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Coyuntura y retos en el sindicalismo de la educación superior[1]Históricamente, el período que va del mes de noviembre de cada año a febrero del siguiente, es el marco en el que se dan las revisiones salariales y de contrato en las Instituciones Particulares de Educación Superior (IPES). Como en pocos otros sectores, en éste se aplican de manera rígida políticas gubernamentales que constriñen las negociaciones casi a un mero trámite, en la medida en que tanto en salarios como en prestaciones se imponen parámetros previamente fijados; es decir, que en el terreno de la administración de los recursos y de la discusión de las demandas económicas de las organizaciones gremiales, la autonomía de dichas instituciones resulta ser un mero enunciado. Dos son los factores que motivan la reflexión planteada en este texto. En primer lugar, a la fecha de escribirlo, mediados del mes de marzo del 2004, prácticamente concluyeron los procesos de revisión salarial y contractual en la gran mayoría de las IPES, y resulta importante analizar los resultados que arroja el período de revisiones citado, si bien nuevamente es claro el poco espacio que ofrece el modelo de negociación tradicional, al interior de cada centro de trabajo; en segundo, es sin duda un momento propicio para abordar una reflexión en torno a aspectos como la coyuntura por la que atraviesa el sindicalismo mexicano y, en ese marco, el del sector mencionado, así como los retos que nos plantea la presente coyuntura. Dadas las condiciones por las que atravesamos en la actualidad, resulta obvio que los temas mencionados arriba deben formar parte de una agenda de discusión inmediata para nuestras organizaciones gremiales. Con el presente texto, así sea someramente, pretendemos aportar algunos elementos a ese debate tan urgente como trascendental. Los sindicatos mexicanos ante procesos contradictorios Resulta bastante fácil distinguir en la actualidad del sindicalismo mexicano la coexistencia de dos procesos paralelos: por una parte, son evidentes tanto la dispersión tradicional como una crisis de participación y representación, pero, al mismo tiempo, se dan fenómenos, quizá incipientes, de reactivación y reagrupación que abren perspectivas interesantes. Así, presenciamos y participamos en distintos procesos de organización y movilización que se inscriben en la resistencia a la política gubernamental y a las llamadas reformas estructurales, y que se dan, tanto en el sector de Educación Superior (ES) como en espacios más amplios. Sin ánimo de entrar en detalles, vale enunciar algunos de dichos procesos que recientemente adquieren relevancia. • Los últimos meses del 2003 fueron el escenario en el que el gobierno foxista, con inusitada virulencia, llevó a cabo una intentona más para imponer sus propuestas de reformas estructurales; frente a ello se desarrolló una lucha importante en la que los sindicatos fueron pieza clave. Particularmente las iniciativas de reforma fiscal y de privatizaciones fueron derrotadas, aun cuando esto no haya sido de manera definitiva. Como se recordará, el momento cumbre de la movilización al respecto fue la gran marcha del 27 de noviembre. • Dicha movilización, a la que se conoció coloquialmente como “megamarcha”, sin embargo, no fue en modo alguno la única iniciativa, sino que se inscribió en una larga y agitada jornada de movilizaciones, entre las que destacaron la celebración de la Convención Nacional Obrera, Campesina y Popular, el 26 de noviembre, y previamente la realización de ocho caravanas que, para preparar las acciones centrales, recorrieron el país efectuando actos diversos en alrededor de 200 poblaciones importantes. • Como resultado de lo anterior, y específicamente como acuerdo de la convención, se dio lugar a la creación del Frente Sindical Campesino, Social y Popular (FSCSP), organismo que centralmente agrupa al Frente Sindical Mexicano (FSM), la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) y la Promotora de Unidad Nacional Contra el Neoliberalismo, los cuales fueron los protagonistas destacados de las movilizaciones reseñadas. Con toda claridad, este naciente agrupamiento se plantea hoy como el referente en los procesos de resistencia y construcción de alternativas frente a la política imperante. • Por lo que toca a nuestro sector, en el marco del Frente Amplio de