de la toma de posesión, el primero de diciembre de 2000, su desempeño deberá estar apegado a los intereses nacionales y no a los de grupos particulares de empresarios.

El sindicalismo mexicano, por su parte, no llega con fuerza y unidad a este período de transición política, sino en crisis y con múltiples corrientes. En el amplio panorama de las expresiones de organización de los trabajadores en México, en las últimas décadas del siglo xx el movimiento sindical ha desembocado en tres corrientes representativas. La primera se expresa en el modelo del sindicalismo corporativo que proviene de la década de 1930 y que luego se convirtió en instrumento de control sobre el movimiento obrero, en un modelo de industrialización basada en la sustitución de importaciones, que recibía prebendas de los sucesivos gobiernos posteriores a Lázaro Cárdenas. La segunda surgió justo en los años de 1990, aunque con antecedentes en varias luchas específicas de tiempo anterior, como una escisión dentro del Congreso del Trabajo y ante la pasividad del sindicalismo corporativo para enfrentar las consecuencias de las prolongadas crisis económicas; se formó el Foro sobre Sindicalismo ante la Nación, del cual nació posteriormente, en 1997, la Unión Nacional de Trabajadores (unt). La tercera corresponde a tendencias más radicales de grupos de trabajadores que, enfrentándose también al corporativismo del Congreso del Trabajo, concibieron la unt sólo como un movimiento reformista, y se plantearon, aunque de manera muy dispersa, una estrategia de confrontación con gobierno, patrones y sindicalismo oficial.

La síntesis de este panorama de corrientes de organización obrera, y no tanto el antecedente histórico del nuevo secretario del Trabajo, es lo que puede ayudar a vislumbrar las perspectivas de los sindicatos en el momento de transición política que vive el país, cuando, después de setenta y un años, el pri ha perdido la Presidencia de la República y la ha cedido al pan en la persona de Vicente Fox Quezada.

El sindicalismo oficial

Desde la época del presidente Lázaro Cárdenas, el mundo político de México estuvo dominado por un sistema corporativo autoritario, que en el ámbito de los sindicatos tuvo sus antecedentes en el pacto corporativo de Álvaro Obregón con los obreros de la Casa del Obrero Mundial en tiempos de la revolución y en la alianza establecida entre la Confederación Revolucionaria de Obreros Mexicanos (crom) de Luis N. Morones con los gobiernos de los años veinte. A partir de Cárdenas, quedaron establecidos los pilares de un modelo que perduró con estabilidad hasta los años sesenta: gobierno, empresarios, partido de Estado y sindicatos, que produjeron la estabilidad del período del "milagro mexicano" hasta fines de la década de 1960. El pacto social, sin embargo, se fue modificando poco a poco, y el sector obrero de ser un interlocutor en la elaboración y aplicación de las políticas públicas se convirtió en un aliado subordinado dentro del modelo industrial.

El modelo de una economía protegida entró en profunda crisis en los años setenta y explotó sobre todo en 1981. El gobierno de Miguel de la Madrid lo cambió radicalmente en 1982. Se impuso el llamado modelo neoliberal del libre comercio. Se acabaron los grandes recursos del proteccionismo y se profundizaron los programas de austeridad. Con ello, el sindicalismo oficial ni siquiera fue llamado a consulta en la elaboración de las políticas públicas.

Empezó a crecer la tasa de desempleo y subempleo; cayó progresivamente el poder adquisitivo de los salarios al enfrentar los niveles terribles de inflación. En 1988, los salarios compraban sólo 40 por ciento de lo que lograban en 1976. Disminuyeron también los programas sociales de educación, salud, vivienda y otros servicios. En el caso específico de la ciudad de México, el terremoto de 1985 vino a agudizar todavía más la situación. Con ello, no debe sorprender que, con la agudización de la crisis económica, la población dejó de votar en masa por el pri en la coyuntura política de 1988. Se puede suponer con facilidad que en julio de 1988 ganó el Frente Democrático Nacional (fdn) la Presidencia de la República con Cuauhtémoc Cárdenas; el triunfo oficial se le otorgó a Carlos Salinas, quien fue presidente de México hasta 1994.

Durante su período, el presidente Salinas pudo levantar los índices macroeconómicos del país y controlar el proceso inflacionario ofreciendo una apertura comercial sin precedentes y firmando un tratado para incorporar a México a Estados Unidos y Canadá, pero el sistema volvió a caer estrepitosamente en 1994. El nuevo gobierno persistió y profundizó el mismo programa de ajuste del sexenio anterior. El producto interno bruto (pib) creció 9.8 por ciento y la productividad del sector manufacturero ascendió a 12.6 por ciento, pero el empleo en ese sector bajó 9.9 por ciento y los salarios reales también descendieron 21.9 por ciento.[1] En el nuevo modelo se concentró la riqueza del país en unas pocas manos, porque los grandes empresarios fueron los únicos que obtuvieron enormes ganancias, mientras la población en general empobrecía.

Aunque Ernesto Zedillo pudo ganar con cierta holgura la Presidencia de la República en 1994, la nueva correlación de fuerzas políticas con las reformas hacía cada vez más difícil el fraude electoral en las proporciones en que se dio en 1988. La crisis, la escasez de recursos, los fenómenos cotidianos de corrupción de los funcionarios gubernamentales del partido en el poder, el crecimiento en la defensa del voto por parte de la sociedad civil, etcétera, causaron serios problemas electorales al pri. En julio de 1997, el pri perdió la mayoría en el Congreso de la Unión y también perdió de manera contundente el gobierno del Distrito Federal, para ceder lo al prd y su candidato, Cuauhtémoc Cárdenas. Este proceso culminó en el ámbito nacional con la derrota del pri en su candidato a la Presidencia de la República, Francisco Labastida Ochoa, el 2 de julio de 2000, y el triunfo del pan con Vicente Fox Quezada.

En los noventa, tuvimos un nuevo contexto político en México y el sindicalismo oficial, ligado de manera estructural y estatutaria al pri, siguió experimentando la misma debacle que el partido de Estado. Este sindicalismo oficial en decadencia, representado por el Congreso del Trabajo, constituye, sin embargo, todavía una de las corrientes sindicales en México que tienen peso como actor político. La muerte de Fidel Velázquez en 1997 no lo modificó en nada; la dirección provisional, convertida luego en definitiva, en el Congreso de la ctm en febrero de 1998, la ha mantenido Leonardo Rodríguez Alcaine,[2] cuya figura simboliza, sin las cualidades de Fidel, las tendencias corporativas más atrasadas del sindicalismo oficial; así lo ha seguido mostrando en su nueva reelección amañada al frente del suterm en el año 2000. Esta corriente representada en las organizaciones del Congreso del Trabajo se encuentra en crisis y a la defensiva por los efectos de un modelo neoliberal aplicado férreamente por los gobiernos de los tres últimos sexenios, con los cuales mantiene una alianza subordinada dentro de la militancia estatutaria dentro del pri. Este corporativismo sindical ha entrado en una crisis mayor, al igual que el pri, en el momento de la primera alternancia política de la Presidencia en México, en 2000, después de setenta y un años.

El foro "Sindicalismo ante la nación" y la creación de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT)

Cuando el presidente Miguel de la Madrid profundizó las políticas de austeridad en el Pacto de Solidaridad Económica en diciembre de 1987, las inconformidades de los sindicatos crecieron aun al interior del Congreso del Trabajo. El Sindicato de Telefonistas (strm) hizo alianza con el Sindicato Mexicano de Electricistas (sme), la Asociación de Tranviarios de México (atm), la Asociación de Pilotos de Aviación (aspa) y las sobrecargos de aviación (assa), y los técnicos de cine (stym); tuvieron un interés común para enfrentar la privatización radical de las empresas, para mejorar la producción, la productividad y la calidad de los servicios, para defender el empleo y el salario. Formaron la fesebs (Federación de Sindicatos de Bienes y Servicios del Estado), que obtuvo reconocimiento oficial en la presidencia de Carlos Salinas.