Sindicatos Universitarios y de la Educación Superior (FASUES), se realizó una permanente labor de cabildeo e interlocución con el Legislativo, principalmente con los diputados, para exigir el incremento del presupuesto para la educación superior. Desde luego, huelga decir que los “legisladores” hicieron un eco menos que mínimo a nuestros planteamientos. • El trabajo en la Cámara de Diputados, tal y como se definió en las reuniones nacionales, fue acompañado con procesos de movilización a nivel local y nacional. Centralmente realizamos una concentración frente a la propia Cámara a principios del mes de diciembre pasado. • Más allá de diversas acciones, el proceso de movilización tuvo un momento clave el pasado 27 de enero. En un buen número de instituciones del interior del país, así como en el Valle de México, se realizaron marchas, mítines, eventos diversos y manifestaciones en apoyo a los procesos de revisión, todo ello inscrito en una jornada nacional previamente acordada por el FASUES: En conclusión, es dable señalar que en buena medida nuestra situación como organización sigue marcada por el signo de la contradicción: por una parte, persiste la gran dispersión que caracteriza al sindicalismo mexicano, pero, por otra, están presentes procesos de reagrupamiento que abren perspectivas para remontar ese gran lastre; igualmente puede apreciarse que seguimos inmersos en la más dura ofensiva, por su carácter integral, que se haya desatado contra la clase trabajadora, pero a la vez y pese a la debilidad generalizada del sector organizado de los trabajadores, se hace manifiesta una capacidad de respuesta que potencialmente crea posibilidades de sortear en buena medida dicha ofensiva. Trato rígido y restrictivo en las revisiones Más que previsible era el patrón que, irremediablemente, se impuso en los resultados de las negociaciones que los sindicatos universitarios y de la educación superior llevamos a cabo en el período inmediato pasado. Salvo muy contadas excepciones, en la gran mayoría de las mesas instaladas con las patronales correspondientes se ofreció y pactó el 3.8% de incremento salarial, mismo que prácticamente fue anunciado por el precedente nefasto que dejó sentado en noviembre del 2003 el Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (STUNAM). Por otra parte, en el terreno de prestaciones se asignó, en general, un porcentaje de 1%, con ligeras variaciones en pocos casos, tanto hacia arriba de esta cifra como a la baja. Complementariamente, fueron frecuentes los acuerdos de pagos adicionales otorgados por única vez en el año, con montos diversos y sin sentar precedente, como una especie de compensación a todas luces insuficiente. Si hubiera que distinguir un elemento preponderante, sería necesario señalar que la política restrictiva y de mano dura con la que se nos trata en lo económico, no sólo persiste, sino que amenaza con acentuarse. Lejos quedaron las alegres promesas de campaña del candidato que hoy es Presidente de la República, cuando aseguraba que se emprendería una recuperación salarial. La caída en este terreno en el sector, que desde 1982 ha llegado a más del 70% del valor real de las percepciones, sigue estando presente como una dramática realidad a la cual no se ven visos de poder remontar. En el fondo, lo que subyace es el absoluto desprecio con que la actual administración gubernamental concibe a la educación pública, y en particular, a la superior. Si bien no es el único terreno en que se expresa, un ejemplo de esa visión es el trato que en el terreno presupuestal se aplica a las instituciones, mismo cuya característica es claramente de castigo y las coloca en una situación de asfixia financiera que las lleva, en no pocos casos, a poner en duda incluso la viabilidad de poder cumplir con las más elementales de sus funciones, aun aquellas consideradas sustantivas. No todo, sin embargo, debe echarse a la cuenta de lo desalentador. Dentro de este panorama negativo resalta, por méritos propios y como un refrescante punto de referencia, el caso de los profesores de la Universidad Autónoma de Querétaro. Al vencimiento de su fecha de estallamiento contaban con el agobiante antecedente de que casi todas las demás revisiones concluyeron con el pacto de la cifra ya sabida, no obstante, se negaron a aceptar ese 3.8% y decidieron estallar su movimiento de huelga, hasta que nueve días