El 3 de enero de 1995, el gobierno de Zedillo propuso el Acuerdo de Unidad para Superar la Emergencia Económica (ausee) con un nuevo programa de austeridad. En esa ocasión, el sme y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (snte) reaccionaron con fuerza. Con el objeto de buscar una lucha común de los asalariados se unieron a la Confederación Obrera Revolucionaria (cor) para convocar a un foro de discusión sobre la defensa del salario y la modernización de las empresas, los días 22 y 23 de febrero de 1995, con el tema "El sindicalismo frente a la crisis y ante la nación".

El primer foro tuvo lugar en la Biblioteca Nacional de Educación, con apoyo del snte. No logró una gran audiencia, pero aparecieron numerosos sindicatos desligados del Congreso del Trabajo. La discusión se centró en tres mesas que trataron de la defensa de áreas estratégicas de la economía, la crítica del modelo económico y las formas de renovación sindical. El discurso de Elba Esther Gordillo, dirigente del snte, desctacó el concepto del nuevo sindicalismo como un "nuevo pacto social" en que juntos, gobierno y organizaciones obreras, pudieran encontrar soluciones a la crisis.

Un segundo foro de sindicalistas tuvo lugar en el auditorio del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (sntss) a principios de octubre de 1995 con la convocatoria de catorce organizaciones (doce de ellas integrantes del congreso del Trabajo); fue titulado "El sindicalismo ante la nación: análisis sobre el desempleo" y sirvió como base importante de crítica contra la política económica del país, pero también fue ocasión para empezar a hablar de cambios democráticos en la política hacia el sector sindical. Participó Antonio Rosado, líder del sindicato del imss, quien criticó abiertamente la política gubernamental en el discurso inaugural; en un tono semejante se expresaron Elba Esther Gordillo (ex líder del snte), Francisco Hernández Juárez (strm), Horacio Romo (secretario del exterior del sme), Reyes Soberanis (de la cor), Agustín Rodríguez (del stunam), entre otros.

Una coyuntura importante para este segundo foro fue la propuesta del presidente Zedillo para reformar la ley del imss. Esta iniciativa fue aprobada sin más por el Congreso del Trabajo; el sindicato del imss, que participó en el foro, aglutinó la posición de los participantes contra la iniciativa presidencial y en especial contra las Asociaciones de Fondos para el Retiro (afores): "Nos oponemos a la privatización de los fondos de jubilación y pensiones...". [3]

Posteriormente, un grupo encabezado por Francisco Hernández Juárez manifestó su decisión de formar una nueva central sindical, mientras que el otro grupo, dirigido por Elba Esther Gordillo, del snte, y lideresa del Frente Nacional de Organizaciones y Ciudadanos (fnoc) del pri, difería de la propuesta. Varios acontecimientos influyeron en la problemática sindical: la muerte de Fidel Velázquez ocurrió el 21 de junio; el pri perdió la mayoría absoluta en el Congreso de la Unión, el 6 de julio, y el prd ganó de manera abrumadora la jefatura del Distrito Federal. Con ello se mostró que el control corporativo de las organizaciones obreras a favor del pri en el ámbito electoral se había perdido.

Los foristas sufrieron algunas divisiones en el período posterior a las elecciones federales. Francisco Hernández Juárez y Elba Esther Gordillo protagonizaron la ruptura más importante. De 26 organizaciones sindicales integrantes del foro, 17 de ellas decidieron formar una nueva central para noviembre de 1997, que llevaría por nombre Unidad Nacional de Trabajadores, mientras que nueve manifestaron su decisión de continuar como foro, pero rechazando la idea de fundar una nueva central. Entre las primeras estaban el strm, aspa, la vw, los trabajadores de servicios financieros, el sindicato del imss, el sutin, el stunam, los tranviarios, las sobrecargos de aviación... Entre los segundos estaba el snte, el sme y la cor. La unt, con la mayor parte de los sindicatos del foro, fue constituida el 28 de noviembre de 1997 en la ciudad de México.

La unt nació en un abierto desafío al Congreso del Trabajo, denunciado claramente como vacío e inútil para defender las causas de los obreros. Los principios ideológicos de la unt aprobados en público son diferentes a los del Congreso del Trabajo: hablan de la "democracia, autonomía e independencia sindicales", de "la no integración ni intervención colectiva como organismo en partido político alguno y el respeto a la libre afiliación política de los integrantes...".[4] Buscaban "erradicar prácticas clientelares y la transgresión de la autonomía sindical"; "sindicatos y partidos -dicen- podemos converger en una profunda reforma del poder para su ciudadanización, democratización y desclientelización".[5]

La estructura de su dirigencia refleja el propósito de ser un organismo "democrático, plural e incluyente". Tiene tres presidentes (Francisco Hernández Juárez, del strm; Antonio Rosado, del sntss, y Agustín Rodríguez, del stunam)[6] y varios vicepresidentes para prevenir el riesgo del caudillismo de un solo individuo en la cúpula dirigente.

El Congreso del Trabajo y otros sindicatos particulares como el snte, criticaron duramente el surgimiento de la unt, y quisieron minimizar su importancia y el número de sus integrantes. El snte mencionaba de manera simple su propia afiliación de alrededor de un millón de maestros y maestras que, por sí mismo, sobrepasaba el número de integrantes de los más grandes sindicatos de la unt, como el del sntss, con 350 000 trabajadores; el del stunam, con 100 000; y los telefonistas, con 53 000; afiliados. Las cifras de la unt, por el contrario, intentaban maximizar su número de afiliados y llegaron a mencionar, con la inclusión de 160 organizaciones obreras, campesinas y populares,[7] que tenían 1.5 millones de obreros.[8] Sin embargo, la fuerza de la unt no dependerá de los números sumados de esta forma, sino de la capacidad de sus iniciativas para influir en el desarollo económico y político del país.

La Coordinadora Intersindical Primero de Mayo (CIPM)

La tercera corriente sindical en México es más bien un grupo heterogéneo de organizaciones, cuyo origen ideológico se expresó claramente en las luchas sindicales de 1958 y 1959. La violenta represión en aquel tiempo arrojó a la clandestinidad a muchos de sus dirigentes, pero la coyuntura de la década de 1970 los mostró de nuevo en la palestra pública con el nombre de "sindicalismo independiente". Aprovechando la llamada "apertura democrática" del presidente Echeverría, muchos sindicatos pudieron vivir fuera del marco del Congreso del Trabajo y enfrentar como enemigos por igual al movimiento obrero oficial, al Estado y a los empresarios. Este sindicalismo independiente buscaba la total autonomía y confrontación con el Estado y con la empresa, así como reivindicar una postura de clase social y aspiración de total destrucción del sistema capitalista.

A pesar de los golpes y derrotas recibidas por las burocracias sindicales del Congreso del Trabajo, por los instrumentos legales del aparato de Estado y por las fuerzas policiales, y también de sus propios errores, los independientes han sobrevivido y han tenido la oportunidad de aglutinarse en determinadas coyunturas de los últimos veinte años. La última ocasión manifiesta fue el descalabro económico de diciembre de 1994, cuando el sindicalismo oficial rehusó participar en las marchas del primero de mayo de 1995, con lo cual numerosas organizaciones laborales y ciudadanas empezaron a confluir en la llamada Coordinadora Intersindical Primero de Mayo (cipm).

Ni la fesebs ni los primeros foristas se manifestaron públicamente el primero de mayo de 1995. Pero ello fue ocasión para que múltiples y diferentes organizaciones se conglutinaran tanto ese año como el siguiente, 1996 y en 1997, y llegaran a funcionar como una coordinación permanente con alrededor de ciento veinte sindicatos independientes, cooperativas, organizaciones populares y organizaciones de partidos políticos de izquierda. Se diferenciaban con claridad del movimiento obrero oficial, al que consideraban como enemigo de clase, pero también pintaban su raya respecto de los primeros foristas de 1995, a los que consideraban como unos "charros renovados" o "neocorporativos".