después, el 10 de marzo, finalizaron su lucha con un acuerdo de 5.3% de incremento directo al salario. En el marco del trato que se otorga al sindicalismo del sector, quizá en pesos y centavos eso no sea significativo, pero tiene el gran mérito político, no sólo de haber roto el tope salarial, sino también de haber reivindicado el instrumento de la huelga como una forma de acción válida y eficaz. Por otra parte, cabe hacer también referencia a los alcances del proceso de concertación que, en el marco del FASUES, llevamos a cabo los sindicatos, y entre ellos los que participamos en la Coordinadora Nacional de Sindicatos Universitarios y de la Educación Superior (CNSUES). Partimos de que en términos generales se ha creado un consenso en torno a la definición de que la vía para remontar la situación descrita está por el lado de la acción colectiva a nivel nacional, y no por el de las negociaciones particulares. Sin embargo, esta convicción no se traduce en políticas, acciones e iniciativas suficientes como para tener éxito. Las razones de lo anterior son muchas: no ha sido posible concitar la voluntad política suficiente para concentrar las decenas de revisiones en una sola fecha, por lo que la dispersión se convierte en un factor de debilidad, agravado además porque en la institución que abre el ciclo, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el sindicato ha convertido en práctica común el aceptar pasivamente los lineamientos y las propuestas gubernamentales. Por supuesto que las condiciones en que se darán las revisiones se establecen en los hechos cuando se discute el presupuesto de egresos de la Federación, pero al respecto no hemos establecido un plan de acciones e iniciativas para incidir en ese terreno o, cuando menos, no lo hemos hecho con la oportunidad y fuerza necesarias. Lo que viene: enormes retos e importantes tareas A partir de todo lo planteado pueden perfilarse, y hacerlo es la intención, los retos que a corto y mediano plazos nos plantea la coyuntura. Sin duda que cada uno de los asuntos enlistados a continuación da para un análisis y reflexión particular que no hay condiciones para abordar al detalle. En todo caso, esta enumeración puede tener dos utilidades fundamentales: definir las bases para el establecimiento de una agenda de discusiones urgentes en el sindicalismo de la educación superior y, como consecuencia, una vez definidas posiciones al respecto, acordar políticas e iniciativas que pudieran conformar un plan de acción para el futuro inmediato. • Un aspecto ineludible tiene que ver con cómo y cuándo retomar la lucha por la asignación de un presupuesto suficiente para la educación superior, en el marco de la lucha por el otorgamiento del 8% al gasto educativo en general. El problema aquí es tomar en cuenta los tiempos de discusión del Poder Legislativo, es decir, es necesario iniciar las acciones y gestiones del caso desde principios del año y no a fines del mismo, cuando ya los espacios de negociación y modificación están sumamente acotados. • Con respecto a lo anterior, actualmente se lleva a cabo un proceso de amplia trascendencia, cuyas implicaciones serán de gran peso para las políticas presupuestaria y de gasto social; nos referimos desde luego a la Convención Nacional Hacendaria, en el marco de la cual, con toda claridad, el Gobierno pretende retomar algunas de las iniciativas que contemplaba su abortado proyecto de reforma fiscal. • Otro de los asuntos que urgentemente requieren la atención de los sindicatos del sector, dado lo ominoso de sus eventuales consecuencias para las y los trabajadores, es la urgencia de organizar el proceso de resistencia ante la inminente presentación de una iniciativa de reforma a la seguridad social, particularmente a la Ley del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE), misma que amenaza con afectar seriamente los derechos de las y los trabajadores, así como sus expectativas de vida. Se trata nada menos que de incrementar los años de servicio necesarios para acceder a las pensiones y jubilaciones y, en general, de colocar los fondos destinados a este fin en el esquema de las Administradoras de Fondos para el Retiro (Afores), con la consecuente inseguridad en que esto colocaría a los eventuales beneficiarios. • También, y es éste un terreno necesariamente compartido con el movimiento sindical más amplio, se requiere de definir