Su origen, ellos mismos lo remontan al Día del Trabajo en 1995, cuando salieron a las calles numerosas organizaciones aprovechando la negativa del Congreso del Trabajo a participar en un "desfile":

A partir del primero de Mayo de 1995, se expresa el descontento y la combatividad de los trabajadores mexicanos, con una demostración inédita para protestar masivamente contra el corporativismo [...] De ahí la necesidad de construir la Coordinadora Intersindical 1o. de Mayo como una alternativa legítima de los trabajadores [...] La cipm debe ser una organización independiente de los partidos políticos, del gobierno, de los empresarios, respetando la pluralidad de sus miembros y con el objetivo central de servir como instrumento en la defensa de los derechos de los trabajadores".[9]

A partir de la gran marcha de tan variadas organizaciones en el Zócalo de la ciudad de México el 1 de mayo de 1995, en donde, a pesar de la espontaneidad, hubo cierto consenso para las intervenciones de los oradores, y se hizo un esfuerzo por continuar la coordinación. El proceso de aglutinación de organizaciones fue creciendo, y se manifestó en reuniones amplias de representantes durante el año y volvió a presentarse con más fuerza para el Día del Trabajo de 1996, cuando realizaron una marcha con mayor fuerza cuantitativa, con dos contingentes separados (21 sindicatos foristas y la Coordinadora), que confluyeron de manera organizada en la Plaza de la constitución de la ciudad de México. Habían hecho un pacto de no agresión entre ambos contingentes, para mostrar unidad en torno a las demandas y con ello recuperar "nuestro papel de interlocución en el diseño y reorientación del modelo de desarrollo que reclama la nación".[10]

La cipm siguió fortaleciéndose durante 1996 y aprovechó una vez más el 1 de mayo de 1997 para manifestarse ­junto con los foristas­ en las calles de las principales ciudades de México, cuando el Congreso del Trabajo permanecía encerrado por tercera vez consecutiva en su conmemoración privada. Sin embargo, en la reunión del Congreso del Trabajo con el presidente de la república, en el Auditorio Nacional de la ciudad de México, tres líderes de la burocracia sindical corporativa fueron abucheados con injurias y silbidos por los propios asistentes al acto, calculados en 10 000 personas: Salvador Ávila, de la croc; Leonardo Rodríguez Alcaine, del suterm, y Víctor Flores, de los ferrocarrileros.

Por su parte, la marcha organizada por los foristas y la cipm mostraba la fuerza de un nuevo sindicalismo. Las dos corrientes, con sus grandes diferencias, tuvieron un acuerdo fundamental para marchar el 1 de mayo, llenar la Plaza de la Constitución y expresar de nuevo su inconformidad por la política económica gubernamental. Con la creación de la unt en 1997, los sindicatos de la cipm definieron también su postura para seguir formando una corriente radical frente a gobierno, patrones y organizaciones reformistas.

Consideraciones finales

Desde 1995 se definieron con más claridad las tres grandes corrientes sindicales en el país, que se han mantenido hasta el año 2000.

En primer lugar, aunque después de la muerte de Fidel Velázquez hubo intentos dentro del sindicalismo oficial de tender un puente hacia los foristas, en el Congreso del Trabajo triunfó la tendencia más anquilosada. El movimiento obrero oficial del Congreso del Trabajo quedó aislado, con la misma subordinación tradicional al gobierno, amarrado al destino decadente del pri y fijo en la postura dinosáurica del nuevo dirigente Leonardo Rodríguez Alcaine.

Por su parte, los foristas terminaron escindidos a raíz de la propuesta de creación de la nueva central de trabajadores, pero numerosos sindicatos formaron la unt en 1997, que ha ido creciendo en el ámbito nacional y en varios estados, y ha mantenido espacios de diálogo tanto con el gobierno de Zedillo como con el equipo del nuevo presidente, Fox.

La cipm, por su cuenta, los días 3, 4 y 5 de octubre de 1997 realizó un Primer Congreso Nacional Resolutivo, en el cual expresaron estar representadas 68 organizaciones obreras y campesinas que aglutinaban alrededor de doscientos ochenta mil trabajadores, Rechazaron incorporarse a la unt con fuertes críticas al "nuevo corporativismo" y prefirieron convocar a sus integrantes a formar la Central Única Independiente de los Trabajadores, para exponer una clara posición de clase independiente y enfrentada al Estado y al capital; sin embargo, esto no se ha dado y sus actos de mayor confluencia se concentran en las manifestaciones del primero de mayo; para ellos, el gobierno de Fox es un enemigo peor a vencer.

En este panorama diversificado de organizaciones laborales en México se encuentra el gobierno de Vicente Fox al inicio de su gobierno. Partimos entonces de que no hay unidad ni coordinación en el movimiento sindical mexicano cuando se avecina una nueva política laboral gubernamental no muy clara; es la "nueva cultura laboral" inventada hace tiempo por Carlos Abascal Carranza, cuyo puntal expreso es la perspectiva de reformas a la Ley Federal del Trabajo.

En una entrevista realizada el 28 de noviembre de 2000, el abogado Néstor de Buen, quien fue artífice del proyecto de reforma a dicha ley de parte del pan hace varios años ante el Congreso de la Unión, y conociendo de cerca al nuevo secretario del Trabajo, afirmó tajantemente que el proyecto de Carlos Abascal Carranza significará el intento de cancelar la lucha de clases y la pérdida de numerosos derechos de los trabajadores ya establecidos en la Constitución. De Buen se fundamentaba en la concepción humanista de Abascal, pero a quien le falta el sentido de lo social, lo calificaba como un hombre inspirado en las enseñanzas de la Iglesia católica que solamente hablan de la caridad cristiana dentro de los conflictos sociales: "Hay mucho riesgo de que se haga una modificación a los ordenamientos laborales en el sentido de hacerlos más conservadores", y añadió que muchos empresarios "están muy contentos por los cambios políticos que se avecinan, toda vez que sienten que ha llegado la terminación del derecho de huelga y otras conquistas obreras".[11] Si a todo esto agregamos las posiciones tibias de Abascal en relación con los males que ha traído el corporativismo sindical por décadas (negociaciones de cúpulas, complacencia ante la falta de democracia sindical en las organizaciones laborales y ante las prebendas que tradicionalmente ha gozado la burocracia dirigente del sindicalismo oficial), las perspectivas del sindicalismo ante las grandes perspectivas de la transición política del país quedan en mucha nebulosidad.

Tenemos que admitir que el país no ha cambiado todavía en numerosos aspectos de la vida social; se puede empezar a hacerlo de manera positiva dependiendo de diversas condiciones.

En primer lugar, hablando de las organizaciones laborales, en cualquiera de las tres corrientes que hemos mencionado, la democracia sindical no llegará nunca de manera automática con la alternancia política; el trabajo tiene que ser sobre todo de abajo arriba y crear movimientos que hagan respetar, como se ha empezado a realizar en las elecciones nacionales, el voto de todos los representados; la transición a la democracia no puede ser una imposición vertical desde arriba.

En segundo lugar, a pesar de la diversidad de corrientes ideológicas entre los trabajadores asalariados, habría que avanzar en un intento de coordinación entre los sindicatos para presentar propuestas comunes, y de manera específica ante la posible reforma a la Ley Federal del Trabajo. La realidad histórica nos muestra que hay quienes se oponen a cualquier reforma y también hay quienes la favorecen, pero con muchas divergencias en varios puntos. La coyuntura nacional de transición nos ofrece una oportunidad de confluencia y posibilidad de mayor diálogo entre los sindicatos.