posiciones sobre la segura insistencia en el tema de la reforma laboral, que igualmente va encaminada a conculcar conquistas históricas de la clase trabajadora. Aquí, es indispensable señalarlo, está inmiscuida la obligación de resolver el debate que se da al interior del sindicalismo entre, por un lado, aquellos que consideran conveniente insertarse en el proceso de reforma con propuestas propias y, por otro, quienes sostenemos que dadas las condiciones en que se plantea la relación de fuerzas al interior del Legislativo, hoy la táctica correcta pasa por oponerse a cualquier proceso de reforma y exigir, en cambio, el cumplimiento irrestricto de los preceptos tutelares para el trabajador en la actual Ley Laboral. • Hasta el momento tenemos claro que los tres puntos anteriores, junto con la reforma energética, se enmarcan en la política gubernamental llamada de reformas estructurales y de manera natural en cada uno de ellos se gestan y expresan procesos de resistencia importantes. Sin embargo, más allá de las respuestas particulares en cada tema, será necesario definir políticas integrales a emprender en este proceso amplio, de manera que cada lucha pueda insertarse en un solo movimiento general de amplias dimensiones. • Los puntos antes señalados se plantean como ineludibles en cuanto a la necesidad de tomar definiciones y emprender acciones, por lo que no podemos descuidar su atención; no obstante, nos vemos en la tesitura de atender paralelamente un aspecto que ha sido materia de preocupación constante, que es el referido a la profundización de una política gubernamental encaminada a la privatización y comercialización de la educación superior. La defensa de la educación pública, y no en balde fue hace seis años uno de los postulados que dieron origen a la conformación del FASUES, deberá seguir enmarcada como prioritaria en el centro de nuestras actividades. • No es necesario señalar que los retos sucintamente perfilados líneas arriba, nos plantean un panorama agobiante de tareas. A no dudarlo, la posibilidad de avance en tales desafíos estriba, en buena medida, en que seamos capaces de continuar y reforzar los procesos de unidad entre nuestras agrupaciones. Para nosotros, desde el espacio en que llevamos a cabo nuestros esfuerzos de coordinación y acción conjunta, lo anterior hace obligado reforzar el proceso de construcción y fortalecimiento de la CNSUES, que funciona sobre todo en el Valle de México; de la misma manera y a nivel nacional, es urgente reforzar y mejorar cualitativamente la coordinación y acciones conjuntas del FASUES. • Por último, vale mencionar un tópico al que lamentablemente no suele prestarse la suficiente atención en las discusiones y definiciones políticas del sindicalismo de la educación superior, con excepción de algunas organizaciones. Nos referimos a la unidad concebida en un espectro más amplio, es decir, a la toma de posiciones y acciones concretas de participación en los procesos de unidad que se dan en el sindicalismo mexicano, representados sobre todo por el FSM y la UNT, pero también por el FSCSP. Es evidente que la misma concepción de necesidad de la unidad que priva dentro del sector debe hacerse extensiva a un nivel más amplio, para enfrentar los retos que se presentan al conjunto del sindicalismo nacional. Vale, para concluir, insistir en que nos enfrentamos a un período crucial sellado por el signo de la contradicción: grandes retos enmarcados en una ofensiva gubernamental de fondo contra nuestras conquistas y nuestras propias organizaciones, pero, a la vez, grandes oportunidades de lograr un relanzamiento del sindicalismo en el sector. En todo caso estamos frente a enormes tareas que requerirán de nuestro mejor desempeño y, para nuestra fortuna, gracias a los esfuerzos de unidad realizados hasta ahora, contamos con las herramientas necesarias para afrontar lo que viene. De nuestra voluntad política, del tesón que pongamos en el fortalecimiento de las instancias organizativas amplias que nos hemos dado, dependerá el éxito que alcancemos. ........................................ [1] Vega Alejandro . Secretario de Relaciones y Solidaridad del SITUAM, Miembro de la Comisión Política del FASUES, Dirigente del Centro de Investigación Laboral y Asesoría Sindical (CILAS). http://www.uom.edu.mx/trabajadores/41coyuntura.htm
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