En tercer lugar, a pesar de los antecedentes patronales y sinarquistas del nuevo secretario del Trabajo, se trata ahora de una situación histórica particular por la transición de un nuevo gobierno después de setenta y un años. No se trata de sus posiciones particulares, sino de la postura del nuevo gobierno ante los trabajadores del país, a quienes ya se les ha prometido con bastante claridad mejores perspectivas económicas en su situación práctica de vida, lo mismo que a los marginados y más pobres del país. El sindicalismo está no ante un empresario, sino ante un secretario de Estado, que debe representar la postura del gobierno actual.

Por último, hay que recordar la actitud expresa de Carlos Abascal ante el proyecto de reformas a la Ley Federal del Trabajo, el cual es una necesidad para la situación que está viviendo el país, pero cualquier tipo de modificación tendrá que hacerse por consenso y no de manera impositiva. Lo que tenemos, entonces, no es un proyecto ya definido de reforma de la ley, sino un planteamiento para repensar ésta conforme a las demandas de todos los involucrados. ¿Habrá que creer en ello? No hay que fundamentar nuestra posición en la buena o mala intención de los dirigentes, sino aceptar la invitación al diálogo y hacer consecuente la postura del gobierno: si hay cambios en las relaciones laborales, habrá que hacerlas por consenso. Pero para eso se necesita que exista también un interlocutor definido y con propuestas en el movimiento obrero mexicano.

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Notas

[1] Alberto Arroyo, "Estadísticas económicas", Red Mexicana de Acción frente al Libre comercio, México, 1997, p. 34.

[2] Rodríguez Alcaine surgió como dirigente del Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (suterm) ante la muerte de Pérez Ríos. Fue el encargado de orquestar la aniquilación de la tendencia democrática de los electricistas de Rafael Galván en los años setenta para convertir al sindicato de electricistas en un fiel subordinado de la política gubernamental, junto con Fidel Velázquez en la ctm.

[3] Documento sobre las conclusiones del segundo foro: "El sindicalismo frente a la crisis y el empleo", México, 1995, p. 17.

[4] Decía Francisco Hernández Juárez, por ejemplo, en relación con el sometimiento permanente que ha tenido el movimiento obrero con el pri como partido de Estado: "Aquí no habrá corporativismo. Definitivamente, los trabajadores van a tener la más absoluta libertad de militar o simpatizar con el partido que mejor represente sus intereses" (La Jornada, 28 de noviembre de 1997).

[5] La Jornada, 28 de noviembre de 1997.

[6] Francisco Hernández Juárez es líder de los telefonistas desde 1976; en el primer semestre de 1987 llegó a ser presidente del Congreso del Trabajo; avaló los pactos económicos sucesivos desde el primero de diciembre de 1987; fundador y primer dirigente de la fesebs en 1992; militante individual del pri. Antonio Rosado García era dirigente de los trabajadores del imss desde 1994; militante individual en el pri. Agustín Rodríguez Fuentes era líder del stunam desde 1994, aunque militaba en ese sindicato desde 1972; no tiene filiación partidista aunque simpatiza con el prd.

[7] Entre las organizaciones campesinas y populares que se adhirieron a la unt estaban las siguientes: la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (unta), la Central Campesina Cardenista (ccc), la Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas (unorca), la Coalición de Organizaciones Democráicas Urbanas y Campesinas (coduc), la Unión General Obrera, Campesina y Popular (ugocp), la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (cioac).

[8] Algunas fuentes llegaron a mencionar la cifra de 1.5 millones de obreros dentro de la unt (La Jornada, 28 de noviembre de 1997). Pero todas son cifras alegres al proceder simplemente a la manera antigua: si los dirigentes ya aceptaron su inclusión en alguna organización se piensa que entonces todos los afiliados están incorporados también en ella.

[9] Herón Rosales, de la cnt, en Trabajo y Democracia Hoy, 1995, p. 56.

[10] Excélsior, 2 de mayo de 1996.

[11] Excelsior, 28 de noviembre de 2000.

[*] http://www.editorial.udg.mx/ruginternet/rug21/art9.html

 

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